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… que veinte años no es nada que febril la mirada,
errante en las sombras, te busca y te nombra. Vivir... con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez...
Y si, 20 años de la muerte del Negro Olmedo. ¿Loco, no? Tuve la suerte de disfrutarlo cuando estaba vivo y no después cuando muchos se subieron a la carroza y lo reivindicaron cuando antes lo trataban de vulgar y chabacano. Alberto Olmedo fue un creador, un talentoso. Él inventó muchas de las cosas que hoy son comunes y aplaudidas en la televisión Argentina. El negro fue capaz de hacer reír a grandes y chicos por igual, de recrearse, de reinventarse, de ser otro y sin embargo ser único, como para no pasar nunca de moda. Fue el Capitán Piluso, fue Rucucu, fue Chiquito Reyes, fue el Manosanta, Rogelio Roldán, el dictador de Costa Pobre, fue el Pitufo (pero no bolufo) Fue un grande. Hace un año escribía en mi otro blog que el día de su muerte es uno de esos días que se recuerdan siempre, esos días en que uno dice: Yo estaba haciendo tal cosa, yo me enteré de tal manera y todos decimos: yo no lo podía creer. No fue un día cualquiera. Todos le debemos al Negro alguna carcajada. Me acuerdo perfectamente de esa mañana. Era sábado, yo tenía 16 años, seguramente habría trasnochado, así que dormí hasta tarde. Mi mamá entró a la pieza como una tromba: “Se mató Olmedo” me dijo. Levanté la cabeza y traté de enfocarla ¿Qué Olmedo se murió? Inconscientemente trataba de buscar otro Olmedo para enterrar. Pero no había. Era único.

Pegué un salto de la cama y a seguirlo por televisión, como siempre. Se dijeron miles de cosas, se lloró en cadena nacional. Por supuesto no tardaron en aparecer los cuervos de siempre hablando estupideces ¡Qué importaba si estaba borracho o falopeado! ¡Salames! Era el Negro Olmedo. Déjennos sufrir tranquilos.
Recordaba también una de las tantas anécdotas, una noche volví tarde a mi casa, mi papá todavía estaba colorado de reírse. Álvarez Y Borges habían arrancado su rutina hablando del calor terrible que hacía. En un momento Javier Portales le dijo al Negro: “Si tiene tanto calor por qué no se saca la ropa” Al minuto, Olmedo se había metido detrás del sillón y le pasaba su slip por arriba del respaldo, al grito de “¿Qué no me lo saco?” creo que era rojo. Cada vez que veo la repetición de ese programa me río, pero no sólo porque me sigue causando gracia, sino porque recuerdo las carcajadas de mi viejo cuando me lo contaba. Y eso también se agradece. Miles de veces se repitieron sus programas, no pasan de moda nunca. Como cada aniversario se realizarán programas en su homenaje se juntará a sus amigos y a sus viejos compañeros para recordarlo y nos prenderemos a la tele para verlo, para escuchar nuevamente las historias de su origen humilde, de sus comienzos en el viejo canal 7, de su generosidad, de sus romances, de sus improvisaciones. Hoy solamente voy a brindar por el recuerdo de Alberto Olmedo (¡Savoy, Savoy!) Él se lo merece.
¿Cómo que se murió el Negro? ¡De acá! Hasta la próxima.
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