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BAFICI 2012: Al cielo de Diego Prado

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“Here is the church and here is the steeple,

We sure are cute for two ugly people,

I don't see what anyone can see, in anyone else,

but you.”

The Moldy Peaches

en La Joven vida de Juno

 

En Jardines de Ernesto Baca, película también presentada en el 14º Bafici, la voz de un poeta dice que “a las ventanas y al aire solemos pintarlos de celeste. A lo transparente le asignamos el color del cielo, que es transparente”.

En Al cielo, película platense producida en el marco del Festifreak Produce 3 y en Competencia Argentina en el festival, sucede algo parecido.  Allí se cuenta la vida de Andrés, un adolescente que deambula entre la muerte del líder de su banda favorita de Punk Rock y la pertenencia a un grupo de jóvenes religiosos, al que se aproxima en busca de un amor, en este caso no el de Jesús (por otro lado, ¿por qué otra razón nos meteríamos a un grupo de jóvenes religiosos?).

Así Andrés parece empezar a construir un cielo. ¿A dónde fue el líder de la banda punk? ¿Se suicidó, fue en busca de ese paraíso? ¿Si nos acercamos a un grupo religioso nos harán un rinconcito en el edén? Tal vez Andrés trata de hacerse una idea de lo que podría ser el cielo, de asignarle un color a aquello que parece ven los demás pero nosotros no.

La cámara en Al cielo sigue el mismo camino. A veces deja de lado a los personajes y sus diálogos, y empieza a buscar eso que está detrás de las ramas de la arboleda platense. La cámara empieza a flotar enfocando hacia las alturas para que por algunos segundos tratemos de descifrar qué se encuentra más allá, y hacerlo visible.

Pero Andrés parece fallar exitosamente en esa búsqueda. Dios no le dice mucho, sólo que no hay que drogarse, y el líder muerto parece no emitir señales desde donde esté. Sólo queda su música y la gente que lo amó en vida. El cielo esta acá opina la película, en la música y en el amor. Por eso cuando la aparente apatía de Andrés se corta con una sonrisa a causa de su enamoramiento la madre le dice que está como “iluminado”.

La música y el amor. La música como necesidad para la historia de amor en el cine. Así es como en el final de Juno Michael Cera no le dice a Ellen Page solemnemente que la ama ni nada parecido. Simplemente le pregunta si está lista para empezar a tocar juntos la guitarra y así lograr uno de los más bellos finales de amor.

 

BAFICI 2012: Las Pibas de Raúl Perrone

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¿Serán actrices? ¿Es una cámara oculta? Habría que preguntar. Pero quizás es un poco de los 2. Un poco de En Construcción de José Luis Guerín y un poco de habitaciones de Chantal Akerman. Pero mucho Perrone.

La imagen inicial es un plano de la que será nuestra protagonista. La piba nos cuenta que pasó por una situación traumática. ¿Es una actriz? ¿Es una entrevista real? ¿Interesa?

Luego nos damos cuenta que en verdad se trata de un plano detalle de un espejo roto donde se refleja entrecortada y fuera de foco. En esta película a la protagonista rara vez la reconocemos por su rostro. Sino que por su pelo, su remera, por su caminar también. Su tono de voz. Éste parece pausado e intrascendente. Pero las chicas parecen pelearse por ella; una ex pareja quiere volver a su lado; una nueva novia quiere aparecer en su vida; los compañeros de la fábrica donde trabaja intentan cortejarla. Ella se niega. Tiene otros objetivos. No sabemos bien cuales, no interesan. Algo tiene la piba malabarista más allá de su rutina.

Los planos de Las Pibas parecen simples. Son estáticos, largos y densos. Pero a medida que pasa el tiempo van cambiando. Cambia nuestra mirada sobre ellos. Van cambiando. Se nos da tiempo a que empecemos a pensar mal o bien de ellos. Se nos da esa posibilidad.

Así es como un simple descanso en el trabajo comienza a parecer peligroso. Los hombres quieren. Ella no. Los hombres empiezan a oscurecerse, las sombras de sus rostros se convierten de simples líneas negras a plenos sólidos. Traman cosas de hombres mientras tienen conversaciones de hombres. No es necesario escucharlas dice Perrone al mostrarlas sin audio. Son canalladas.

Las Pibas empieza con fuerza y simpleza. Pero como sus planos, a medida que avanzan, todo empieza a cambiar. Parecen cosas banales, pero poco a poco los aparentes tiempos muertos empiezan a cobrar sentido. El simple hecho de que las pibas se saquen las zapatillas sobre la cama deja de ser inocente.

Además, se trata de una bella historia de amor.

 

BAFICI 2012: El Último Elvis de Armando Bo

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“Elvis esta vivo. Elvis es un buen tío. Espero que me invite a comer.”

Elvis Está Vivo

Andrés Calamaro

Una  cámara sube las escaleras de un salón de eventos y nos introduce al festejo de lo que parece ser un casamiento. A la vez nos abre las puertas del cine mismo al escucharse la banda sonora de 2001: una odisea en el espacio ya que es la música con la cual hace su presentación Elvis, antes de cantar.

En este caso se trata de un imitador de Elvis, interpretado por John Mc Inerny en la película El Último Elvis de Armando (nieto de Armando e hijo de Víctor), con la que se inauguró el miércoles 11 de abril el 14º Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI).

La cámara empieza a girar alrededor del imitador de Elvis. Lo engrandece: en la luz engrandece su acto, a contraluz engrandece su voz. ¿Por qué estará ahí, derrochando talento en una fiesta de casamiento alguien que es merecedor de tal puesta?

Aunque, pensándolo mejor, El Último Elvis parece no tratarse de sólo un imitador de Elvis. Sino de alguien que gusta de ser Elvis. No es que solamente su trabajo sea ser Elvis, parecerse a él, ni siquiera se trata de un loco que cree ser el verdadero Presley. Sino alguien que decide conscientemente que su mejor forma de vivir es vivir como Elvis. Cantar como Elvis, hacer las cosas que hacía sin duda es mejor plan que seguir con cualquiera de nuestras vidas.

John Mc Inerny lo sabe y Armando Bo lo sabe. Entonces la música, los travelings y los planos secuencia empiezan a mandar y dirigen este plan genial. Las frases solemnes del protagonista quedan inverosímiles y desvalorizadas al lado de la transpiración al cantar, del esfuerzo y el goce marcados en la cara de John Mc Inerny por llegar a una nota alta, disfrutando del Rock y la pasión por la música. Así los movimientos de cámara también se vuelven más sinceros y más vivos que algunos diálogos. Porque Elvis está vivo. En el BAFICI lo saben todos, pero es gente muy discreta, no dice nada, será mejor así.

 

La Invención de Hugo Cabret de Martin Scorsese

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Cuando estábamos por empezar a hartarnos de los tanques en 3 dimensiones, de que todas las películas se reediten en 3D sin mucho sentido, llegó Hugo para ver al cine de otra manera.

Hugo parecía desde el afiche ser un bodrio más para niños con aires harrypotenses y de La Brújula Dorada. Pero mientras uno va viendo la película exclama: “¿Qué demonios es esto?”. No era lo que prometieron. Y a veces esa traición, es una de las mejores noticias. No la traición en sí, ya hablaremos de eso en otro momento. Pero sí la sorpresa. Con tanta preinformación gracias a los mass media y a internet uno se puede enterar antes hasta de cómo termina la película. ¡Bienvenida la no información!

Pero el caso es que en Hugo de repente vemos a Georges Méliès. Y nos preguntamos qué hace él aquí. Entonces Scorsese nos invita a disfrutar no de una historia, ya que es algo insípido que no genera interés ni intriga (salvo la trama del vigilante de la estación y la florista), sino que nos invita a disfrutar de la Historia del cine mismo, de lo que las películas tienen de bello en particular, de por qué nos gustan las películas.

Y así empezamos a mirar estas nuevas tecnologías de otra forma. El cine que empezaron los hermanos Lumiere era netamente un espectáculo de feria. Méliès fue más allá, complejizando al cine mudo pero explotando ese aire de feria, de magos y espectáculo. El cine tiene ese carácter popular, de deslumbramiento y kermes.

Entonces dejamos de pensar si esta nueva tecnología y el 3D tienen algo de negativo o no, y empezamos a pensar si este soporte es acompañado por una película mala o no. O si ese soporte se explota y articula con coherencia, inteligencia, gracia o arte.

La película cuenta la tragedia de Méliès, olvidado después de hacer cientos de cortos geniales e importantísimos para la historia del cine. Es una historia triste, pero igual prefiero ser Georges Méliès. Prefiero ser viejo y olvidado, pero por lo menos haber vivido un amor eterno y no correspondido con el cine.

 

Los Descendientes de Alexander Payne

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Advertencia: se cuenta el final de las películas.

Entre copas y Las Confesiones del Sr. Schmidt me habían gustado bastante. En realidad de Entre copas no me había gustado el final. Allí al protagonista le había salido todo mal. No le publicaron el libro y lo arruinó todo con la mujer amada. Pero un último plano final, donde lo vemos volviendo a la casa de ella, parece resolver fácilmente todas sus desgracias pasadas.

El final de Los Descendientes parece fallar también. La película va de interesante a divertida constantemente.

 Pero algunas soluciones pretenciosas de los finales a veces molestan.

 Uno de los problemas de George Clooney en la película es ser dueño de un montón de hectáreas vírgenes en una paradisíaca isla. Él ha quedado como apoderado y es heredero junto a varios primos más. El problema es decidir si venden el terreno y se hacen millonarios o no venden y dejan sin explotar la última playa virgen que queda. Sucede que la mayoría de los primos quieren vender y a él le pinta quedarse con esa tierra con la cual se siente muy identificado. Ya hacia el final se juntan y votan muy democráticamente a favor de la venta. Pero a él le agarra un ataque ecológico e idiosincrático y decide no vender. Entonces, como es el que firma, la venta no se hace y les tira un discursito a todos; de por qué está mal lo que querían hacer y por qué él les está haciendo un favor.

Desde ahora en más léase como -“problema”- las veces que se haya leído simplemente –problema-. O sea, se le agregarían comillas. Porque pensándolo bien… ¿son verdaderos problemas tener una isla millonaria y ser millonario? No sé, a mí me pasan cosas feas. No sé si más importantes, pero sí más conflictivas. Por otro lado ¿tengo que considerar al personaje de Clooney un héroe porque autoritariamente decidió por sobre todos sus primos? Ponele que tenga un objetivo copado y ecológico. ¿Tiene que esperar hasta último momento para decir “no” y demostrar todo su poder? Si hay que idolatrarlo, no cuenten conmigo.