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Le hizo precio

El jueves luego del clásico, durante las primeras horas de la mañana, allí cuando Sabella empezó a tomar contacto directo con los jugadores, con la derrota muy fresca aún, el DT recibió una primera señal que marcó sus decisiones para el partido de ayer: los jugadores querían rápida revancha. En los bosquejos iniciales Verón no jugaba el partido. Sabella tenía en mente rotar bastante la formación titular. Matías Sánchez iba de entrada en lugar de Carrusca para equilibrar mejor la mitad de la cancha, y algunos cambios más iban a presentarse para darles descanso a los que debían debutar el jueves en la Copa. Pero nada de eso ocurrió. Había que olvidar rápido el mal trago, y Sabella no podía dejar a los jugadores sin el beneficio del pronto desquite. Todos a la cancha … y de qué manera.

 

Estudiantes sepultó el partido del miércoles con una actuación de alto vuelo futbolístico. De menos a más, y siempre superior, fue consolidando la imagen del equipo que conocemos, hasta que le hizo tirar la toalla a San Lorenzo. Con un desempeño estelar de Verón, que rejuveneció 15 años en una trepada por derecha a pura clase, técnica y timing de crak. Y con la colaboración de un equipo entero que lució sólido en defensa, inteligente con la pelota, y maduro para elegir los tiempos del partido. No es nuevo, pero la estatura de este equipo, nos hace perder de vista un elemento que años atrás era de excepción, y ahora es moneda corriente. Estudiantes es capaz de hacerle pasar papelones a los grandes también. Con el correr de los minutos, y especialmente con la expulsión de Aguirre, Estudiantes ridiculizó al Ciclón. Se aprovechó. Abusó. Disfrutó del partido en la misma medida que San Lorenzo lo padeció. Para Estudiantes era un placer, para San Lorenzo un martirio. Le hizo precio.

 

Y como no podía suceder de otro modo, la pregunta rebrotó en todos los rincones del estadio: ¿Qué pasó el miércoles? A veces cuesta entender lo más simple, sólo por infrecuente.

Se cortó

Alguna vez tenía que pasar, es cierto, pero no era este el momento. Ni el qué, ni el cómo, ni el cuándo, tienen un lógico por qué. Está entre una de las máximas más cuidadosamente respetadas por quien escribe, guardar siempre y en todo lugar, el indispensable respeto por los deportistas que animan este juego. Y en ese mismo sentido deseo que se interprete la idea medular de la que creo se desprenderán las otras que surjan del análisis del partido. Que es consecuente con la lectura previa de todos, pero que paradójicamente no he escuchado con la nitidez con la que deseo expresarla: Gimnasia no ganó por su buen planteo, sino más bien por el pobrísimo rendimiento mostrado por Estudiantes. Primero Estudiantes jugó muy mal, y después Gimnasia se acomodó a la circunstancia.


Si tan cierto era el claro favoritismo que Estudiantes tenía en los papeles, y tan amplias las ventajas que jugaban a favor del equipo de Sabella, por calidad técnica, nivel colectivo, antecedentes, y fundamentalmente, presiones que se trasladaban casi exclusivamente sobre los dirigidos por Diego Coca; nunca el análisis podría empezar por otro lado que no sea el de caer sobre quien tenía las condiciones generosamente dadas para quedarse con el resultado. Ése era Estudiantes, y no quiso aprovecharlo.


Ni los más optimistas hinchas de Gimnasia, y ni si quiera, los más pesimistas hinchas de Estudiantes,  podían imaginar un rendimiento tan decepcionante como el que mostró el equipo de Pachorra. Estudiantes lució extrañamente lento, impreciso, impotente, inexpresivo, inofensivo y despreocupado, algo esto último, que no debería perdonarse. Sólo su tremendo crédito lo deja a salvo de la desaprobación. Porque además de fútbol, le faltó rebeldía, bronca y carácter, para torcer la historia de un partido que se había presentado oxidado. Parecido a aquel frente a Huracán en cancha de Argentinos.


En otras ocasiones, por lejos más sobresalientes, en las que el resultado también había sido adverso, como la final de la Sudamericana o la reciente final del Mundial de Clubes, los jugadores habían puesto a la camiseta en lo más alto de los reconocimientos, entre otras cosas, porque no había nada que reprocharles. Porque se habían agotado los caminos y la última gota había quedado dentro de la cancha. Esta vez no fue así. No hubo contagio. No pareció un clásico. “Perdimos como no nos gusta perder” dijo el Chavo.


Luego si podrá llegar todo lo demás. El planteo del rival, las imprecisiones propias, la falta de un recuperador que obliga a Sebastián y al Chino a estar muy pendientes de sus espaldas más que del arco rival, el muy buen partido de Aued, el control sobre Boselli, la inmovilidad de Sosa, el pasto alto, las pelotas desinfladas, el desequilibrio, las opciones de gol, etc, etc, … pero antes debía quedar claro que Estudiantes fue el principal responsable del destino del partido.


Afortunadamente para los hinchas, el plantel cuenta con un grupo de jugadores que no necesita que nadie les diga que no debe repetirse.  

Un ratito

En el contexto de un partido que se presentaba trabado, sin la naturalidad habitual de su circuito generador de juego, y con algunas desinteligencias defensivas, a Estudiantes le sobró con un ratito de lo suyo, para quedarse con una victoria inapelable desde el análisis.

 

Un ratito de Clemente que trepó por derecha para romper la línea y forzar el primero; un ratito más del Príncipe, que en líneas generales se equivocó en la última decisión, pero que dejó con un toque solo a Boselli para el segundo; un ratito de la Bruja, que jugó lo suficiente como para que todo este en orden; y un rato de Boselli, el jugador de la noche, para dejar bien claro que se pueden recibir ofertas, y simultáneamente tener la cabeza puesta en Estudiantes.

 

Ya con el segundo gol “el partido se había terminado” dijo Burruchaga en vestuarios, y tenía razón. Desde los 19 min. del ST el control absoluto del partido fue de Estudiantes, que soltó la frescura de sus individualidades y remató el encuentro con la más absoluta contundencia y jerarquía. Hasta se dio el lujo de darle descanso a Sosa, otorgarle minutos a Pérez, y guardar a la Bruja hasta el miércoles. Así de redondo. Por su puesto que Sabella deberá apuntar esos desacoples defensivos, propios de una defensa alternativa y un doble cinco que no tiene el quite que le aporta Braña, pero también podrá agendar gestos saludables del rendimiento de su equipo, que lo pueden invitar a ilusionarse también con un buen papel en el torneo local, si en algunos partidos, y contra determinados rivales, utiliza una formación mixta como lo la que puso en cancha contra Arsenal. Ré, Desábato, Braña, Sánchez, Pérez y Angeleri estaban afuera e igual le sobró.

 

Ahora el ojo estará puesto sobre dos temas de idéntica repercusión. Uno de coyuntura: la resolución que tomen los dirigentes sobre la situación de Boselli, una enciclopedia entera,  que merecerá por su trascendencia, un análisis más detallado. El otro, de pura tradición: nos vemos el miércoles (en un ratito).

El Gol se quedó sin amigo

Pasaron algunas horas de la noticia, y probablemente pasen muchas más, y aún cuando Caldera hable, que lo hará algún día, su adelantado retiro tendrá un inevitable sinsabor, y un espacio grande para sospechar, que en este caso, habrá un secreto de esos históricos que nunca se develarán por completo.

 

La fría crónica indica que Caldera fue titular en la práctica del lunes. Que cuando se retiraba de la concentración Claudio Gugnali lo detuvo para que charlara unos minutos con Sabella. Que luego del encuentro en la oficina del DT se retiró de buen semblante, pero que de allí en más todo fue confusión pura. Pachorra confirmó una lista de 17 concentrados a la que Calderón podía sumarse si lo deseaba. Faltaban 48 hs. para la lista definitiva del Mundial, y Calderón no volvió más al Country. El martes tuvo una reunión con Marcelo Malaspina, el dirigente con mejor llegada al plantel, y más aceitada relación con el 9, y allí le dijo claramente que su último entrenamiento había sido el del día anterior. Así, inesperadamente Caldera le ponía punto final a su carrera y se autoexcluía del Mundial de Clubes.

 

Calderón, un tipo de carácter particular, es uno de los últimos exponentes de los futbolistas de códigos típicamente futboleros. Y probablemente, uno de los más fieles representantes de las tradicionalmente fomentadas costumbres de City Bell. Los testigos, el vestuario, los silencios en las buenas, el paso al frente en las malas, la mesura en la previa de los clásicos… En ese contexto, cuentan que Calderón no estaba del todo bien anímicamente, y que, como él mismo se encargó de expresarlo, lamentaba en los últimos días haber estirado su carrera. Posiblemente contrariado y en algún modo confundido, Calderón se creyó un estorbo y no quiso que Sabella se sintiera en el compromiso de incluirlo en la lista definitiva del Mundial, para lo que prefirió tomar la decisión de adelantar su retiro.

 

Caldera hizo las valijas y se fue a Mar del Plata. Desde el entorno del goleador se filtró que hasta el miércoles no recibió llamado alguno. Ni del cuerpo técnico, ni del presidente, ni de Sebastián, algo que “a José Luis le dolió muchísimo”. Alguien que siguió muy de cerca la historia reflexionó: “si llegás a tu casa y te encontrás con que tu mujer hizo las valijas y se fue. ¿No la llamarías por teléfono para ver qué le pasó? Si la quisieras, lo harías, sino, es que te sacaste un peso de encima”. Luego llegaron los llamados de varios referentes del plantel y el cuerpo técnico, pero Caldera no atendió. Hasta un miembro del CT se dirigió decidido a la casa del goleador cercana al Country cuando en el camino se enteró por la radio que ya estaba en viaje a la costa. Con el único integrante del plantel que habló por teléfono fue con Juan Huerta, su amigo y compañero de habitación. Con nadie más. Ni si quiera con la Bruja, su principal ladero en el plantel. Caldera confirmaba a cada minuto, en la lógica de su razonamiento, que haber prolongado su carrera había sido un error; que Sabella dudaba de llevarlo al Mundial, y que en realidad, el DT le había dado muestras de sobra a lo largo del semestre de lo poco que lo tenía en cuenta. Ni si quiera contra Vélez había entrado un ratito con el partido definido.

 

Sin embargo, y contrariamente a lo señalado en la conferencia del martes, donde Sabella no fue categórico en sus declaraciones, todas las fuentes consultadas vinculadas al cuerpo técnico, y también dirigenciales, coincidieron en aseverar que Caldera estaba en la lista de 23. A tal punto que Sabella habría decidido adelantarle la noticia luego del partido con Central en una charla a solas, por un hecho puntual que no pasó desapercibido en el cuerpo técnico. En el entretiempo en Rosario, Caldera llegó al vestuario y le dijo a un colaborador del DT que lo sacara. No estaba cansado como trascendió. Estaba fastidioso. Se sentía mal. El final de la carrera y todo lo que venía meditando en el último tiempo, lo tenía definitivamente atormentado. El episodio motivó la charla: “si la incertidumbre de la lista te tiene así, quedate tranquilo porque estás en la lista del Mundial”, le habría dicho el entrenador para serenarlo.

 

Más tarde, lo conocido. Desde los trapos sentidos de la gente que lo adora, hechos contra reloj para lucirlos el miércoles por la noche. Hasta los que no perdieron la lamentable oportunidad política de filtrar su nombre en un pasacalles.  

 

Caldera va a retornar al Country y hablará con el plantel y el cuerpo técnico, y allí se cerrará un capítulo pendiente entre ellos. Pero nada de lo que allí ocurra corregirá el final de una carrera que merecía otro cierre. Se podrá explicar de mil cien maneras distintas, pero el resumen es que Morales Neuman y Leandro González jugarán el Mundial de Clubes con la camiseta de Estudiantes, y Calderón se quedará en La Plata. Algo tiene que estar mal. Es cierto que la decisión de Caldera tiene un perjuicio deportivo para el equipo, es indudable. Pero nadie se perjudica más que el propio Calderón con la determinación tomada.

 

Todo un símbolo. Una marca registrada. Con la estrella encima de toda su carrera. Obligadamente ligado a los momentos más fuertes de las últimas décadas en Estudiantes. El descenso. El vertiginoso ascenso. El Russo. Los inolvidables partidos de la Copa 2006 en Quilmes. El agónico grito en Goiás. El último gol marcado en 57 y 1. Los tres goles en clásico del 7 a 0. El amigo del gol. Los silencios en los momentos justos. Las palabras en los indispensables. “Vamos a salir campeones” dijo un rato antes de la final con Boca. “Somos campeones” escribió en un mensaje de texto en Belo Horizonte. El eterno goleador. La foto con la boca llena gol del partido contra Argentinos por la Sudamericana. Poniendo la cara cuando las papas queman, y silbando bajo cuando los resultados acompañan. ¡Atención, atención! Los casi 300 goles. El amor que le tiene la gente, y su propia trayectoria, merecían por lo menos, una despedida.

 

Caldera, acordate, “el gol más lindo, es el próximo”.

Mundial a la vista

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La respuesta fue óptima. Había que ver cómo el equipo reaccionaba luego de sufrir dos derrotas consecutivas frente a Central y Racing, en las que se había propuesto ganar para pelear hasta el último suspiro, y la demostración fue contundente. Primero porque Sabella y los jugadores resolvieron jugar, que ya es una muestra de temperamento e ideas claras. Y después por el modo en que lo hicieron. Con aplomo, solvencia y convencimiento. Parecía mentira, en el curso del juego, que ambos equipos participaran del mismo campeonato. Y esa sensación compartida por muchos de los que observaron el partido, ya es toda una definición de lo acontecido.

 

La duda que quedará en el aire, hasta que el próximo objetivo sea palpable, es qué faltó para viajar con chances de ser campeón. ¿Hubiera sido factible, luego de la victoria con Vélez, poner todo contra Central? ¿En qué partido el equipo liquidó sus posibilidades? ¿Allí en Rosario? ¿En la expulsión de Enzo Pérez contra Banfield? ¿En la falta de gol?, pero si es el más goleador del torneo. ¿En su baja producción como visitante? ¿En la falta de recambio? ¿En el desgaste descomunal que ha hecho en muchos partidos para definirlos casi siempre por la mínima? Puede ser que la explicación se encuentre con un poco de cada una de esas preguntas, pero de todos modos, a nadie escapó, como idea que gobernó las decisiones tomadas en los últimos cuatro meses, que en algún momento el equipo iba a pagar la factura de no haber tenido la preparación que merecía. Ése es el sin sabor que queda de este campeonato que se diluye sin emociones para el Pincha. La palmaria certeza de ver subumbir al equipo ante dos punteros que no mostraron, ni por asomo en lo que va del campeonato, el nivel exhibido por Estudiantes en buena parte de la competencia.

 

Pero hay postre, y en eso está Sabella. Como cada vez que se ha encontrado ante la misma problemática, resolvió privilegiar la competencia ante la eventualidad de las lesiones. Por ello los titulares descansarán frente a Colón, y luego jugarán el sábado 28 contra River y el viernes 4 con Chacarita, para llegar bien pisados a Abu Dhabi donde tendrán la primera prueba de fuego el 15 de diciembre en semifinales. ¿Con todo listo? No. El DT tiene dos dudas principales, una propia, y otra foránea, que en ningún caso, resultan propias de un escenario ideal tan cerca del viaje a Emiratos.

 

Una, la que no dependió enteramente de él, está vinculada a la habilitación de José Sosa. El jugador va a quedar incluido en la lista, y es muy probable que Estudiantes, que recurrirá al TAS,  llegue a Abu Dhabi con la incertidumbre de la habilitación. Eso quiere decir que, entre otras cosas, Sabella hará prácticas de fútbol con un jugador que no sabe si podrá jugar, y otro que sabe que puede, pero que hasta el último instante se sentirá suplente. Podrán existir mil explicaciones, pero en el momento más importante de Estudiantes en los últimos 40 años, el entrenador pidió un delantero como prioridad, y el Club lleva cinco meses de energías consumadas en infructuosos esfuerzos para lograr satisfacer el pedido. Ése es el acotado resumen. Tal vez la dirigencia no estaba convencida de la necesidad señalada por el DT.

 

La otra duda está en el arco. Y es enteramente propia de Sabella. Nadie en el entorno del entrenador se atreve a confirmar que Albil será el arquero del Mundial. Y a decir verdad, no parece ser el camino de las sorpresas, el indicado a esta altura del partido. Si Sabella se sorprendió gratamente con las muy buenas actuaciones de Taborda, que de hecho lo fueron, el momento de afianzarlo como titular fue aquel, no este. Taborda es un muy buen arquero, lo firmo, pero fuera de las diferencias que puedan existir con Andújar, Albil se encargó solito de que el enorme vacío que dejó uno de los mejores cuatro arqueros de la historia del Club, no se haya sentido tanto como todos suponían.

 

Ésas son las únicas cuestiones por resolver en City Bell. Lo demás se resume al cuidado para que todos lleguen sanos a la competencia: enteros como en la Libertadores, y no averiados como en la Sudamericana.