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Decíamos en la nota anterior que no es sano abundar en adjetivos comunes a la hora de describir un vino, aunque logicamente, el catador debe prestar atención a todos los sentidos involucrados:
Por ejemplo, si el vino ofrece un tono teja o ladrillo en lugar de un rojo rubí, deberá esforzarce en determinar si se trata de un vino cuya evolución (eso es lo que nos dice ese color) es producto de los años (con el tiempo todos los vinos cambian su aspecto) o por el contrario, si se trata de un vino mal cuidado que ha envejecido prematuramente. No será prudente decir que el corcho no huele "a corcho" (defecto que aparece debido contaminaciones de ciertos agentes de las familias de los tricloros anisoles), pero deberá asegurarse que efectivamente no presente esa enfermedad. Y por solo citar un ejmplo mas, no le dará mucha importancia al color, pero no pasará por alto el tono y los reflejos en la copa, el color de las efímeras burbujas al servirlo y sobre todo verificará si la juventud que augura un rubí se condice luego en la boca, veamos una síntesis:
Ejemplo 1: es un vino tinto jóven, de baja intensidad, en su nariz destaca la ciruela, posee un ataque suave, muy buena acidez, liviano en boca, y un final frutado. Ideal para acompañar pastas o como alternativa a la cerveza para acompañar una pizza.
Uno puede deducir que se trata de un vino sin roble para beber en el año, probablemente un malbec (ciruela es casi sinónimo de malbec).
Ejemplo 2: vino tinto de color muy profundo casi negro, aromas complejos de confituras, cuero, chocolate, higos y frutas pasas, ataque en boca contundente, amplio, complejo y de un larguísimo final. Ideal para acompañar un plato de carnes de caza con salsas de hongos. Evidentemente no estamos hablando de un vino para tomar solo ni como aperitivo, la descripción denota paso por madera (chocolate), su complejidad insinúa larga crianza (cuero, confituras), seguramente es un vino de guarda, probablemente un blend, muy dificil en este caso arriesgar una variedad aunque los higos podrían indicar un merlot o al menos algún porcentaje de esa cepa. También por el color podemos pensar que se puede guardar sin problemas algunos años (el estado del corcho nos lo confirmará).
Hemos visto dos casos muy distintos, en el primero predomina la fruta, en el otro no. En el primero se destaca su simpleza (la salsa de tomate de una pizza napolitana es un ejemplo obvio), en el otro hablamos de un vino complejo, carnoso, casi masticable, que va bien con una salsa contundente. En el primero destacamos su acidez (probablemente no enmascarada por los taninos) en el otro, la acidez si bien está (probablemente no difiera en mas de 0,5 gr de ácido tartárico), queda perfectamente armonizada por los taninos (que tampoco los mencionamos en este caso, pues lo englobamos en el concepto de complejidad).
Resumiendo, dos vinos tintos muy diferentes, uno fresco e informal y otro profundo e intenso, probablemente los precios sean también muy diferentes, pero no se puede decir que uno es mejor que otro: cada uno tiene su momento; remera o camisa con corbata, todo depende de la ocasión.
Hasta la próxima
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