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viernes | 17.04.2009 Actualizado: 04:10
¡Abran los ojos!
Por ALUHE DURAN (*)
La bronca y la necesidad de conseguir justicia, la impunidad que da saber que un menor le arruina la vida a toda una familia y que luego va a ser declarado inimputable. ¿Cómo entender todo esto? ¿Cómo explicarle a una criatura que no va a volver a ver más a su papá? ¿Cómo borrarle de su cabeza la horrible situación que le toco vivir? Hablamos mucho de los derechos humanos de las personas, pero quién respeta los derechos de los ciudadanos, cuando a quemarropa te arrancan la vida con saña, en un segundo dejás de existir para que un dolor inmenso y una sensación de vacío se generen en los que quedan y vos te esfumás.
Lo más triste es saber que la última esperanza que queda sea una utópica justicia, que por las leyes de antaño que nos competen como sociedad no deja de ser un mero pedido muy poco escuchado, y no una respuesta a tantos interrogantes. La delincuencia, y los menores, están fuertemente vinculados, hoy en día, con la facilidad que tienen de entrar y salir de una comisaría, de burlarse de la incompetencia de las leyes mediocres, que poco solucionan y conforman nuestro Estado, perdieron la noción de lo que significa asesinar a una persona, la vida humana para ellos ya no tiene valor.
Esto hay que agradecérselo a los gobernantes, que al principio de sus campañas se presentan como grandes señores del cambio, con superpropuestas, de las cuales no cumplen ni un 2% porque sólo buscan su propio bien, políticos egoístas y miserables, que abusan y se aprovechan de la ignorancia y las necesidades de un grupo de personas después olvidadas comprándoles sus votos, ya que no tienen ni la capacidad de valerse por sí solos, ni que los voten por su propio poder de convencimiento.
Personas que luego quedan desprotegidas, al libre albedrío de lo que les puede llegar a suceder, gente que clama por mayor seguridad, gente que pide condiciones dignas de vida, ante autoridades policiales que no te dan una respuesta, que cuando los llamás tardan horas en socorrerte, se ríen, reprimen, y encubren, se dicen al servicio de la comunidad, haciendo oídos sordos y ojos ciegos a lo que pasa a su alrededor, conociendo los grandes focos de la inseguridad, sin combatirlos, porque ellos son miembros de esa corrupción. Está todo tan desvirtuado que el policía no es más que un ladrón y el ladrón tiene mejor futuro y más derechos que el ciudadano de bien.
Los menores asesinos no pueden quedar en libertad, los que matan ya no son chicos, perdieron todo tipo de inocencia, se los respeta como criaturas, pero ellos no respetan a nadie. La justicia es fundamental para el orden social, si no, el orden se desvirtúa, y pasan estas cosas. La sociedad tiene que decir basta, si no empezamos por nosotros, si no nos cuidamos, si no nos unimos como pueblo, no hay forma de salir adelante. Sólo hay que ponerse firme y tomar esa decisión de iniciar el cambio. Después se quejan y tratan de animales a los que quieren hacer justicia por mano propia, si nadie te garantiza ni acude al pedido de seguridad de las masas.
El poder dura lo que dura el poder, es una circunstancia, por más que ocupen cargos importantes, por más que tengan el título de profesionales lamentablemente nadie está exento de nada, ni tiene la vida comprada. ¡Abran los ojos!
(*) La autora es sobrina de Daniel Capristo, asesinado en Valentín Alsina
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