por Lic. Marcela F. Valenti de Robayo
Instruye al niño en el camino
correcto,
y aun en su vejez no lo
abandonará.
(La Biblia)
No tengo dudas que si hoy me
paro en la puerta de cualquier colegio y les pregunto a los adolescentes qué
les sugiere la palabra respeto, la gran mayoría de ellos me contestará que es
la canción que canta “Antonella en Patito feo”.
Se que a grandes rasgos mi
afirmación puede parecer subestimar a los adolescentes pero cuando miramos un
poquito a nuestro alrededor y vemos las imágenes de alumnos incendiando el
cabello de una profesora o agrediéndola en plena clase, créanme que creo estar
en lo correcto: este valor humano se desvirtuó y está a punto de perderse.
Ahora la pregunta es: ¿Por
qué? ¿Qué sucedió para que un valor tan importante de nuestra vida y
convivencia como sociedad esté esfumándose día a día?
Bien, comencemos
por preguntarnos que quiere decir "Respeto". Quizás en la época de nuestros abuelos, pedir respeto
significaba, algo así como: "haz
lo que te digo, y guarda silencio". Pedir respeto significaba una exigencia
de sumisión y obediencia. Y es verdad que los niños de aquel entonces (nuestros
padres) respetaban más por temor que por convencimiento pero…respetaban.
Ya en la época de mis padres, la comunicación en el
seno familiar era más fluida, se podía intercambiar opiniones pero aún así
siempre prevalecía la opinión paterna y los niños de aquel entonces (es decir,
nosotros) no estábamos de acuerdo, se nos permitía opinar, lo expresábamos
pero…respetábamos.
Actualmente, todo es diferente: los niños opinan, critican,
imponen y son los padres los que obedecen y ¡respetan las decisiones de los hijos!
Y esto se debe al desembarco de una “nueva ola” de
padres permisivos, acomplejados y con la idea de que sus propios padres fueron
muy “duros” con ellos y les cortaron las alas para poder ser y desarrollarse en
la vida. Entonces, convencidos que no quieren ser iguales a sus progenitores y
que ellos son mucho más “modernos” quisieron cambiar el modelo de educación
hacia sus hijos y ahora gastan más dinero en psicoanalistas por la culpa que
les provoca ponerle límites a sus niños en ves de “gastar” ese tiempo con sus
hijos educándolos y amándolos al no permitirles hacer todo lo que desean.
En cualquier sociedad (familia,
aula, empresa, ciudad) debe haber autoridades que la dirijan (padres, profesores,
jefes, concejales). Esto exige a hijos, alumnos y subordinados un trato
disciplinado y obediente. Las rebeldías son faltas de respeto hacia la
sociedad.
Y no podemos negarlo: No es
culpa de los chicos, es culpa de los padres. Si hoy con mi esposo no educamos
integralmente a nuestro pequeño hijo, jamás Gianluca sabrá comportarse en
sociedad y mucho menos acatará una norma.
Si no le enseño que no
puede hacer todo lo que desea, que hay cosas que por su propio bien (aunque él
hoy no lo entienda) papá y mamá no se lo permiten, mañana jamás Gianluca
respetará a otros porque no fue enseñado y desarrollado en su sentido de la
frustración, lo cual, cuando crezca le permitirá ver y entender que su libertad
y sus derechos terminan donde empiezan los de su prójimo.
Si no educo hoy a mi hijo
tan solo le estoy demostrando mi desamor y negligencia y cosecharé un hombre
carente de valores, egoísta y anárquico.
Papá, Mamá, no tengas miedo. Educa a tu hijo/a,
ponle límites. De esa manera le estás demostrando que le amas.
Durante mucho tiempo trabajé con grupos de niños y adolescentes
y ellos no hacen más que reclamar a gritos esos límites. Aunque como padre te
parezca que los rechazan, déjame decirte que lo hacen para llamar tu atención. Ellos
necesitan a alguien que los guíe y les diga hasta dónde pueden llegar.
Están en plena edad de maduración, donde no saben
lo que quieren pero sí necesitan que tú estés allí para apoyarlos.
No buscan un amigote, no te esfuerces por querer
ser el amigo/a de tu hijo/a porque nunca lo conseguirás: eres su papá o su mamá
y ese es el rol que Dios te dio y el que tu hijo te reclama y te reclamará siempre.
La Paternidad implica el estar cerca, el amar, el cubrir, el
escuchar, el no juzgar. Muéstrales que siempre podrán contar contigo más allá
de lo que hayan hecho.
Enséñales a tus hijos con el ejemplo. Respeta para
que ellos aprendan a hacerlo.
La difamación y las burlas
rebajan la dignidad de las personas, y este trato injusto es una falta de
respeto.
Los obreros y subordinados
son seres humanos. Tratarlos como esclavos es una falta de respeto a su
dignidad de personas.
Las faltas de educación
voluntarias (desplantes, portazos, etc.) suelen ser ejemplos de falta de
respeto pues el trato adecuado a esas personas debía ser otro.
La mujer es una persona
humana y es injusto tratarla como un objeto sexual. Esta injusticia es entre
otras cosas una falta de respeto.
El amor humano posee una
gran dignidad que exige un trato delicado. La pornografía es una falta de
respeto hacia la humanidad.
Los
animales y plantas están al servicio del hombre pero poseen de por sí alguna
dignidad en cuanto criaturas. El hombre puede usarlos, comerlos y divertirse
con ellos, pero dentro de cierto respeto.
No permitas que ridiculicen a sus maestros y/o
profesores ni te pongas de su lado en todo lo que te comente acerca de ellos y
mucho menos los rebajes delante de tus hijos pues así le estás enseñando a que
no deben obedecerlos.
Enséñales a respetar a sus autoridades según el
ámbito en que se encuentren: padres, maestros, jefes.
Conocer el valor propio y
honrar el valor de los demás es la verdadera manera de ganar respeto.
Respeto es el reconocimiento del valor inherente y los derechos innatos de los
individuos y de la sociedad. Estos deben ser reconocidos como el foco central para
lograr que las personas se comprometan con un propósito más elevado en la vida.
Quiero dejarte a modo de
reflexión, algo que leí cuando aun no tenía hijos, pero que me marcó tanto que
deseo compartirlo contigo porque creo que aun estamos a tiempo como padres de
ganar y corregir a esta generación pues está en nuestras manos:
12 pasos para enviar a sus hijos al infierno
Hay una serie de aspectos que
quiero que usted considere para no enviar a sus hijos al infierno. Si usted no
cree en Dios, créame que puede ponerlas en práctica de todas formas ya que
estará amando a sus hijos al ocuparse de ellos:
1. Nunca
disciplines a tus hijos, porque puede dañar sus sentimientos e invadir su
libertad de hacer según sus propios gustos.
2. Permite que
tus hijos hagan cualquier cosa, porque tú no querrás destruir su creatividad.
3. Cuando tus
hijos se quejan, o hacen una rabieta, siempre dales lo que quieren a fin de que
ellos pongan un alto a su mal comportamiento.
4. No enseñes la Biblia a tus hijos,
especialmente evita los versos concernientes a cualquier mandamiento o
instrucción.
5. Permite que
tus hijos miren lo que quieran en la televisión, escuchen cualquier música que
les gusta, y lean cualquier revista que tengan ganas de leer. No te preocupes
de que aquellas no sean buenas influencias; tus hijos pueden decidir por ellos
mismos.
6. No te
preocupes de quienes sean los amigos de tus hijos. En cambio, permíteles andar
con cualquier grupo que les gusta.
7. Mantente demasiado
ocupado para que no tengas tiempo de involucrarte en las vidas de tus hijos.
8. No digas a tus
hijos que les amas; en cambio asegúrate que ellos sepan que son carga y
molestia para ti.
9. En todo,
asegúrate que tú no seas un ejemplo piadoso para tus hijos a imitar. No ores,
no estudies la Biblia,
y nunca te comportes como cristiano.
10. Asegúrate que
tus hijos reciban educación y buenas costumbres fuera de tu hogar para que
pueden ensanchar sus opiniones y tener “amplitud de mente” especialmente en la
educación sexual moderna, para aprender que la homosexualidad es un estilo de
vida aceptable, o cualquier cosa que degrada los papeles tradicionales de
esposo y esposa. Si tú tienes dificultad en alcanzar esto, la televisión y las
calles estarán muy contentos de ayudarte.
11. Concéntrate
en ser el amigo de tus hijos de tal manera que nunca contradigas una mala idea
que ellos tienen.
12. Evita las actividades
familiares que pueden estrechar vínculos con su propia familia. En cambio,
permíteles hallar o inventar sus propias diversiones, aun si se involucran en
actividades que son peligrosas y pecaminosas.
¡Hasta la próxima!
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