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La primera fecha del vertiginoso Torneo Clausura nos dejó sensaciones muy parecidas al cierre del pasado año, pareciera ser que el almanaque no cambió.
Primero Gimnasia mostró en Mendoza los mismos errores que hoy lo tiene, a disgusto, como uno de los protagonistas en la lucha de abajo. Apretada ubicación que no tuvo ni siquiera un poco de aire en el sofocante partido del viernes; donde la interesante idea renovadora de Diego Cocca, con buen trato de pelota como prioridad, no pudo plasmarse. Y encima las viejas desatenciones quedaron nuevamente en evidencia.
Más tarde en Quilmes, Estudiantes castigó a un Arsenal que en el principio del juego trató de faltarle el respeto, pero eso duró poco y nada. Aparecieron los conocidos y positivos elementos para que Carrusca y Boselli se adueñaran de los cachetazos y a otra cosa. Con el agredado de tener como refuerzo a un, por ahora, impecable José Sosa. Todo igual por ahora.
Este acotado cuadro de situación se da, ni más ni menos a horas de una nueva edición del clásico, porque el miércoles nuevamente van a medir fuerzas e ideas lobos y leones en 60 y 118 con público local ( medida que de mínima es repudiable y ridícula, al igual que lo ocurrido en Agosto pasado )
Hay dos presentes futbolísticos bien marcados y con rumbos distintos. Estudiantes quiere seguir siendo y Gimnasia pretende despegar…. Esto no es basquet, donde la lógica a veces es la dueña de la verdad, el fútbol tiene tantos imponderables que lo hacen en la previa un juego atrapante e impredecible. Un puñado de condimentos que nos permiten presagiar 90 minutos de emociones, y con dos equipos obligados.
Los de Sabella buscarán hacer de las suyas para no perder puntos en el comienzo del torneo y pensando en la doble competencia; mientras que los de Cocca intentarán mostrar los argumentos que le permitan cambiar la pálida imagen, y empezar a sumar.
El miércoles hay fiesta, la más esperada por los hinchas, que ojalá no se salgan de su libreto, y todos podamos hablar solo de fútbol… para eso estamos.
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