Cursando la soledad de mis últimos
años hubo un día en el que una persona tuvo la sensación de que en
su propia vida le llegaría el diluvio y moriría en el,
mesuradamente comenzó a preguntarse ¿Quien cobijara mi alma?
Desconcertadamente deambulaba por las calles a la espera de la mano
salvadora con la única convicción de dar y recibir felicidad,
premio por méritos personales durante la vivencia de sus días.
En esa instancia llega a su vista la
persona que tal vez era la esperada, la misma al ver la profundidad
de su mirada tendió su mano y dijo... Escuché el llamado de tu
corazón, vine por ti, soy chofer de carruaje de tus ansias, he
llegado al umbral de tus deseos con un pedido en mi mente que es
preguntarte si quieres compartir a mi lado un paseo por el valle de
la felicidad, tengo la firme idea que a nuestro paso florecerán
todas las flores y el néctar perfumado de sus pétalos darán vida,
color y esperanza para que nuestro camino permanezca intacto y
nuestro amor orille eternamente.
|