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jueves | 26.06.2008 Actualizado: 02:49
Juzgan a policías por torturas y muerte de un albañil
Están acusados por el crimen de Sergio Daniel Díaz, en 2001
Dos ex efectivos de la Policía bonaerense comenzaron a ser juzgados por el crimen de un joven, que fue detenido cuando saltaba el paredón de su propia casa, luego torturado en una comisaría de la localidad de González Catán y murió por los golpes recibidos tras cinco días de agonía, en un hecho ocurrido en agosto de 2001.
La víctima fue el albañil Sergio Daniel Díaz, de 31 años, casado y padre de dos hijos, quien no pudo sobrevivir a una fractura de cráneo y a la rotura de vasos sanguíneos que le generó la golpiza.
En la primera jornada del juicio, que realiza el Tribunal Oral en lo Criminal N° 3 de La Matanza, el fiscal Ariel Panzoni pidió que la causa sea recaratulada como "torturas seguida de muerte", que prevé prisión perpetua, ya que llegó a debate como "privación ilegal de la libertad seguida de muerte", con una pena menor.
Los jueces resolvieron que el delito cometido deberá ser probado por la fiscalía durante el proceso y rechazaron un pedido de la defensa para que el planteo sea declarado nulo.
Los ex oficiales Jorge Díaz y Gustavo González, acusados del homicidio, y sus colegas Sebastián Wurds, Oscar Florentían y Jorge Gómez, imputados de encubrimiento, se negaron a declarar.
Detención ilegal
El caso se inició el 1 de agosto de 2001, cuando Díaz salió de su casa, ubicada en Leonardo Da Vinci al 4400 del barrio La Juanita de Gregorio de Laferrere, pero como se olvidó las llaves, saltó un paredón para volver a entrar a buscarlas.
En ese momento, pasó por el lugar un patrullero de la comisaría 5ª de La Matanza, cuyos efectivos lo detuvieron por averiguación de antecedentes, pese a que el joven les dijo que esa era su casa y estaba con su bicicleta.
Según lo que se pudo reconstruir en la instrucción del caso, nueve horas después Díaz fue sacado de la seccional en estado de coma profundo, con el cráneo fracturado, los vasos sanguíneos rotos y hematomas en todo el cuerpo, como consecuencia de las torturas que habría padecido allí.
El joven fue internado en el hospital de González Catán con la excusa de que se había caído de una pared, pero luego fue trasladado al de Haedo, donde murió cinco días después pese a que fue operado dos veces.
Los primeros en declarar en el debate fueron tres ex presos de la seccional policial de González Catán, quienes luego de que la sala de audiencias fuera desalojada, relataron que la noche del 1 de agosto de 2001 escucharon desde sus calabozos cómo torturaban a Díaz.
Desfigurado a golpes
Los hermanos de la víctima refirieron a que cuando lo estaban buscando, porque no sabían que estaba preso, un vecino que trabajaba en el hospital les avisó que estaba internado allí. Sin embargo, cuando concurrieron al nosocomio, los policías que ahora están siendo juzgados los retuvieron con la excusa de hacerles preguntas para que no advirtieran lo ocurrido.
La hermana de Sergio Díaz, en tanto, aseguró que mientras estaba en terapia intensiva "los policías estaban ahí, pendientes, pasando informes de todo lo que pasaba". "En esos días, se robaron del hospital la ropa, la billetera, los documentos y todas las pertenencias de mi hermano. Lo único que se salvó, por suerte, fue la historia clínica", recordó.
"La noche anterior había estado con él y estaba perfecto. Al otro día cuando lo encontré en el hospital todo desfigurado por los golpes, no lo podía creer", dijo entre lágrimas.
En sus inicios, el caso no registró avances porque el fiscal Claudio Polero y el juez Raúl Alí lo consideraron un homicidio culposo y el entonces secretario de Derechos Humanos bonaerense y actual canciller, Jorge Taiana, hizo un informe lapidario sobre su actuación.
Taiana expresó su "preocupación" por la "indecisión del Poder Judicial a la hora de investigar conductas en que los funcionarios del Estado, policiales y de otras dependencias tienen responsabilidades".
Los policías fueron detenidos después que se comprobó, en base a peritajes caligráficos, que habían falsificado el acta de libertad concedida a Díaz, el 1 de agosto de 2001, a las 9, cuando la víctima ya estaba inconsciente.
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