13. DEUDA EXTERNA Y FUGA DE CAPITALES

 

El presente análisis estudia cómo el endeudamiento externo está vinculado con los mecanismos de fuga de capitales, la evasión fiscal y el dinero ilegal.

 

 

13.1.  LA DEUDA PÚBLICA Y PRIVADA, DEFINICIÓN Y DIMENSIÓN

 

En Argentina el art. 58 de la ley Nro. 24.156 de Administración Financiera, considera deuda externa aquella que resulte exigible fuera del territorio nacional. La convertibilidad de la moneda ha dado lugar a un sistema bimonetario por el que el Estado Nacional ha emitido títulos de deuda nominados en dólares estadounidenses. A los efectos de cuantificar acabadamente la necesidad de divisas que implica el stock de obligaciones emitidas en moneda extranjera por el Estado Nacional, debe adicionarse a la deuda pública externa, publicada por el Ministerio de Economía, el total de títulos emitidos en divisas extranjeras aunque se encuentren en poder de residentes. Con estas definición la Deuda Externa Argentina (DEA), pública y privada, superaba el primer trimestre de 2001 los 177.000 millones de dólares (Cuadro 1.1).

 

Cuadro 1.1

Deuda externa bruta según sector residente al 31/12 de cada año.

 

                      Deuda     Externa Privada    Deuda      Externa Pública        DEUDA EXTERNA         SUBTOTAL                      TITULOS  PÚBLICOS   En divisas en poder de residentes                       DEUDA   EXTERNA      TOTAL                             

                      Mill de u$s       (1)                   Mill de u$s      (2)                         Mill. U$s         (3)                    Mill de u$s       (4)                     Mill. u$s     ( 3+4)                                                                  

                                                                                                                                                                                         

1991                  8598,0        52739,0           61337,0               S/d                 61337,0                                                      

1992                12294,0        50678,0           62972,0               S/d                 62972,0                                                      

1993                18819,0        53606,0           72425,0               S/d                 72425,0                                                      

1994                24640,0        61268,0           85908,0               S/d                 85908,0                                                      

1995                31954,0        67192,0           99146,0               S/d                 99146,0                                                      

1996                36552,0        74113,0         110665,0          14454,0           125119,0                                                      

1997                50184,0        74912,0         125096,0          15612,0           140708,0                                                      

1998                58846,0        83111,0         141957,0          14826,0           156783,0                                                      

1999 2000       60598,0   61330,0                85396,0   85065,0                    145994,0 146395,0                                       21005,0  30602,0               166999,0 176997,0                                           

Fte. Elab. Propia sobre MECON- Información Económica Trimestral

(1) Sector privado no financiero más Sector financiero sin BCRA.

(2) Sector Público no financiero más BCRA

(3) Cifra publicada por MECON

(4) Titulos Públicos en moneda extranjera en poder de residentes.

 

Los indicadores convencionales utilizados por los Organismos Financieros Multilaterales permiten calificar a Argentina como un país severamente endeudado. Su condición de país de ingresos medios altos, lo excluye definitivamente de mecanismos de ayuda financiera, reducción o condonación de la DEA, como los diseñados para los Países Pobres Altamente Endeudados (PPAE). Sin embargo, el impacto de la DEA se torna insostenible y las restricciones que impone al progreso económico y social de la Nación se pueden apreciar al considerar:

·         representa más del 64% del PBI (incluyendo la deuda externa de las provincias- u$s 20.000 millones, más del 70%),

·         absorbería más de 7 años de exportaciones. Solamente el pago de los intereses compromete el 46% de las exportaciones de un año.

·         Los intereses de la DEA alcanzan al 4,5% del PBI y absorben casi 1/4 de los ingresos tributarios y de seguridad social de la Administración Nacional.

 

 

13.1.2. EVOLUCION Y  ESTRUCTURA DE LA DEUDA

 

Entre 1976, al inicio de la dictadura militar, la DEA creció desde algo más de u$s 7.800 millones a u$s 43.600 en 1983. Dicha deuda no tuvo como contrapartida bienes y servicios que se incorporaran al ciclo productivo interno sino que se utilizaron para la especulación y valorización financiera. Basado en cifras del Banco Mundial  Eric Calcagno sostiene que “ En síntesis, puede afirmarse que, con respecto al grueso de la deuda externa existieron en diferentes proporciones, tres grandes causas de endeudamiento: el financiamiento de la exportación (o fuga) de capitales por parte de agentes privados, nacionales y extranjeros (44%), el financiamiento del pago de intereses a la banca extranjera (33%) y la compra de material bélico por parte de las fuerzas armadas y otras importaciones no registradas (23%).” (La perversa deuda externa. Ed. Legasa) 

 

Este nivel de endeudamiento derivó en la primera crisis de la Deuda Externa, y en el período de mayor inflación que ha sufrido la Argentina durante el siglo XX. Sus secuelas, con corridas cambiarias y fuga de capitales, se prolongaron hasta la hiperinflación de julio de 1989, (IPC) 196,6 % mensual, que terminó desestabilizando al gobierno democrático y con la renuncia anticipada del presidente Alfonsín.


Entre 1991 y 2000, ha crecido a una tasa próxima al 12,5 % anual, ritmo de acumulación que supera con creces las más optimistas tasas de crecimiento del producto. Considerando que la única fuente genuina para afrontar los compromisos en moneda extranjera es la disponibilidad de divisas y que esta depende del nivel de exportaciones de la Nación y de sus reservas internacionales, la comparación relevante resulta el crecimiento de la deuda con el crecimiento anual de las exportaciones, éstas crecieron al 5,1% anual entre 1990 y 2000, período de gran apertura económica, con reducción y simplificación arancelaria y puesta en funcionamiento del Mercosur, durante el cual las exportaciones argentinas pasaron de u$s 9.000 millones a más de u$s 25.000. Sin embargo la significación del esfuerzo de apertura no se compatibiliza con el crecimiento del endeudamiento, que como se observa al comparar las tasas de crecimiento de la DEA con las de las exportaciones y del PBI,  supera ampliamente las posibilidades de pagos del "principal".

 

Hasta fines de 1998, paralelamente al aumento en la magnitud de la deuda, su estructura se modificó en forma sustancial, observándose un gradual y creciente predominio de fuentes crediticias privadas, en comparación con la contraída con gobiernos, organismos multilaterales y otros acreedores oficiales y también se produjo un acortamiento de los plazos de vencimiento. La disminución de la participación del crédito institucional a favor de una mayor gravitación del sistema financiero privado condujo a aumentar el grado de vulnerabilidad externa y el riesgo cambiario.


Esto se hizo manifiesto a partir de fines de 1998, ante la recurrente necesidad de renovación de préstamos y una perspectiva de eventual insuficiencia de ingreso de capitales, las condiciones para recurrir al  influjo de capitales financieros se agravaron derivando en pronunciados aumentos de las tasas de interés y el inicio de una prolongada recesión que perdura hacia mediados de 2001.

 

La vulnerabilidad financiera argentina se profundizó provocando mayor dependencia del mercado de capitales y aumentos de endeudamiento,  a pesar de una asistencia creciente de los organismos multilaterales que entre 1998 y principios de 2001 incrementaron sus créditos en más del 40%.


En consecuencia el endeudamiento demuestra una creciente proporción de  créditos de refinanciamiento con empinamientos en las tasas de interés que denota un  aumento en la desconfianza por la estabilidad cambiaria y se refleja en nítidos aumentos en el costo del crédito (Cuadro 2.1 Spreads de mercados emergentes o riesgo país), y lo que es más grave aún: la utilización de estos recursos financieros de corto plazo para el arbitraje de intereses y la especulación cambiaria.

 

También el cambio en la estructura y perfil de vencimientos de la deuda se explica por la necesidad de atender el pago de amortizaciones e intereses de deuda de próximo vencimiento, para ello se debió recurrir a créditos "puente" condicionados a programas de ajuste o firmar acuerdos de refinanciamiento con acreedores privados en condiciones mucho más duras que las originales, que en varios casos son   ilegales (por encontrarse fuera de las facultades concedidas al PEN por ley 24156) y con tasas de interés inéditas al límite de la usura, como los canjes de títulos realizados a partir de 1999 y el megacanje de junio de 2001, de los que se expondrá más adelante.

 

Cuadro 2.1                                                                                                              

Spreads de mercados emergentes                                                                    

Indicadores J. P. Morgan - En puntos básicos                                                      

                                                                                                                                 

                      EMBI            EMBI+         Argentina    Brazil           Mexico           Venezuela

31/01/2000    902               904               594               752               433                  913

29/02/2000    817               816               548               689               353                  813

31/03/2000    814               798               568               679               354                  879

28/04/2000    791               708               572               742               385                  952

31/05/2000    873               784               703               797               434                  980

30/06/2000    797               702               687               726               353                  869

31/07/2000    761               682               652               716               360                  855

31/08/2000    712               643               686               657               326                  787

29/09/2000    761               677               673               707               316                  797

31/10/2000    835               745               816               767               364                  862

30/11/2000    903               805               855               818               377                  895

28/12/2000    855               755               765               744               383                  954

31/01/2001    765               674               670               681               370                  846

28/02/2001    844               748               803               753               425                  852

30/03/2001    874               784               945               814               424                  880

30/04/2001    884               787               1042             821               366                  826

31/05/2001    854               745               981               857               327                  844

29/06/2001    807               745               1025             841               304                  847

30/07/2001    925               928               1550             965               351                  903

 

 

Fte. Elab. Propia en base a MECON - Información Económica Trimestral

 

 

13.1.3. LOS DETERMINANTES INTERNOS Y EXTERNOS DE LA ACUMULACIÓN DE LA DEUDA

 

Existen tres determinantes primarios, que explican la necesidad del crédito exterior que se sintetizan en las necesidades de crecimiento de las economías y de progreso social de las naciones:

1)   el desequilibrio de las cuentas públicas debido al exceso de las erogaciones fiscales sobre los recursos gubernamentales, denominado déficit fiscal.

2)   el déficit de las cuentas externas, derivado por una parte del exceso de las importaciones de mercaderías sobre las exportaciones y por otra debido al desequilibrio estructural de las transacciones de servicios entre los que se incluyen fletes, seguros, turismo, royalties, a los que se adicionan los servicios financieros como los intereses de la deuda y las transferencias netas de utilidades de  las empresas y particulares extranjeros radicados en el país, denominado déficit de Cuenta Corriente y

3)   la insuficiencia estructural del ahorro nacional para atender las demandas de inversión pública y privada que motorizan el crecimiento de la economía. En países periféricos la escasez de capitales para la realización de inversiones productivas ha sido una nota dominante en las últimas décadas, sin embargo es poco estudiado el fenómeno de la fuga o exportaciones de capital desde los países emergente hacia los países centrales o desarrollados.

 

El conjunto de estos determinantes primario constituye la base de la inconsistencia macroeconómica que afecta a la mayoría de los países endeudados, esta suele explicarse como un exceso en la absorción de recursos por encima de las posibilidades del producto nacional.

 

La existencia del déficit fiscal y el déficit de la cuenta corriente exceden capacidad del ahorro interno para atender las demandas de inversión de la economía, restringiendo seriamente las posibilidades de crecimiento económico que en consecuencia dependerán del influjo de capitales externos y mayor endeudamiento. Dada esta condición, la única posibilidad de recomponer el equilibrio macroeconómico es recurrir al aporte del ahorro externo para conseguir un sendero de crecimiento económico con niveles de empleo acordes con armonía social.

 

La persistencia de estos tres desequilibrios determina la acumulación del endeudamiento externo, ante dificultades de acceso al crédito externo y/o restricciones a la inversión externa directa, una recomposición del equilibrio macroeconómico resulta en abruptos ajustes del gasto, reducción del consumo e importaciones e interrupciones del crecimiento económico con caídas del ritmo de actividad y del empleo, con todas las consecuencias sociales que ello implica.

 

 

13.1.3.1. ¿Es el déficit fiscal un factor determinante en la acumulación de la deuda?

 

A principios de los noventa, Argentina inició un fuerte proceso de reforma y ajuste estructural de su economía. La necesidad de recomponer el equilibrio macroeconómico para combatir y exterminar la hiperinflación, implicaba también un importante esfuerzo para eliminar el déficit fiscal que durante la década anterior oscilaba en el 6 al 8% del PBI. Para ello se realizaron ajustes que significaron:

·         una profunda reforma del Estado;

·         la privatización de bancos y empresas estatales ;

·         mayor apertura de sus mercados a la competencia externa,

·         la transformación del Sistema Nacional de Seguridad Social y

·         la desregulación del sistema jurídico laboral.

 

El déficit fiscal se redujo abruptamente, pasando del 6 % del PBI a superávit del 1,1% del PBI. Es posible que la Argentina haya sido él "mejor y más disciplinado alumno" de los consejos y recomendaciones de los Organismos Financieros Internacionales en materia de Ajustes Estructurales.

 

Entre 1990 y 2000 el balance fiscal como porcentaje del PBI se mantuvo en márgenes absolutamente razonables, oscilando entre superávit del 1,2% y déficit máximo de 2,6% en 1999.

 

Entre 1993 y 2000, el gobierno nacional obtuvo un superávit primario acumulado (ingresos totales menos gastos primarios, que excluyen el pago de intereses) de casi $19.200 millones. Sin embargo, al considerar los intereses de la deuda externa que crecieron en ese lapso desde $2.551,9 millones en 1993 a $9.500 millones en 2000, al 21% anual acumulativo, se observa un resultado acumulado deficitario del orden de los $24.100 millones. (En el mismo período la DEA se multiplicó por 3 y los intereses por casi 4).

 

Es decir, el déficit fiscal acumulado explica solamente el 20% del incremento del endeudamiento externo argentino. Por oposición, son los intereses crecientes de la DEA los que explican la existencia de déficit fiscal.

 

Cuadro 3.1.1.

 

                    SECTOR PUBLICO NACIONAL  NO FINANCIERO                                                       

                                                                                                                          

                                                                                                                          

                    RESULTADOS ACUMULADOS  1993/2000  En millones de pesos corrientes.         

                                                                    .                                                   

 Déficit  Total Acum. 1993/2000                    (24.103,4)                                                                          

Intereses Deuda Externa Acumulado     1993/00                  43.264,7                                                    

                                                                                                                                                                 

 SUPERÁVIT PRIMARIO (excluye pagos por intereses DE)                                19.161,3                                   

                                                                                          

Fte. Elaboración propia en base a MECON - Infoormación Económica Trimestral

 

 

Si bien los niveles de gasto público primario para el período 1993/00, se incrementaron en un 19% en valores corrientes (2,53% a.a.), el gasto público en términos del PBI se mantuvo constante en torno al 19%. En cambio los intereses de la DEA se triplicaron, pasando de representar el 1,1% del PBI en 1993, al 3,4% en 2000.

 

Por otra parte, después de las profundas reformas realizadas, la rigidez del nivel del gasto público a la baja se hace extrema y en consecuencia el mínimo gasto público para atender la marginación social, salud, educación, vivienda, previsión social, genera desequilibrios fiscales estructurales.

 

Así, la rigidez que la satisfacción de las mínimas necesidades sociales impone, convierte al nivel del gasto público en un parámetro estructural cuya reducción se torna virtualmente imposible. Cualquier disminución comienza por la detención y diferimiento de las erogaciones por obras y trabajos públicos de altísima prioridad, con los consecuentes costos sociales que ello acarrea. Entre 1993 y 2000 los gastos para inversión pública se redujeron en un 23%.

 

Una reducción de los gastos corrientes sólo se consigue a costa de disminuciones del salario real de los trabajadores del estado, disminución de la planta de personal y de los programas de asistencia al desempleo o de la seguridad social, agravando la problemática social e incrementando las tensiones políticas. En 2000, la administración nacional, redujo los gastos corrientes por remuneraciones a niveles inferiores en un 10% a lo pagado en 1993.

 

Como quedó demostrado el SPN no F tiene superávit primario, el resultado deficitario se explica exclusivamente por la necesidad de atender el pago de los intereses de la Deuda Pública. El objetivo planteado de Déficit Cero implica, después de tres años de recesión, equilibrar abruptamente el resultado fiscal, para no incrementar el ya desbordado endeudamiento externo. La existencia del déficit deviene de la necesidad del SPN no F de obtener, al menos, las divisas necesarias para el pago de los intereses en moneda extranjera, es decir, el equilibrio de las cuentas fiscales nacionales sólo garantiza que el Estado Nacional no incurra en endeudamiento adicional. Aún más, si se obtuviera un superávit presupuestario este sería en pesos moneda nacional y de todas maneras habría que conseguir las divisas necesarias para el pago de los intereses y para ello no queda otra alternativa que recurrir al crédito externo, dado el precario superávit de las exportaciones sobre las importaciones del balance comercial.

 

13.1.3.2. El Déficit Comercial Externo y su impacto sobre la deuda

 

El segundo aspecto de significación que contribuye al desequilibrio estructural que alimenta la necesidad de financiamiento externo, se vincula con las relaciones comerciales internacionales. La existencia y persistencia de un déficit estructural de Balance Comercial, implica necesariamente recurrir al financiamiento externo del exceso permanente de importaciones sobre exportaciones.

Si bien la Argentina no puede ser considerado un país abierto a los mercados internacionales,- su coeficiente de apertura económica no ha superado en el último cuarto de siglo el 20% del PBI-, ni tampoco su participación en el comercio mundial puede ser considerada relevante, -no alcanza al 1% del total universal-, la importancia de las relaciones comerciales internacionales y su impacto en el desarrollo económico no puede dejarse de lado.


Después de la primera crisis de la DEA, también ha producido un cambio significativo en el frente externo comercial. Hacia el último cuarto de siglo el modelo de desarrollo económico basado en la sustitución de importaciones y protección a la industria incipiente con un grado relativamente alto de autarquía mostraba signos de agotamiento. El persistente signo negativo del intercambio de bienes y servicios reales motivado por la necesidad de inelásticas importaciones de bienes de capital, insumos y partes industriales, compensadas insuficientemente por exportaciones de comodities de origen agropecuario con bajo valor agregado, explicaba las recurrentes crisis del sector externo y de balance de pagos que reiteradamente se desencadenaban interrumpiendo el crecimiento sostenido.


No ha sido ajeno a ello el fenómeno conocido como "deterioro de los términos del intercambio", ampliamente conocido y estudiado en Latinoamérica cuyo impacto ha sido más notorio en economías muy especializadas con monocultivos.

 

Las exportaciones excesivamente concentradas en productos primarios (commodities) con bajo valor agregado, en los que los países exportadores usualmente tienen poco poder de mercado y son tomadores de precios en mercados de alta volatilidad, sumado a importaciones no sustituibles  de productos diferenciados de las que dependen el avance tecnológico, productividad (bienes de capital, intermedios e insumos básicos) y nivel de bienestar (alimentos con valor agregado, medicamentos, productos químicos básicos, etc.) generaban condiciones de vulnerabilidad externa que deberían ser modificadas.


El avance hacia la integración regional y una mayor apertura comercial al influjo de la globalización financiera y el "consejo" de los organismos multilaterales se impuso como alternativa superadora.

 

La reducción y unificación arancelaria, desregulación aduanera y liberalización del comercio fueron componentes de las recomendaciones y condicionamientos para la renegociación de la DEA.

 

A partir de 1990 el comercio comenzó a recuperarse y durante los primeros años los resultados parecieron promisorios. Sin embargo, pronto la situación se revirtió. Si bien las exportaciones crecieron hasta más que duplicarse, las importaciones se multiplicaron por 6. Nuevamente la necesidad de financiamiento reapareció. La apertura también incentivó las facilidades financieras a las importaciones argentinas por parte de los países Exportadores agravando el endeudamiento. Las corrientes comerciales parecen ser una autovía de mano única.


Por otra parte, no sólo la mayor apertura comercial y el deterioro de los términos del intercambio explican el déficit comercial y el concomitante aumento del endeudamiento.

 

Otro aspecto también vinculado con el intercambio comercial tiene gran significación, la apertura comercial de la Argentina y muchos países en desarrollo no enfrentan una "política espejo" de los países centrales en sus esfuerzos por incrementar y liberalizar el comercio. El proteccionismo de los países centrales se observa en el problema de los subsidios. En particular a la producción primaria agrícola ganadera. Para comprender la importancia del problema, basta observar la significación de las exportaciones del complejo agro-industrial argentino. En 1998 el 62% de las exportaciones totales --u$s 16.000 millones-- provinieron de la producción primaria y de las manufacturas de origen agropecuario. Los subsidios agrícolas están distorsionando el mercado hoy más que nunca. Los países centrales están gastando 360 mil millones de dólares en subsidiar a sus productores. En treinta años las exportaciones argentinas de alimentos se duplicaron, mientras las exportaciones argentinas de alimentos a la Unión Europea sólo lo hicieron un 7% durante los mismos treinta años. La UE creó una política agraria común que percutió básicamente en cereales y carnes, que eran los grandes productos de exportación de la Argentina.


Una estimación conservadora del perjuicio a la Argentina, medida por la descapitalización de nuestro campo a raíz de esta política es de 70 mil millones de dólares. Casi la mitad de la deuda externa argentina. Otra medición de los perjuicios ocasionados por los subsidios, es la reducción de ingresos de divisas por exportaciones agrícola que algunas fuentes estiman en 4.000 millones de U$S por año y  de acuerdo a lo manifestado por el representante argentino en la reunión del GATT de 1992 si no hubiera existido estas políticas la Argentina no tendría deuda externa. La agricultura demanda imperiosamente la normalización del comercio agrícola, es la Cenicienta del comercio mundial, es el único sector que no tiene reglas completas dentro de la Organización Mundial de Comercio. OMC.


El impacto de los servicios de la deuda, -amortizaciones más intereses- se refleja en un compromiso creciente sobre la posición de divisas y los ingresos por exportaciones, (en la mayoría de los casos insuficientes), únicos recursos genuinos disponibles para atender importaciones impostergables. Entre 1992 y 1999 el saldo comercial acumulado de Argentina arrojó un déficit de u$s 7.238 millones y el saldo acumulado de Cuenta Corriente alcanzó un déficit de u$s 84.636 millones. Resulta a todas luces clara la imposibilidad de atender el pago de los servicios de la DEA con el producido de divisas de las exportaciones y la necesidad de recurrir a endeudamiento adicional para financiar el pago de los intereses.

 

Para el presente año un cálculo prudencial permite estimar que computando sólo los intereses, estos comprometerán casi la mitad de las exportaciones.

 

Cuadro 3.2.1.

BALANCE COMERCIAL  ARGENTINO

 

                      EXPORTAC.        f.o.b.          IMPORTAC.      f.o.b.                   BALANCE COMERCIAL                       SALDO ACUMULADO         

                                                                                                                            

                                                                                                                            

1992              12.399              13.795             -1.396                -1.396                 

1993              13.269              15.633             -2.364                -3.760                 

1994              16.023              20.162             -4.139                -7.899                 

1995              21.162              18.804             2.358                 -5.541                 

1996              24.043              22.283             1.760                 -3.781                 

1997              26.431              28.554             -2.123                -5.904                 

1998              26.434              29.531             -3.097                -9.001                 

1999              23.309              24.103             -795                   9.796                  

2000              26.410              23.852             2.558                 -7.238                 

                                                                                               

Fte. Elaboración propia en base a MECON - Información Económica Trimestral

 

CUADRO 3.2.2.                                                                            

Indices de valor, precios y cantidad de las exportaciones de bienes

 1993=100                                                                                     

                                                                                                      

Período        Nivel General      Product.                               Primar.      Manuf. Orig. agrop.

                      Indices                Indices                       Indices

                      Precio   Cantid   Precio          Cantid   Precio     Cantid

1993              100,0     100,0     100,0             100,0     100,0        100,0

1994              102,9     117,4     108,3             105,4     102,2        115,2

1995              108,8     146,9     114,4             128,7     103,1        146,9

1996              115,9     156,6     135,8             130,9     108,6        157,5

1997              111,9     180,1     121,0             144,2     109,6        168,4

1998              100,3     201,0     105,6             191,1     101,0        175,9

1999              89,1       199,5     91,9               171,1     82,4          201,7

2000*             98,6       204,2     91,0               182,3     83,6          190,4

 

Fte. Elab. Propia en base a MECON - Información Económica Trimestral

 

 

13.1.3.3. El déficit externo y la cuestión financiera

 

La magnitud del endeudamiento, su estructura de vencimientos y su altísimo costo en intereses constituye un sistema perverso que integra el origen de la DEA, su acrecentamiento y el mecanismo de explosivo del aumento de sus intereses. Este sistema se rige por la lógica de la Usura. Existe usura cuando el acreedor impone al deudor condiciones tales que éste nunca puede dejar de ser deudor, en consecuencia, la deuda se vuelve perpetua y los servicios de intereses inhiben la posibilidad de cumplimiento de la amortización del capital de esa deuda.


La magnitud del endeudamiento, obliga a la Nación a contraer deuda para el pago de los intereses y el eufemismo de "riesgo país" encubre la perversidad del sistema.

 

Argentina debe recurrir a nueva emisión de deuda pagando tasas de interés que duplican o más las tasas de interés internacionales. Durante el primer trimestre de 2001, cuando las tasas de interés internacionales han oscilado entre el 4,5% y 6,0% anuales, Argentina ha emitido obligaciones pagando tasas de hasta el 15% anual.


El país se endeuda hoy - por renovación y por nueva deuda - a un promedio de u$s 2.000 millones de dólares por mes, unos 70 millones diarios. El pago de intereses implica un promedio de gasto público de 27 millones de dólares por día, más de un millón de dólares de intereses por hora que pasa de nuestra vida. Estos intereses son crecientes para los próximos años, estimándose que serán del orden de los 11.200 millones para el 2001 y de 13.000 para el 2002.

 

Obviamente, si apenas llegamos - a costa de sucesivos planes de ajuste fiscal - a pagar estos intereses, nunca vamos a lograr descontar pagos por capital. Por eso hablamos de lógica de la Usura: porque nuestro país, como la gran mayoría de los Estados deudores del mundo, no puede cancelar su deuda y está forzado a refinanciar permanentemente sus vencimientos de capital pagando nuevos y más elevados intereses.

 

13.1.3.4 ¿Insuficiencia de ahorro o fuga de capitales?

 

Una cuestión muy importante, vinculada con la deuda externa y también poco debatida,  es la fuga de capitales de residentes argentinos al exterior. La exportación o fuga de capitales  ha sido una constante  en el comportamiento de los sectores de capital concentrado argentino, salvo en el período más atractivo de las privatizaciones. Esta operatoria que no es necesariamente ilegal pero se presume que una parte significativa de la ella podría considerarse como tal, ha sido hasta el momento poco estudiada y debatida.

 

El endeudamiento externo y la fuga de capitales constituyen aspectos de un mismo proceso, son como dos caras de la misma moneda, ya que por cada dólar que entra vía endeudamiento hay otro que se fuga al exterior. Esta paradoja se verifica en el proceso de endeudamiento de la década de los ochenta como en los noventa luego de las privatizaciones.

 

Como señalara Eric Calcagno:  “Estas fugas de capitales están estrechamente ligadas a la deuda externa, porque fueron posibles gracias al endeudamiento en dólares de las empresas públicas, que ingresaban las divisas sin restricciones en el mercado cambiario y eran vendidas a los particulares para que sacaran del país sus ganancias especulativas o la liquidez que podían haber obtenido: en una segunda etapa, los particulares conseguían nuevos créditos externos con la garantía del depósito bancario de los dólares evadidos y repetían la operación cuantas veces querían” (op. Cit.).

 

Luego de las privatizaciones de los noventa, se retoma decididamente la fuga de capitales y tal como señala Eduardo Basualdo: “El endeudamiento externo y la fuga de capitales en la Argentina constituyen aspectos de un mismo proceso. Ambos se generan a partir de la consolidación de un fenómeno que los precede e impulsa desde de la interrupción del patrón de industrialización sustitutiva que estuvo vigente hasta mediados de la década de los años setenta. Se trata del predominio que ejerce la valorización financiera como eje ordenador de las relaciones económicas”.

 

Para el caso argentino deben reformularse los conceptos básicos de los equilibrios de los agregados macroeconómicos a partir de que : Ahorro = Inversión + Fuga  o mejor  expuesto: Inversión = Ahorro - Fuga. Para una mejor comprensión de este mecanismo se transcribe en la parte II de este informe el trabajo  “ La fuga de capitales en Argentina” de Eduardo Basualdo y Martín Kaufas.  

      

13.1.4.  SU INCIDENCIA EN LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS Y EN LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO

 

Implantación de un modelo económico. La experiencia argentina entre 1975 y 2000. Jorge Schavarzer (a-Z editora).

 

Ya a mediados de la década del ochenta los funcionarios del área económica comenzaron a debatir el problema del tipo de cambio. Desde el punto de vista comercial, la devaluación era necesaria para tener saldos positivos en la balanza comercial (dado que la devaluación alentaba exportaciones y desalentaba importaciones). Pero, desde el punto de vista financiero, los requisitos eran opuestos. La devaluación encarecía el precio de las divisas que el Banco Central debía adquirir para pagar la deuda. Generar «dólares comerciales» se convertía en una carga adicional sobre el presupuesto a medida que esa divisa tenía precios más altos. En consecuencia, los funcionarios comenzaron a buscar un difícil equilibrio entre las demandas comerciales y las necesidades derivadas de la deuda.

 

La alternativa consistía en generar «dólares financieros» que entraran al país a través de mecanismos como los mencionados, en condiciones de una moneda sobrevaluada. La experiencia del Banco Central, en el curso de 1990, había demostrado que se podían conseguir, en un solo año, 5000 millones de «dólares financieros» a precios reales menores que los que abría que pagar si se quería alentar a los «dólares comerciales». La decisión estaba tomada y se consolidó a partir de 1991, con el plan de estabilidad, que nació con un peso sobrevaluado, libremente convertible a dólares.

 

La sobrevaluación de la moneda pasa a modificar positivamente todas las variables que se relacionan con la deuda. Ella reduce el cociente entre el stock y el producto bruto, el costo en pesos de los pagos anuales y el monto que le corresponde dentro del presupuesto nacional. Esos efectos son evidentes. Debido a la nueva tasa de cambio aplicada por el Plan de Convertibilidad, la relación entre stock de deuda y producto cayó del 99% en 1989 a solo el 40% en 1992, a pesar de que ninguna de esas dos variables se modificó substancialmente en términos reales. Un cambio en el mismo sentido se aprecia en el pago de intereses, el que cayó del 8% del producto, a mediados de la década del ochenta, a menos del 2% en 1993. Esa contracción de costos en moneda nacional tuvo un efecto positivo que no puede desdeñarse, sobre el avance del equilibrio del presupuesto a partir de la estabilidad. Dado que el presupuesto nacional está en el orden del 24% del producto, resulta que el pago de intereses cayó del 25% de los gastos totales al 8%, gracias a la modificación del tipo de cambio. Es difícil imaginar otro método que hubiera dado resultados tan efectivos en un plazo tan corto.

 

La sobrevaluación del peso tuvo aun otro efecto apreciable para el programa económico: contribuyó a controlar la evolución de los precios internos de los bienes locales que exigía el Plan de Convertibilidad. La apertura de las importaciones, más una rebaja de las cargas arancelarias, generó una importación de bienes competitivos que amenazaban a la producción local; el atraso cambiario frenó así la conducta tradicional de los empresarios locales, acostumbrados a trasladar sus alzas de costos a los precios de venta.

 

Ese fenómeno es el principal factor que explica la contención de los precios fabriles posterior a la Convertibilidad; también explica la distorsión entre los precios industriales (que no podían subir por esa causa) y los de los servicios (que subían con mayor libertad en la medida que no enfrentaban la competencia externa).

 

Las importaciones totales pasaron de los 4100 millones de dólares registrados en 1990 a 15.000 millones en 1992; el monto total se triplicó solo en dos años, impulsado por la reactivación económica y, sobre todo, por la política cambiaria. Esta última, sin embargo, no afectó a las exportaciones tanto como podría esperarse; las ventas al exterior se mantuvieron en los 12.000 millones de dólares durante ese período debido a la gran rigidez, en el corto plazo, de la mayor parte de dicha oferta, sea agraria o industrial. A consecuencia de esos cambios, la balanza comercial pasó de un superávit de 8.000 millones de dólares en 1990 a un déficit de 3.500 millones en 1993, que tiende a agravarse con el paso del tiempo, dado que las importaciones crecen a mayor ritmo que las exportaciones.

 

En definitiva, la revaluación del peso cumple un role decisivo en un modelo que prioriza el pago de la deuda. Sus efectos en lo que respecta a reducir las magnitudes relativas de dichos compromisos sobre el presupuesto, y el producto (además de los ya mencionados para la estabilidad de precios) resultan más importantes para la política económica que los presuntos estímulos negativos sobre el sector exportador y la dinámica del crecimiento económico. El discurso oficial espera que los exportadores potenciales sean capaces de actuar con el tipo de cambio vigente (que resulta difícil de modificar sin afectar la estabilidad y, más aun, al sistema de flujos financieros en divisas que se convierten libremente a pesos y viceversa) es decir, que se ha pasado de una lógica activa de estímulos para obtener ciertos resultados, a la espera pasiva de un surgimiento espontáneo de los empresarios dinámicos que se acomoden a las condiciones macroeconómicas.

 

El déficit comercial de 3.500 millones de dólares por año se convierte en un déficit global de 11.000 millones de dólares cuando se toman en cuenta los restantes rubros de las cuentas externas (remisión de intereses y beneficios al exterior, más turismo y servicios). Esa diferencia se cubre con los flujos financieros que ingresan al país y que son la única causa que permite sostener el precario equilibrio, cuyas posibilidades de solución a mediano plazo aun no se avizoraron. El  sistema que se implantó para resolver los flujos financieros derivados de la deuda se basa en la repetida multiplicación de esos mismos flujos, con el fin de proponer el problema.

 

En el informe del Banco Morgan, Sustainability of Latin American’s debt (1994) se señala que esta nueva disponibilidad de financiamiento externo ofrece a los países endeudados la «oportunidad de desarrollar sectores competitivos» para exportar.

 

Si esto no sucede, agrega, «en algún momento los países podrían volverse vulnerables a un cambio repentino en las preferencias de los inversores». Se deduce claramente que la crisis de la deuda no ha terminado para los países como Argentina y que una nueva crisis puede acontecer si el tiempo ganado no se utiliza para la transformación de la estructura productiva.

 

La estrategia argentina es presentada en los foros mundiales como un «modelo» de política de adaptación exitosa realizada en base a recomendaciones ortodoxas. Estas suponen, en definitiva, la creación de un mercado que debe regular la conducta de todos los agentes económicos, en lugar del estado, que es considerado incapaz de desempeñar esa tarea. Ese mercado ideal debe dar las señales adecuadas, entre las cuales se incluye el tipo de cambio, y contribuir a regular la conducta de los agentes en busca de las condiciones de equilibrio dinámico deseadas.

 

Aun dejando de lado la polémica sobre la validez real de esa propuesta, cabe señalar que la estrategia argentina no siguió esos postulados teóricos. Las semejanzas formales, o de menor importancia, disimulan diferencias centrales en la estrategia aplicada. La adaptación a las exigencias de la deuda llevó a priorizar políticas que resultan, en esencia, contrarias a los postulados lógicos de aquel modelo; el fortalecimiento de los oligopolios en el mercado interno de servicios (protegido de la competencia externa) más las medidas que generaron un fuerte desequilibrio de la balanza de pagos son ejemplos de fallas «sistémicas» originadas en las prioridades que se establecieron. El «modelo» no está basado en el desarrollo de la actividad productiva, sino en la hipertrofia de un orden financiero que arroja grandes beneficios a quienes se ubican en las posiciones estratégicas para captarlos. La correlación entre esa lógica y los criterios y objetivos de la alianza en el poder permite comprender el fenómeno.

 

 

13.II. LA RELACION ENTRE LA FUGA DE CAPITALES Y LA DEUDA EXTERNA: UN DÓLAR DE  DEUDA, UN DÓLAR DE FUGA.

 

INTRODUCCIÓN: el debate a principios de los noventa.

 

A fines de la década del ochenta, cuando nuestro país transitaba por un periodo de severa crisis, se realiza un importante encuentro, en el Consejo Argentino de Relaciones Internacionales CARI, acerca del diagnóstico y propuestas económicas. Allí se debatieron los fundamentos de las políticas de reforma económica que luego se implementarían a lo largo de la década siguiente y las conclusiones se publicaron bajo el título de  El financiamiento argentino durante la década de 1990.

 

El trabajo es claramente revelador a la hora de hacer un balance de los resultados de las políticas que posteriormente se impulsaron. Debe destacarse que el eje del debate estaba correctamente planteado, ya que se abordaba el problema clave del financiamiento externo: la deuda externa y la fuga de capitales, pero las propuestas hicieron solo hincapié en las reformas del sector público ( que luego efectivamente se concretarían y asombrosamente para muchos) y poco o nada sobre las modificaciones en las conductas de un sector privado rentístico y prebendario.

 

La cuestión de la “fuga de capitales” es abordada en dos ponencias: “Salida y repatriación de capitales argentinos” por Javier González Fraga y “Capitales en exterior de residentes argentinos, fuga y “retrociclaje” por  Osvaldo R. Agatiello.

 

La primera ponencia señala que “los cálculos más conservadores indican que desde 1975 salieron del país una cifra mínima de aproximadamente 30.000/35.000 millones de dólares,...otros cálculos basados en estimaciones del  Morgan Guarantee Trust y del FMI, elaborados por Intrados Group , indican un monto máximo equivalente a más de 50.000 millones de dólares actuales..., el monto de capitales expatriados representa más del 75 % de la deuda externa”. Las causas de este fenómeno “está mas relacionada con las condiciones estructurales de la economía argentina: altos niveles de inflación, variabilidad de las reglas de juego, estancamiento y ausencia de un clima propicio para las inversiones”...”esta salida de capitales tiene una estrecha relación con el modelo de economía cerrada  que imperó en la Argentina en las últimas décadas”...”debemos entender que los capitales de los argentinos no vendrán mientras no recuperemos el crédito internacional mediante un arreglo definitivo de la deuda externa”.

 

“El proceso de salida que tuvo lugar entre 1980 y 1981 y que alcanzó a 10.000 M U$S aproximadamente, tuvo lugar simultáneamente con un fuerte endeudamiento del sector privado. Esta simultaneidad no es casualidad, sino que se trata de tres procesos íntimamente ligados entre sí. Los dólares que el sector privado giraba al exterior eran en parte abastecidos por el endeudamiento externo del sector público. Los pesos que recibía el sector público a cambio de aquellos dólares eran gastados en la compra de bienes y activos del sector público, o simplemente en déficit fiscal. Así el sector privado se achicaba frente al sector público en el país, remitiendo al mismo tiempo al extranjero sus ahorros/ ganancias provenientes del crecimiento del sector público. Las subsiguientes devaluaciones más la nacionalización de la deuda externa privada terminaron por quebrar al Estado  y provocar una enorme transferencia patrimonial para el sector privado. Si queremos revertir el proceso de salida de capitales debería implementarse un proceso de privatizaciones y de capitalización o recompra de la deuda externa. Una repatriación de capitales privados sin la transferencia de activos en poder del Estado sería muy inflacionaria, lo mismo que un proceso de capitalización de deuda o su compra anticipada por parte del gobierno. A su vez una capitalización de la deuda sin la participación del sector privado representaría una desnacionalización de la economía inadmisible desde el punto de vista político. Aún más podría decirse que si se implementa un proceso de capitalización de la deuda externa aplicado a activos públicos, la repatriación de capitales privados sería  la consecuencia más o menos inmediata ”.

 

“En conclusión, podemos afirmar que la salida de capitales originada en la situación macroeconómica es otra manifestación de los desequilibrios que produce el agotamiento del modelo cerrado que inspiró la economía en las últimas décadas. Si bien es impensable que estos ahorros vuelvan en su totalidad, cabe estimar que una buena proporción de ellos podría volver, por voluntad o necesidad si se introducen las reformas que reduzcan el tamaño y la ineficiencia del sector público, y hagan al sector privado más competitivo.”

 

Osvaldo Agatiello sostenía que “en los países en desarrollo más avanzados, en los que parecería que la fuga de capitales se ha vuelto endémica- Argentina, Filipinas, México, Nigeria, Venezuela-, no es necesario probar que la adquisición de una deuda externa monumental no solo financió consumo insostenible y malos proyectos de inversión, sino también, característicamente corrupción rampante”. Básicamente propone para revertir las fugas dos alternativas:

·         una la de poner una “zanahoria” a los inversores: estableciendo políticas macroeconómicas coherentes y persistentes, ofreciendo blanqueos y conversiones de deuda exterior por inversión directa, recurriendo a la emisión de bonos en mercados internacionales de capitales dirigidas a sus expatriados y promover una oferta variada a la inversión local.  

·         la otra: recurrir a la política del garrote, que exigiría fiscalizar las inversiones externas de los nacionales argentinos para verificar la consumación de ilícitos cambiarios y tributarios. Esto se enfrenta, entre otros muchos inconvenientes, a dos impedimentos formidables. Por un lado las “leyes de bloqueo” de una centena de jurisdicciones ( incluidas Alemania Occidental, Austria, Canadá, EEUU, Francia, Gran Bretaña, Holanda, Suiza y numerosos paraísos fiscales), que prohiben en principio la revelación, copia, inspección o entrega de documentos confidenciales, generalmente financieros. (La Convención sobre aceptación de Depósitos y uso del secreto bancario entre el Banco Central y la asociación de banqueros suizos, prohibe la apertura y administración de cuentas y depósitos sin identificación del beneficiario así como la intermediación activa en casos de fraude fiscal y fuga de capitales).

 

Mas adelante señala: “la integración de lo financiero en la economía nacional de los bienes y los servicios ha desdibujado la divisoria que separa las transacciones que procuran superar los impedimentos gubernamentales a la conducción eficiente de los negocios, de los componentes económicos de actividades decididamente criminales, como son el terrorismo, la prostitución, el juego y el tráfico clandestino de estupefacientes y armamento, por ejemplo. Aunque la fuga de capitales generalmente no se ubica junto a estas ultimas la economía subterránea se fortalece porque hay un tejido social gigantesco que le provee aprobación y servicios de apoyo. Y preocupa tanto a los países industriales como a los demás el uso de instituciones comerciales y bancarias con fines ilegítimos, no solo porque debilita sus sistemas tributarios, porque fertiliza los negocios criminales de gran escala, y porque corrompe la moral pública y la privada, sino también porque desarticula la red de seguridad en la que se asientan el comercio y las finanzas mundiales... Todo argentino que valora la libertad política tanto como la seguridad financiera es un producto social no fungible y su primer deber social es conservar la comunidad. Esa es la mejor justificación para los impuestos directos y para integrar al patriotismo al análisis económico. En ese sentido, una vez recuperado un orden económico ampliamente aceptado, la fuga de capitales importa la violación de un pacto social implícito, sea la conducta que la origina decidida o potencialmente ilegal, cuestionable o meramente irresponsable.

 

Pero al margen de considerar que la fuga de capitales sea buena o mala, un mecanismo equilibrador o disruptivo, causa o síntoma de los males económicos profundos, no puede haber dudas en cuanto a que se trata de una cuestión global y prioritaria. Global, porque su solución requiere decisiones macroecómicas sustantivas, así como cooperación internacional, y prioritaria, porque es condición, más que consecuencia, de toda solución seria al problema de la deuda externa.” 

 

Para analizar si se ha cumplido o no ese “pacto implícito”, se transcribe un informe sobre la fuga de Capitales en la Argentina, donde se demuestra que a pesar del nuevo entorno generado por las transformaciones estructurales de la economía argentina de los noventa, el mecanismo perverso de un dólar de deuda por un dólar de fuga, no solo no se ha detenido sino que por el contrario se ha agudizado. 

 

Extractado de LA FUGA DE CAPITALES EN LA ARGENTINA

Eduardo M. Basualdo y Matías Kulfas

 

13.II.1. NATURALEZA Y SIGNIFICADOS DE LA FUGA DE CAPITALES

 

La vertiginosa expansión del endeudamiento externo de los países latinoamericanos en las últimas décadas ha concitado la atención de amplios sectores sociales. Sin duda, la preocupación principal está centrada en que la creciente salida de capitales para saldar los intereses y las amortizaciones devengados opera como una severa restricción a la formación de capital y al desarrollo económico. En contraposición, la fuga de capitales locales al exterior ha sido y es poco tratada, a pesar de que su crecimiento es notablemente acentuado y a que, por su naturaleza, es una parte constitutiva, y muy significativa, de la problemática de la deuda externa de la región.

 

La fuga de capitales locales tiene lugar cuando los residentes de una economía remiten fondos al exterior para realizar diversas inversiones y adquirir activos que pueden ser físicos (inversiones directas, etc.) o financieros (títulos, acciones, depósitos, etc.). No se trata de una operatoria necesariamente ilegal (aunque presumiblemente una parte significativa podría considerarse como tal), sino de la transferencia de capital líquido hacia el exterior para realizar inversiones directas, o adquirir títulos, acciones, e inmuebles, o  efectuar depósitos bancarios. A esta forma de fuga de capitales se le agrega la salida de capitales mediante los denominados “precios de transferencia” y los “créditos intrafirma”, que fueron (y siguen siendo) mecanismos tanto de remisión de utilidades como de elusión y evasión impositiva utilizados por los distintos capitales extranjeros para incrementar su rentabilidad y facilitar la remisión de utilidades a sus respectivas casas matrices. En la actualidad esta operatoria también es utilizada por los capitales locales con inversiones directas en el exterior.

 

En los grandes centros capitalistas, la realización de inversiones en el exterior -tanto directas como de cartera o especulativas- resulta habitual, y ello se explica tanto en función de la saturación de los mercados locales como de la búsqueda de rentas extraordinarias y la apropiación y el aprovechamiento de recursos naturales, mercados y mano de obra de bajo costo en países periféricos. En estos últimos, la escasez de capitales para la realización de inversiones productivas ha sido una nota dominante en las últimas décadas. De allí que la salida al exterior de los recursos existentes en los países periféricos sea, en principio, un fenómeno sorprendente y, por lo tanto, particularmente importante de examinar.

 

El endeudamiento externo y la fuga de capitales en la Argentina constituyen aspectos de un mismo proceso. Ambos se generan a partir de la consolidación de un fenómeno que los precede e impulsa desde de la interrupción del patrón de industrialización sustitutiva que estuvo vigente hasta mediados de la década de los años setenta. Se trata del predominio que ejerce la valorización financiera como eje ordenador de las relaciones económicas. Por cierto, la misma no alude únicamente a la importancia que adquiere el sector financiero en la asignación del excedente sino a un proceso más abarcativo que revoluciona el comportamiento microeconómico de las grandes firmas y que consiste en la inédita e inusitada importancia que adquiere en ellas la colocación de excedente en una amplia gama de activos financieros (títulos, bonos, depósitos, etc.) tanto en el mercado interno como internacional y, en un sentido más amplio, en la realización de ganancias articuladas con el funcionamiento del sistema productivo.

 

Una de las manifestaciones de la valorización financiera consiste en la notable importancia relativa que adquieren los activos financieros respecto a los activos físicos en las grandes firmas, especialmente en aquellas que son oligopólicas en la producción industrial. Al respecto, es relevante recordar que mientras en la etapa sustitutiva era un fenómeno prácticamente inexistente, durante los primeros años de la década de los ochenta los mismos representaban más del 50% de los activos totales de las grandes firmas (Damill y Fanelli, 1988) y en los últimos años de los años noventa superan el 30% (Indec, 1999), a pesar de que entre ambas fechas media una monumental transferencia de activos físicos estatales al capital concentrado local (privatización de las empresas públicas). Otra manifestación de la notable importancia que asume la valorización financiera en la Argentina es la propia fuga de capitales locales al exterior. En este sentido, también es relevante recordar que a mediados de la década de los setenta (1975) los capitales locales en el exterior sumaban menos de 5,5 miles de millones de dólares, mientras que a fines de los noventa (1999) superaban los 115 mil millones de dólares. Incorporar informe de J.P. Morgan.

 

El endeudamiento externo y la fuga de capitales locales al exterior forman parte de un mismo fenómeno porque el primero de ellos ha operado como una masa de capital valorizable para los grupos económicos y las empresas transnacionales que concentraron el grueso de la deuda externa privada. Dicha valorización ha sido posible por las diferencias que se establecieron a favor de la tasa de interés interna (a la cual se colocaban el dinero) respecto a la internacional (a la cual se tomaban los créditos en el exterior), y a que el endeudamiento estatal en el mercado financiero impedía la reducción de la primera de ellas. De esta manera, el capital concentrado local se apropia de una ingente masa de excedente que proviene de la notable pérdida de ingresos que soportan los asalariados a partir de la instauración de la dictadura militar.

 

Por otra parte, no menos importante es recordar que los recursos locales invertidos en el exterior traen aparejados la generación de cuantiosas rentas para sus propietarios. Las mismas, al no ser consideradas en las habituales estimaciones de distribución del ingreso, conllevan una subestimación de la regresividad existente, la cual de por sí se ha acentuado notablemente a partir de la última dictadura militar.

 

En términos históricos, la deuda externa y la fuga de capitales comenzaron a adquirir dimensiones significativas a fines de los años setenta, específicamente cuando la reforma financiera instrumentada por la dictadura militar en 1977 confluye con la apertura externa en el mercado de bienes y de capitales. La peculiaridad de entonces fue que dicho proceso tuvo lugar en un marco de generalizado endeudamiento externo motorizado -principalmente- por el sector privado y que -como se puede deducir del Gráfico 1- se verificó el siguiente fenómeno: por cada dólar que entraba vía el endeudamiento externo había otro que se fugaba al exterior. Con posterioridad a la crisis financiera de 1981 y al estallido de la crisis mexicana de 1982, el Estado argentino se hace cargo de una parte significativa de la deuda externa privada a través de la instrumentación de los seguros de cambio. Por lo tanto, en esos años el endeudamiento externo no sólo sirvió para financiar la fuga de capitales sino que, asimismo, el Estado, al estatizar la deuda externa privada, efectuó una transferencia de recursos hacia el capital concentrado sin contrapartida alguna.

 

Posteriormente, en los años ochenta la escasez de divisas y de crédito externo, así como la necesidad de afrontar el pago de los servicios de la deuda, llevaron a aplicar restricciones sobre las disponibilidades de moneda extranjera, desacelerándose entonces -en buena medida- la fuga de capitales. Tal proceso se reanudó en los últimos meses del gobierno radical, alcanzando un pico significativo en un marco de “corridas financieras” y el estallido de la crisis hiperinflacionaria.

 

A partir de la implementación del programa económico de ajuste estructural realizado por el nuevo gobierno del peronismo, y en el marco de un proceso de privatizaciones caracterizado por la conformación de consorcios donde confluyen las distintas fracciones del capital concentrado local (grupos económicos locales, operadores transnacionales y bancos extranjeros acreedores), se produce un proceso de repatriación de capitales, es decir, una parte de los capitales fugados regresó al país para adquirir las empresas estatales e integrarse al negocio de las privatizaciones. Pero la repatriación de capitales, contrariando las previsiones del gobierno, duró poco tiempo, y a partir de 1993 se inició una nueva fase de fuga de capitales que hasta el día de hoy prosigue, y que en la actualidad supera los 115 mil millones de dólares acumulados (Gráfico 1).

 

Al igual que a fines de los años setenta, dicho proceso se ha registrado simultáneamente a una nueva fase de endeudamiento externo, tanto del sector público como del privado y, casualidades (o causalidades) al margen, cada dólar de endeudamiento externo tiene como contrapartida -aproximadamente- otro dólar que se ha fugado al exterior.

 

De esta manera, la fuga de capitales ha pasado a constituir parte integrante de la lógica de acumulación del capital concentrado interno. Sin embargo, durante la década de los noventa la salida de capitales locales al exterior se vuelve más compleja y cobra forma progresivamente (Basualdo, 2000b). Por cierto, durante estos años una parte significativa del endeudamiento externo privado se valorizó internamente sobre la base de dos condiciones básicas, semejantes a las vigentes en la etapa anterior: la diferencia a favor de las tasas de interés internas respecto a las internacionales, y el seguro de cambio que supone el régimen de convertibilidad. Sin embargo, también es cierto que una parte del endeudamiento externo se destinó a financiar las actividades y la expansión de las grandes firmas oligopólicas. Teniendo en cuenta las dos funciones que cumplió históricamente el endeudamiento de las firmas, se podría sostener que la situación actual combina lo que ocurrió en la sustitución de importaciones -en que el endeudamiento interno se destinaba a financiar el capital de trabajo y la inversión de las firmas- con el comportamiento de la década de los ochenta -donde el destino primordial del endeudamiento fue la obtención de rentas financieras-.

 

 

En este contexto, es relevante tener en cuenta que aun la parte del endeudamiento que se destinó a financiar parte del capital de trabajo, y especialmente a incrementar sus activos mediante las fusiones, adquisiciones de empresas y nuevos negocios, cumplió un papel insustituible para la vigencia de la valorización financiera, porque les permitió a esas empresas disponer del capital propio para otros fines. Esta función indirecta que cumplió el endeudamiento externo destinado a financiar el capital de trabajo y la expansión de las grandes empresas es nueva -no existió en la sustitución de importaciones- y les permitió a los sectores dominantes, especialmente los grupos económicos locales, orientar el capital propio a la valorización financiera en el exterior, característica que parece ser sumamente importante en los consorcios que prestan los servicios públicos, porque son los de mayor rentabilidad de la economía argentina.

 

A estos dos procesos -endeudamiento externo y destino de las utilidades- se les agregó, en los últimos años, la venta de empresas propias y participaciones accionarias en las firmas privatizadas por parte, sobre todo, de los grupos económicos. Si bien la venta de activos responde a un conjunto de factores entre los cuales se contaron los ya mencionados, hay otros que parecen haber ejercido una influencia significativa y están vinculados con la valorización financiera. A este respecto, cabe recordar que los consorcios privados -constituidos en la mayoría de los casos por grupos económicos, conglomerados extranjeros, empresas y bancos transnacionales- se hicieron cargo de las empresas públicas pagando precios subvaluados y con un alto componente en bonos de la deuda externa. Por otra parte, la transferencia de empresas monopólicas u oligopólicas con mercados cautivos fue acompañada por marcos regulatorios que por su precariedad, en algunos casos, e intencionalidad, en otros, no hicieron más que aumentar la capacidad de los nuevos consorcios para imponer sus intereses en la estructura de precios relativos y en el funcionamiento general de los mercados, lo cual les garantizó una elevada y creciente rentabilidad. La conjunción de estos dos factores (bajo precio inicial y creciente rentabilidad) dio como resultado una acelerada revaluación patrimonial en términos económicos, que sólo podía realizarse en el mercado mediante la enajenación de la correspondiente participación accionaria en el consorcio. En este caso, la creciente rentabilidad operó no sólo como una forma de garantizar la concentración del ingreso sino también como la manera de aumentar las ganancias patrimoniales. Cabe señalar que una vez que se realizaron las ganancias patrimoniales, el capital liquido que obtienen acrecienta la salida de recursos locales al exterior.

 

En función de este peculiar comportamiento de la economía argentina es que cobra especial relevancia el análisis de la evolución de la fuga de capitales, desde su génesis, a fines de los años setenta, hasta la actualidad. De allí que el objetivo central de este trabajo sea la descripción de la evolución de la fuga de capitales en las últimas décadas, las modalidades y dimensiones que adopta y sus principales implicancias en lo atinente a las cuentas externas, la distribución del ingreso y, de manera más amplia, a la dinámica de la acumulación de capital y el desarrollo económico en el país. Asimismo, se intenta mostrar que la fuga de capitales, lejos de representar un fenómeno aislado y vinculado a una “diversificación de inversiones” inherente a la generalidad de agentes económicos, o a coyunturas adversas (o de “alto riesgo”), forma parte de una lógica de acumulación cuyo origen se asocia a las transformaciones estructurales resultantes de la política económica implementada por la dictadura militar a partir de 1976. Como resultado de tal política, se consolidó en la Argentina un nuevo polo de poder económico constituido por los estratos más concentrados del capital local (los grupos económicos) y segmentos del capital transnacional cuya característica central es la integración o conglomeración de sus actividades.

 

13.2. Evolución de la fuga de capitales

 

13.II.1.1. Los métodos para la estimación de la fuga de capitales

 

La fuga de capitales puede estimarse de diversas maneras. Una de ellas es la que adopta, desde hace algún tiempo, el Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos, que se basa en la información que proveen distintas fuentes de información locales y extranjeras acerca de las maneras en que invierten los residentes locales en el exterior, así como los montos que compromete cada una de dichas variantes. Las otras son las estimaciones que se realizan a partir de la balanza de pagos recurriendo a diversas metodologías indirectas, siendo la más importante de ellas el denominado “método residual de balanza de pagos” que utiliza el Banco Mundial.

En términos más específicos, la forma de estimar la fuga de capitales que emplea actualmente la autoridad económica en la Argentina se basa en el relevamiento de los depósitos bancarios, el dinero en efectivo, los bonos y títulos públicos y privados, los inmuebles, las inversiones directas y otros activos que los residentes locales mantienen en el exterior. Las fuentes de información para dicha estimación son encuestas e información de diversos organismos locales, gubernamentales extranjeros e internacionales. De este modo, se obtiene el “stock” de los capitales fugados y, al mismo tiempo, el flujo de los mismos mediante las diferencias entre dos estimaciones realizadas para diferentes períodos. Cabe señalar que la primera estimación en el país realizada mediante esta metodología fue publicada recientemente por el Ministerio de Economía y comprende el período 1992-1998 (Ministerio de Economía, 1999a y 1999b).

 

Sin duda, este método tiene la ventaja de permitir una desagregación de las diferentes modalidades en que se mantienen los activos en el exterior por parte de los residentes en la Argentina. Asimismo, la estimación de ese stock y la identificación de los activos que generan renta permite efectuar una estimación de los ingresos percibidos por los propietarios de esos activos externos.

 

Sin embargo, si bien este método posee las cualidades mencionadas, también presenta una serie de restricciones que es preciso tener en cuenta. Las mismas son:

a)   En tanto se trata de un relevamiento, esta metodología probablemente subestime la magnitud de los capitales locales en el exterior debido a que una parte de ellos no es contemplada por las fuentes consultadas o porque, especialmente en el caso de las encuestas, los propios interesados tergiversen sus tenencias de activos fijos o financieros en el exterior.

b)   Por razones similares, esta metodología puede dar lugar a una sobrestimación de la fuga de capitales al consignar a la renta capitalizada por los activos externos como capitales

fugados al exterior. A modo de ejemplo, un relevamiento de los fondos depositados en cuentas bancarias en el extranjero podría, en un período "t", arrojar un saldo 10% más elevado que en el período "t-1". Pero tal diferencia no reflejaría -necesariamente- el efecto del incremento de esas cuentas bancarias como resultado de nuevos capitales fugados, sino que podría ser una consecuencia del mero devengamiento y/o capitalización de los intereses generados por esos depósitos.

Por lo tanto, esta metodología tiene el riesgo potencial de sobrestimar o subestimar la magnitud tanto del stock como del flujo de los capitales locales en el exterior, dependiendo de la existencia e intensidad que asuman los factores mencionados previamente.

 

Por otra parte, la principal forma de estimar indirectamente la salida de capitales es el denominado “método residual de balanza de pagos”. Este tipo de estimación consiste en sumar los ingresos netos de capitales (bajo la forma de inversión extranjera directa y de endeudamiento externo público y privado), así como el saldo neto de la cuenta corriente (originados tanto en la balanza comercial como en los servicios) y la variación de las reservas internacionales. El resultado de esta ecuación refleja la salida de capitales locales (cuando es positivo) o, por el contrario, la repatriación de capital local (cuando es negativo). En otras palabras, todos los ingresos de capitales que no sean aplicados al financiamiento del incremento de las reservas oficiales o del pago neto del intercambio de bienes y servicios deben ser considerados capitales fugados.

La definición es la siguiente:

 

 FK   =   DE   +   IED  +  SCC  - RI

 

Donde:

FK       =          flujo de capitales fugados

DE      =          flujo de endeudamiento externo neto del período (cambios en el stock de deuda externa, en donde un signo positivo significa aumento)

IED      =          flujo de inversión extranjera directa (+ significa aumento)

SCC    =          saldo de la cuenta corriente del balance de pagos (- significa déficit)

RI        =          variación en las reservas internacionales (+ significa aumento)

 

Cabe consignar que en la actualidad, debido a los nuevos criterios aplicados en la elaboración de la balanza de pagos, la aplicación del “método residual” debe tener en cuenta otros ingresos netos de capitales además del endeudamiento externo y la inversión directa, especialmente las inversiones de cartera.

 

Al igual que en la metodología anterior, el método residual también puede tergiversar el stock y el flujo de los capitales locales radicados en el exterior. El mayor peligro potencial que acarrea es que el residuo mencionado incluya montos no asignables a formación de activos en el exterior sino a errores y omisiones en el registro en algunas de las variables de la balanza de pagos. Por ejemplo, podría incluir repatriaciones de inversiones extranjeras mal estimadas o deficiencias en la estimación de la balanza comercial o de otros componentes de la cuenta corriente, entre otras múltiples posibilidades. De allí entonces que el principal riesgo potencial de esta metodología sea la sobrestimación de la fuga de capitales. Como aspecto ventajoso, el método residual -al estar basado en las estadísticas de la balanza de pagos- permite contar con estimaciones de manera más simple y directa, así como también elaborar series largas.

 

En este contexto, es pertinente mencionar que los dos métodos analizados previamente tienen, además de sus restricciones específicas, dos limitaciones compartidas. La primera de ellas es que ambos incorporan, dentro de la fuga de capitales, al total de la tenencia de divisas (mayoritariamente dólares), las cuales no siempre se encuentran fuera del país. En efecto, en ninguno de los dos métodos se pueden diferenciar las tenencias de divisas que se encuentran fuera del país de aquellas que permanecen dentro de las fronteras como reserva de valor o para efectuar determinadas transacciones que así lo exigen.

 

La otra restricción común es más importante y su superación implica incorporar una estimación complementaria a cualquiera de las dos mencionadas previamente.  Se trata de la fuga de capitales que se deriva de la subfacturación de exportaciones o la sobrefacturación de importaciones. En efecto, otra modalidad para fugar capitales consiste en declarar importes menores para las exportaciones para que el saldo restante sea, por ejemplo, depositado en una cuenta en el exterior de manera directa por parte del cliente externo. Análogamente, una sobrevaloración de los valores de una importación sería una vía para girar al exterior divisas por un monto que excede a las necesidades generadas por esa operación comercial, derivando en una fuga de capitales.

 

Síntesis de las metodologías para estimar la fuga de capitales

 

Método                Contenido                                                                                                   

Directo                  Relevamiento de activos en el exterior pertenecientes a residentes argentinos (bonos, acciones, cuentas bancarias, propiedades, etc.).                                                                                     

Indirecto o residual                                                                                                                     Cálculo, a partir de las cuentas del balance de pagos, de la diferencia entre los ingresos de capitales (endeudamiento externo neto e inversiones directas) y sus aplicaciones para el financiamiento de déficits de cuenta corriente y del incremento de las reservas.

Comercial             Estimación de la subfacturación de exportaciones y la sobrefacturación de importaciones a través de la comparación de las cifras de comercio exterior registradas por la aduana argentina vis-à-vis las de las aduanas de los principales socios.

 

Una de las formas posibles para corregir este problema consiste en comparar las cifras de comercio exterior por la Argentina vis-à-vis con las que tienen registradas los socios comerciales. De este modo, y efectuadas las correcciones correspondientes a la conversión entre los valores CIF y los FOB, tanto la subfacturación de exportaciones como la sobrefacturación de importaciones podrían ser consideradas como contrapartidas de capitales fugados. Así, la fuga de capitales generada por esta vía podría ser estimada mediante dos caminos alternativos: o bien corrigiendo los valores del comercio exterior (siempre y cuando se considere que las cifras consignadas por los socios comerciales así lo son) o bien estimando las diferencias, y adicionándolas a los capitales fugados estimados por los otros métodos.

 

13.II.2 Evolución de la fuga de capitales

 

13.II.2.1. La fuga de capitales  locales durante las décadas de los años setenta y ochenta

 

Las características que adoptan las fuentes estadísticas y los métodos principales para estimar la fuga de capitales, constituyen el contexto apropiado para evaluar el alcance de la fuga de capitales de acuerdo con las estimaciones realizadas al respecto por distintos investigadores.

 

En relación con las décadas de los setenta y ochenta hay dos estimaciones que cuantifican la evolución de la salida de capitales locales al exterior mediante el “método residual de balanza de pagos”, las realizadas por Padilla del Bosque (1991) y por Carlos Rodríguez (1986). A las mismas se les agrega ahora la estimación propia efectuada como parte de este trabajo, que también esta basada en la misma metodología (Cuadro 1).

 

Cuadro 1

Estimaciones realizadas sobre la fuga de capitales sobre la base del método residual de Balanza de Pagos,

1970-1989     

(millones de dólares)

                 Variación anual de la fuga (flujo)          Capitales locales acumulados en el exterior (stock)

                 Padilla del    Carlos          Estimación  Padilla del    Carlos          Estimación

                 Bosque        Rodríguez    Propia          Bosque        Rodríguez    Propia

1970         -255             s/d                921               -255             s/d                921              

1971         517               522               418               262               522               1.339           

1972         732               531               312               994               1.053            1.650           

1973         427               417               279               1.421            1.470            1.929           

1974         1.065            1.347            413               2.486            2.817            2.342           

1975         1.005            810               1.223            3.491            3.627            3.566           

1976         136               50                 1.446            3.627            3.677            5.012           

1977         957               512               989               4.584            4.189            6.001           

1978         3.035            2.359            1.779            7.619            6.548            7.779           

1979         1.919            -314             3.148            9.538            6.234            10.928         

1980         6.885            4.812            4.706            16.423          11.046          15.633         

1981         8.241            7.690            7.790            24.664          18.736          23.424         

1982         6.596            7.018            6.451            31.260          25.754          29.875         

1983         1.605            794               2.339            32.865          26.548          32.214         

1984         -455             908               738               32.410          27.456          32.952         

1985         1.556            2.331            808               33.966          29.787          33.760         

1986         799               1.302            102               34.765          31.089          33.862         

1987         1.198            s/d                3.797            35.963          s/d                37.659         

1988         s/d                s/d                -2.062          s/d                s/d                35.597         

1989         s/d                s/d                7.481            s/d                s/d                43.078         

 

Fuente: Elaboración propia basada en Padilla del Bosque (1991), Rodríguez (1986), e información de Balanza de Pagos.

 

A pesar de que estas estimaciones toman en cuenta períodos diferentes, la evolución de la salida de capitales en los años que tienen en común presenta similitudes dignas de destacarse. En efecto, los montos de la fuga entre 1970 y 1986 se ubican en un orden de magnitud similar, especialmente los de Padilla del Bosque y la estimación propia (34.765 y 33.862 millones de dólares, respectivamente), mientras que la calculada por Rodríguez se ubica por debajo de ambas (31.089 millones de dólares). Por otra parte, el análisis de las diferentes etapas indica que en todas ellas la salida de capitales al exterior es poco significativa entre 1970 y 1977 (ronda el 15% del total), concentrándose muy acentuadamente entre los años 1978 y 1986 (alrededor del 85% del total). Más aún, en todas ellas, con sus más y sus menos, el epicentro de la fuga de capitales se ubica entre 1978 y 1982 en tanto representa más del 60% del total del período en todos los casos.

Por lo tanto, desde esta perspectiva se reafirma, nuevamente y con notable contundencia, la estrecha relación que mantiene la fuga de capitales con el proceso de endeudamiento externo. Al respecto, cabe señalar que la escasa salida de capitales que se registra entre 1970 y 1977 está vinculada al predomino que mantenía aún la industrialización sustitutiva. Es pertinente recordar que durante la vigencia de ese modelo el incremento del endeudamiento externo se producía casi exclusivamente cuando las importaciones superaban a las exportaciones, siendo esta última una variable de crucial importancia sobre la base de la cual la oligarquía agropecuaria pampeana expresaba su veto al predominio industrial. Estas disputas entre el espacio urbano y rural se sustentaban en  una producción industrial que era la actividad central del conjunto de la economía pero vinculada al abastecimiento del mercado interno y demandante de cuantiosas  importaciones, y en un sector agropecuario que era el proveedor fundamental de las divisas con las que se adquirían los bienes importados. En ese marco, el resultado de la balanza comercial expresaba, en buena medida, la pugna entre ambos sectores, irrumpiendo periódicamente déficits que generaban una crisis en la balanza de pagos y procesos recesivos y regresivos en términos distributivos.

 

Por el contrario, el auge de la fuga de capitales que se constata a partir de 1978 está relacionado directamente con la interrupción del proceso sustitutivo y el predominio de la valorización financiera asentada sobre el endeudamiento externo. Este nuevo proceso se consolida cuando la Reforma Financiera que puso en marcha la política económica de la dictadura militar en 1977 converge, por un lado, con la apertura del mercado de bienes y de capitales y, por otro, con el establecimiento de una tasa de cambio decreciente en el tiempo (la “tablita cambiaria” de Martínez de Hoz). A partir de ese momento se generó un espectacular aumento de la deuda externa -de 12 mil millones de dólares en 1978 llegó a 43 mil millones de dólares en 1982- que fue el resultado de un cambio cualitativo en la naturaleza de este fenómeno. En este sentido, cabe mencionar que de allí en adelante se alteró la relación que mantenían durante la sustitución de importaciones el endeudamiento externo y las crisis en la Balanza de Pagos.

 

Como se dijo anteriormente, la fuga de capitales es la contracara de la deuda externa porque en esas circunstancias esta última opera como una masa de capital líquido que se valoriza en el mercado interno debido a las notables diferencias que registraban las tasas de interés internas (a las cuales colocan los fondos las empresas) respecto a las vigentes en el mercado internacional (a las que se endeudan), todo lo cual genera una renta financiera que luego se remite al exterior.

 

En este contexto, la evolución de la fuga de capitales también indica que el período de mayor expansión se registra en el momento en que se genera el endeudamiento externo para luego aminorar su significación a partir de la moratoria de la deuda externa mexicana (1982), momento en que los países latinoamericanos pierden el acceso al crédito internacional.

 

Finalmente, la estimación propia permite observar la acentuada reactivación de la fuga de los capitales locales al exterior que se registra a partir del agotamiento del Plan Austral -entre 1987 y 1989 salen más de nueve mil millones de dólares- y especialmente durante la crisis hiperinflacionaria que se despliega a partir de las contradicciones existentes entre el capital concentrado interno y los acreedores externos.

 

 

13.II.2.2. La fuga de capital local durante la década de los años noventa

 

La única estimación realizada sobre la salida de capitales locales al exterior durante el decenio de los noventa es la efectuada por el Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos, a la cual se le suma la estimación propia realizada en este trabajo.

 

A diferencia de lo que ocurre con las estimaciones de las décadas pasadas, en este caso las discrepancias son varias y de gran significación por las consecuencias que acarrean. Al respecto, cabe destacar que las estimaciones que realiza el Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos a comienzos de los noventa están basadas en el método residual de balanza de Pagos (Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos, 1996). Posteriormente, en 1999, dicha metodología fue reemplazada por otra basada en la estimación directa de los movimientos de capital local correspondientes al período 1992-1998 (Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos, 1996). La discrepancia central entre los cálculos oficiales y la estimación propia radica, tal como se puede verificar en el Cuadro 2, en el stock de los capitales fugados en el año 1991 (60.416 millones de dólares según la estimación oficial contra 41.241 millones de dólares de acuerdo a la estimación propia). Estas diferencias son muy relevantes porque ambas se basan en el método residual de balanza de pagos.

 

Las notables diferencias que median entre ellas plantean la necesidad de analizarlas con cierto detenimiento. Las primeras estimaciones oficiales a este respecto se publicaron en 1995 en el documento del Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos “Argentina en crecimiento 1995-1999. Tomo I. Proyecciones macroeconómicas”. Allí se realiza una reestimación de la cuenta corriente correspondiente a la década de los ochenta que arroja como resultado un saldo positivo para todo el decenio del orden de los 3.500 millones de dólares, a pesar de la importancia que asume el pago de los servicios de la deuda externa durante esos años. Dicho ajuste resulta harto cuestionable en tanto surge, principalmente, como resultado de:

a)   Incorporar como ingresos en la cuenta corriente a un monto significativo de intereses ganados por los capitales locales fugados al exterior. Por cierto, es indudable que una parte de esos capitales generan rentas, pero lo cuestionable es asumir que las mismas sean sistemáticamente giradas al país, sobre todo cuando no hay ninguna constancia de que ello ocurra, sino más bien de lo contrario.

b)   Considerar de una manera igualmente arbitraria como residentes al conjunto de los tenedores de Bonos Externos (BONEX), de lo cual se deriva una reducción en los montos de endeudamiento externo y de los intereses que devengan.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro 2

Estimaciones realizadas sobre la fuga de capitales en base al método directo y al residual de Balanza de Pagos, 1990-1998.

(millones de dólares)

 

                    Variación anual de la fuga (flujo)          Capitales locales acumulados  en el exterior (stock)

                    Ministerio de Economía                        Estimación propia  Ministerio de Economía   Estimación propia

1990            s/d                          -991                        s/d                          42.431                   

1991            s/d                          -1.190                     60.416*                  41.241                   

1992            -6.833                    -1.031                     53.583                    40.210                   

1993            3.407                      4.650                      56.990                    44.860                   

1994            5.877                      6.697                      62.867                    51.557                   

1995            12.109                    13.791                    74.976                    65.348                   

1996            9.334                      10.982                    84.310                    76.330                   

1997            11.845                    13.126                    96.155                    89.456                   

1998            3.076                      3.140                      99.231                    92.596                   

Variación: 1992-98 1991-98                                                                    45.648 38.815       52.386 51.355         

 

* Estimación del Ministerio de Economía sobre la base del método residual pero modificando los resultados de la Balanza de Pagos correspondiente a la década de los ochenta (MEyOSP, 1996).

Fuente: Elaboración en base  al MEyOSP e información de Balanza de Pagos.

 

En efecto, ambos ajustes son en extremo cuestionables. En primer lugar, y como sostiene la Auditoria General de la Nación (1997) y posteriormente el economista M. Damill (1998), es erróneo afirmar que la totalidad de los tenedores de BONEX (y particularmente de aquellos emitidos en 1982, 1984 y 1987) hayan sido residentes, con lo cual se estaría distorsionando la cuenta corriente (disminución de los intereses devengados) y la cuenta capital (menor endeudamiento externo).

 

Respecto a la inclusión en la cuenta corriente del devengamiento de los intereses generados por los activos en el exterior de residentes locales, se imponen dos críticas centrales. En primer término, es inconsistente sostener que, en un contexto de fuga de capitales, los intereses que los mismos devengan reingresan en su totalidad al país. En otras palabras, es más plausible pensar que esos intereses fueron reinvertidos o capitalizados (con lo cual deberían ser computados como nuevas fugas, esterilizando la operación y eliminando el ajuste realizado por el Ministerio de Economía) o bien que fueron destinados al consumo suntuario. En este último caso, el gasto puede ser realizado localmente, con lo cual sería correcto computar su devengamiento en la cuenta corriente, o bien ser realizado en el exterior, con lo cual debería haber una contrapartida en la cuenta corriente bajo la forma de una importación (ya sea de un bien o un servicio), esterilizando el devengamiento y tornando improcedente el ajuste realizado por el Ministerio de Economía. En otras palabras, las probabilidades de que el ajuste haya sido correcto son bajas, y al menos debería haberse admitido que una parte de esa renta no tiene porqué ser computada en la cuenta corriente.

 

En segundo lugar, la razón principal por la que resultan cuestionables las correcciones mencionadas reside en la naturaleza misma del método residual. Al realizarse la estimación de intereses sobre activos externos sobre la base de los stocks que surgen, precisamente, de la aplicación del método residual, se termina utilizando un método recursivo cuyos resultados son absurdos. Es decir, se realiza una estimación de activos externos sobre la base del método residual. Sobre ese stock se calculan intereses y éstos son incluidos en la cuenta corriente. Pero al ser la cuenta corriente una variable que integra la estimación de la fuga de capitales, su corrección obliga a hacer una reestimación, que elevará su monto dado que, al reducirse el saldo de la cuenta corriente, los ingresos de capitales tendrán menores usos e incrementarán el residuo. A su vez, esa nueva estimación de activos externos conduciría a recalcular los intereses, lo que a su vez llevaría a corregir la cuenta corriente, obligando a reestimar la fuga de capitales, y así sucesivamente.

 

De la aplicación de los mencionados ajustes introducidos resulta una evidente sobreestimación de la fuga de capitales producida durante los años ochenta (y particularmente en los períodos previos e inmediatamente posteriores al estallido hiperinflacionario de 1989). Como contrapartida su efecto es también diminuir los recursos fugados al exterior durante el gobierno de Menem.

           

Las consecuencias de la manipulación en que incurrió la autoridad económica durante la gestión de Cavallo se hacen patentes cuando se comparan los datos oficiales con la estimación propia, que considera los datos de la balanza de pagos sin ningún tipo de ajuste (Cuadro 2). El stock de capitales locales en el exterior alcanza en 1991 a 41.241 millones de dólares (es decir 19.175 millones de dólares menos que los 60.416 millones de dólares de la estimación oficial). Asimismo, en el mismo Cuadro se aprecia una fuga de capitales entre 1991 y 1998 que, considerando los propios datos oficiales posteriores, arribaría a 57.990 millones de dólares (99.231 menos 41.241 millones de dólares) y a  51.355 millones de dólares si se toma en cuenta los resultados de la estimación propia (92.596 menos 41.241). Es decir, que la subestimación oficial de la fuga de capitales durante la década de los noventa ronda entre 12 mil y 19 mil millones de dólares.

           

La otra diferencia entre la estimación oficial y la propia también es importante. En este caso, la estimación directa efectuada por la autoridad económica indica que en el período 1993-1998 la fuga de capitales locales alcanza a 45.648 millones de dólares cuando la estimación propia basada en el método residual de Balanza de Pagos la sitúa en 52.386 para el mismo período.

           

Nuevamente en esta oportunidad todo parece indicar que los problemas están en la estimación oficial. La misma, a diferencia de lo que ocurre con la estimación del stock de los capitales locales en el exterior en el año 1991, subestima sistemáticamente la salida de capitales locales durante la década de los noventa porque, principalmente, no toma en cuenta la importancia que asumen durante estos años los “errores y omisiones netos” en la Balanza de Pagos. En efecto, una revisión de esta variable indica que siempre es negativa y suman 6.738 millones entre 1993 y 1998, monto que explica la totalidad de la diferencia entre ambas estimaciones.

 

A pesar de las discrepancias cuantitativas, la tendencia que exhiben ambas estimaciones es similar y permite analizar los acontecimientos que jalonan la evolución de la fuga de capitales durante la última década del siglo. Un primer examen permite distinguir dos etapas que tienen características contrapuestas. Durante la primera de ellas, que abarca hasta 1992, se registra una clara ruptura con el proceso anterior porque no sólo se detiene la fuga de capitales locales sino que se produce la repatriación de una parte de los capitales fugados durante los años anteriores. De acuerdo con la estimación oficial, ese reingreso de recursos locales alcanza a 6.833 millones de dólares en 1992, mientras que en la estimación propia la misma alcanza a 3.212 millones de dólares entre 1990 y 1992. La segunda etapa comienza en 1993 y se caracteriza por una reactivación inédita de la fuga de capitales locales al exterior, acentuándose de esta manera los rasgos centrales que exhibe en esta materia la economía argentina desde la interrupción de la industrialización sustitutiva. En términos de la estimación oficial, esta reactivación de la fuga involucra 45.648 millones de dólares, mientras que la estimación propia la ubica en los 52.386 millones de dólares.

 

Por lo tanto, en la década pasada la evolución de la fuga de capitales nuevamente reproduce las alternativas que se suceden en términos de la deuda externa. Efectivamente, el endeudamiento externo también registra entre 1990 y 1992 una llamativa estabilización -se eleva apenas de 62,2 a 62,8 miles de millones de dólares- para luego, a partir de 1993, retomar un sendero de ininterrumpida y acelerada expansión, ubicándose en 139,8 miles de millones de dólares durante 1998.

En este contexto, cabe insistir que este comportamiento atípico tanto de la fuga como de la deuda externa, está directamente relacionado con las reformas estructurales que se despliegan a comienzos de la década actual y que dieron lugar a un inédito proceso de concentración económica y centralización del capital. Se trata específicamente de la estrecha relación que mantienen estos fenómenos con la privatización de las empresas estatales (Basualdo, 2000a).

 

13.II.2.3 Notas acerca del destino de los recursos locales en el exterior

 

Si bien la nueva estimación que realiza la autoridad económica subestima la magnitud de la salida de capitales locales al exterior durante la década pasada, es indudable que aporta elementos inéditos respecto al destino de los mismos. En efecto, la nueva metodología oficial discrimina su composición, atributo que no comparte el “método residual”, al basarse en la evolución de las variables que integran la balanza de pagos.

           

En este sentido, cabe señalar que la información oficial discrimina entre los capitales remitidos al exterior por el sector financiero y el sector privado no financiero. A su vez, dentro de cada uno de ellos desglosa los diferentes destinos de uno y otro -por ejemplo los préstamos y las disponibilidades en el sector financiero, y los depósitos y la inversión directa en el caso del sector no financiero-.

           

Un primer análisis del destino de los recursos locales que salen del país (Cuadro 3), indica que el sector no financiero es absolutamente predominante a lo largo de todo el período (concentra entre el 83% y el 92% del total, según el año considerado) pero, al mismo tiempo, el sector financiero, aunque minoritario, es quién más velozmente expande sus activos en el exterior (crecen, entre 1992 y 1998, al 25,2% anual contra el 9,0% de los que pertenecen al sector no financiero). En consecuencia, durante el período analizado se despliega un cambio de composición, aumentando la importancia de los activos del sector financiero en el exterior, pero que no cuestiona el neto predominio que ejercen los recursos fugados por el sector no financiero.

 

El análisis de los recursos remitidos al exterior por el sector financiero permite comprobar que centralmente se orientan a generar fondos disponibles y otorgar préstamos (entre ambos concentran, según el año que se considere, entre el 80% y el 85% del total de recursos de este sector). Sin embargo, tal como se observa en el Cuadro 3, el mayor dinamismo de los préstamos (crecen durante el período al 43,2% anual acumulativo contra el 17,3% anual de las disponibilidades) modifica drásticamente la importancia relativa de ambos agregados  (los préstamos que representan el 20,4% del total en 1992 pasan a representar 46,7% de los mismos en 1998, mientras que las disponibilidades, por el contrario, pasan del 57,5% al 38,9% del total en el mismo período).

 

Cuadro 3

Destino de los capitales locales en el exterior, 1992-1998. Saldos a fin de cada período            

(millones de dólares)

A) Valores absolutos                                                                                     

                                            1992      1993      1994      1995      1996      1997      1998     

TOTAL                               53.583   56.990   62.867   74.976   84.310   96.155   99.231  

Sector financiero             4.300     6.065     6.563     7.469     11.377   17.362   16.546  

Sector privado no financiero       49.283   50.925   56.304   67.507   72.933   78.793   82.685          

Sector financiero                4.300     6.065     6.563     7.469     11.377   17.362   16.546  

Inversión directa                 921        921        1.106     1.261     1.466     1.494     1.451    

Inversión de cartera            27          64          78          146        845        1.291     930       

Disponibilidades                 2.473     4.032     3.980     3.640     5.770     8.283     6.443    

Préstamos y otros créditos              879        1.048     1.399     2.422     3.296     6.294     7.722

Sector privado no financiero            49.283   50.925   56.304   67.507   72.933   78.793   82.685          

Inversión directa                 4.871     5.575     6.402     7.770     9.140     12.282   14.298  

   Inmobiliaria                      2.984     3.197     3.456     3.668     3.821     3.956     4.084    

   Otras en empresas         1.887     2.378     2.946     4.102     5.319     8.326     10.214  

Depósitos                           15.304   14.612   15.912   19.002   20.566   21.154   21.333  

Otros activos con renta      16.634   16.242   17.841   21.080   23.090   24.357   26.047  

Activos sin renta                 12.474   14.496   16.149   19.655   20.137   21.000   21.007  

                       

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

B) Composición porcentual y tasa anual acumulativa

                                            1992    1993    1994    1995    1996    1997    1998    1998/1992 t.a.a (%)

TOTAL                               100,0   100,0   100,0   100,0   100,0   100,0   100,0   10,8         

Sector financiero             8,0       10,6     10,4     10,0     13,5     18,1     16,7     25,2         

Sector privado no financiero     92,0     89,4     89,6     90,0     86,5     81,9     83,3          9,0    

Sector financiero                100,0   100,0   100,0   100,0   100,0   100,0   100,0   25,2         

Inversión directa                 21,4     15,2     16,9     16,9     12,9     8,6       8,8       7,9           

Inversión de cartera            0,6       1,1       1,2       2,0       7,4       7,4       5,6       80,4         

Disponibilidades                 57,5     66,5     60,6     48,7     50,7     47,7     38,9     17,3         

Préstamos y otros créditos           20,4     17,3     21,3     32,4     29,0     36,3     46,7          43,2  

Sector privado no financiero          100,0   100,0   100,0   100,0   100,0   100,0   100,0        9,0    

Inversión directa                 9,9       10,9     11,4     11,5     12,5     15,6     17,3     19,7         

   .Inmobiliaria                     6,1       6,3       6,1       5,4       5,2       5,0       4,9       5,4           

   .Otras en empresas        3,8       4,7       5,2       6,1       7,3       10,6     12,4     32,5         

Depósitos                           31,1     28,7     28,3     28,1     28,2     26,8     25,8     5,7           

Otros activos con renta      33,8     31,9     31,7     31,2     31,7     30,9     31,5     7,8           

Activos sin renta                 25,3     28,5     28,7     29,1     27,6     26,7     25,4     9,1           

Fuente: Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos, Dirección Nacional de Cuentas Internacionales.           

 

 

En este contexto, cabe señalar que las disponibilidades descienden significativamente en 1998 con el comienzo de la crisis asiática. Por otra parte, respecto a los fondos destinados a otorgar préstamos en el exterior es importante destacar que muy probablemente una parte significativa de los mismos se otorguen a empresas locales como endeudamiento externo. De esa manera, el sistema bancario local buscaría competir con el resto de la banca transnacional por la franja de empresas más solventes de la economía argentina.

 

Dentro de los fondos remitidos al exterior por el sector financiero también se encuentran las inversiones directas y de cartera, pero ambas asumen una importancia significativamente menor que los dos rubros anteriores. Al respecto, interesa destacar que a lo largo del período se verifica una disminución relativa de las primeras y un aumento significativo de las inversiones de cartera que, por definición, son colocaciones que tienen un carácter financiero.

           

Por otra parte, las colocaciones más relevantes del sector privado no financiero son los depósitos, los activos que generan renta y los activos que no lo hacen. A pesar de que la incidencia de estos rubros desciende a lo largo del período, su importancia sigue siendo absolutamente mayoritaria al final del mismo -representan  en conjunto el 90% en 1992 y el  83% del total en 1998-.

 

En este contexto, es relevante tener en cuenta que los tres rubros de mayor significación aluden a tenencias de activos financieros. En efecto, dejando de lado los depósitos en el exterior que por definición son activos financieros, la metodología utilizada por la autoridad económica ubica dentro de los activos que generan renta a las tenencias de bonos y títulos públicos tanto argentinos como de otros países, y asume que los activos que no generan renta están compuestos básicamente por la tenencia de dólares.

           

Asimismo, el sector privado no financiero orienta una parte minoritaria de sus recursos en el exterior hacia la inversión directa en empresas o la adquisición de inmuebles (principalmente en Punta del Este y EE.UU). La más dinámica es la inversión en empresas (se incrementa al 35,5% anual durante el período). A este último respecto, cabe acotar que probablemente la estimación sobre estas inversiones este sobrevaluando su importancia, en tanto la información básica para determinarlas surge de encuestas directas que se les realizan a las propias empresas oligopólicas locales.

 

En síntesis, un análisis general de la composición de los recursos remitidos al exterior por el conjunto del sector privado permite comprobar que la tenencia de activos financieros es absolutamente mayoritaria (oscila entre el 84% y 89% del total, según el año que se considere), mientras que los activos fijos (inversión extranjera directa) son minoritarios e incluso pierden trascendencia a fines del período.

                                                                       

13.II.2.4 La salida de capitales a través del comercio exterior en las últimas tres década

 

Tal como se mencionó previamente, las relaciones comerciales con el exterior pueden dar lugar a la fuga de capitales locales. En particular, la subfacturación de exportaciones y la sobrefacturación de importaciones serían expresiones del mencionado fenómeno, que no es captado mediante el “método residual” ni por la medición directa de los capitales locales en el exterior que actualmente aplica la autoridad económica.

 

En realidad, se trata de la forma más antigua y tradicional de remitir excedente al exterior por parte de los residentes del país, o más precisamente por el capital concentrado local, no obstante lo cual se vio obscurecida en las últimas décadas debido a la notable expansión de las nuevas maneras de fugar recursos vinculadas al endeudamiento externo y, en última instancia, al predominio de la valorización financiera. De allí que la misma haya sido una problemática poco explorada durante las últimas décadas. La única evaluación existente es la que realizó Padilla del Bosque para el período 1970-1987. A ella se le agrega ahora la estimación propia de este trabajo (Cuadro 4).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro 4

Fuga de capitales por subfacturación de exportaciones, 1970-1998

(millones de dólares)

 

               Variación anual de la fuga (flujo)                                                   Capitales locales acumulados  en el exterior  (stock)

               Padilla del Bosque                     Estimación Propia                     Padilla del Bosque      Estimación Propia

1970       193                    221                    193                    221                   

1971       130                    315                    323                    536                   

1972       434                    128                    757                    663                   

1973       428                    283                    1.185                 946                   

1974       499                    494                    1.683                 1.440                

1975       416                    441                    2.100                 1.882                

1976       674                    229                    2.773                 2.111                

1977       780                    357                    3.553                 2.467                

1978       856                    429                    4.409                 2.896                

1979       821                    353                    5.230                 3.249                

1980       1.050                 208                    6.280                 3.458                

1981       959                    295                    7.239                 3.753                

1982       1.013                 455                    8.252                 4.207                

1983       1.082                 640                    9.333                 4.847                

1984       1.130                 533                    10.463               5.380                

1985       1.044                 501                    11.507               5.881                

1986       1.085                 705                    12.592               6.586                

1987       s/d                     976                    s/d                     7.561                

1988       s/d                     850                    s/d                     8.411                

1989       s/d                     1.313                 s/d                     9.724                

1990       s/d                     625                    s/d                     10.349              

1991       s/d                     3.346                 s/d                     13.695              

1992       s/d                     1.387                 s/d                     15.082              

1993       s/d                     653                    s/d                     15.735              

1994       s/d                     1.071                 s/d                     16.805              

1995       s/d                     1.605                 s/d                     18.411              

1996       s/d                     1.870                 s/d                     20.281              

1997       s/d                     2.125                 s/d                     22.406              

1998       s/d                     505                    s/d                     22.911              

Fuente: Elaboración propia en base a Padilla del Bosque (1991) y estadísticas

del Fondo Monetario Internacional

 

Ambas estimaciones consideran únicamente la subfacturación de exportaciones como expresión de la fuga de capitales. Descartan las importaciones porque a lo largo de las últimas décadas en ellas también se registra una subfacturación (y no una sobrefacturación), pero los elementos disponibles indican que la misma no es un reflejo de una repatriación de capital local sino que se encuentra más asociado a la implementación de diversas modalidades de contrabando y evasión fiscal. Por lo tanto, en el Cuadro 4 se presentan exclusivamente los resultados correspondientes a la subfacturación de exportaciones en ambas estimaciones. Padilla del Bosque estima que la fuga vía exportaciones asciende a casi 13 mil millones de dólares para el período 1970-1987. A partir de 1981, las cifras comienzan a ubicarse en el orden de los mil millones de dólares anuales y, curiosamente, de manera simultánea a la caída de la fuga de capitales antes estimada (por el método residual) comienza a crecer la fuga de capitales por subfacturación de exportaciones.

 

En la estimación propia, los resultados son más magros, casi la mitad de la estimación anterior para el mismo período (la fuga en este caso asciende a 6.586 millones de dólares), y tampoco se expresa un recrudecimiento de la salida de capitales cuando merma la fuga estimada a través del “método residual”.

 

Sin embargo, durante la década de los noventa en la estimación propia sí se expresa una notoria reactivación de la fuga vía subfacturación de exportaciones cuando se produce la repatriación de capital local dirigido a la compra de los activos públicos. Además, este proceso inicial tiende a delimitar un nuevo nivel -más elevado- de la fuga de capitales mediante estas transacciones.

 

13.II.2.5. Una visión de largo plazo: las diferentes etapas del endeudamiento externo y la fuga de capitales al exterior

 

La dilucidación de las características y la magnitud que asume el endeudamiento externo y la salida de capitales locales al exterior plantean la posibilidad de examinar la importancia relativa que asumen en las distintas etapas económicas que se despliegan durante las últimas décadas. Por cierto este análisis comparativo se realiza teniendo en cuenta la estimación propia que comprende a todas las formas de remisión de recursos locales al exterior, es decir la salida directa y la que se realiza mediante el comercio exterior, valuados en moneda constante (dólares de 1998).

 

Al respecto, en el Gráfico 2 se exponen los resultados obtenidos al adoptar los criterios metodológicos mencionados precedentemente. La primera característica relevante consiste en la magnitud que alcanza la deuda externa durante la dictadura militar y específicamente en los años en que se instala como uno de los problemas estructurales centrales de la economía argentina (1977-1983). Sin embargo, tan importante como lo anterior es el nivel de recursos que se fugan al exterior durante ese mismo período. Sin lugar a dudas, la coincidente expansión de ambas variables no alude a un hecho circunstancial sino a un rasgo estructural decisivo, en tanto las mismas son expresiones de un mismo fenómeno: el funcionamiento del endeudamiento externo en el marco de un patrón de acumulación dominante asentado en la valorización financiera.

 

Esta primera etapa del endeudamiento externo es decisiva, porque señala el momento en que se interrumpe el modelo de industrialización sustitutiva y se configuran las características básicas que rigen actualmente el funcionamiento de la economía argentina. Sin embargo, desde el punto de vista cuantitativo, los promedios que se registran durante esos años, tanto en términos de deuda externa como de fuga de capitales, son claramente inferiores a los de la etapa 1992-1997.

En efecto, tal como se aprecia en el Gráfico 2, mientras que el promedio de la deuda externa y la fuga entre 1977 y 1983 arriban a 11.175 y 9.086 millones de dólares por año, en el último período considerado alcanzan a 13.534 y 11.975 millones de dólares anuales, respectivamente.

 

Esta primera etapa del endeudamiento externo es decisiva, porque señala el momento en que se interrumpe el modelo de industrialización sustitutiva y se configuran las características básicas que rigen actualmente el funcionamiento de la economía argentina. Sin embargo, desde el punto de vista cuantitativo, los promedios que se registran durante esos años, tanto en términos de deuda externa como de fuga de capitales, son claramente inferiores a los de la etapa 1992-1997. En efecto, tal como se aprecia en el Gráfico 2, mientras que el promedio de la deuda externa y la fuga entre 1977 y 1983 arriban a 11.175 y 9.086 millones de dólares por año, en el último período considerado alcanzan a 13.534 y 11.975 millones de dólares anuales, respectivamente.

 

Que en el período 1992-1997 se registre el monto anual promedio más elevado en términos del endeudamiento externo y de la fuga de capitales configura un hecho trascendente, porque durante el mismo se transfieren varias de las empresas públicas más importantes al sector privado, como YPF, SEGBA y Gas del Estado. De esta manera se hace patente que el sustento fundamental del Plan de Convertibilidad no se encuentra en la incorporación de capital extranjero que se radica en el país bajo la forma de inversiones directas -que, como se corroborará posteriormente, es largamente superado por la salida de capitales locales al exterior-, sino en el dinamismo inédito que asume el endeudamiento externo y la fuga de capitales locales.

 

Entre las etapas mencionadas se despliegan otras tres, de las cuales las dos primeras están relacionadas con el primer gobierno constitucional. En ellas se expresa de una manera notoria una desaceleración tanto del monto de la deuda externa como de la fuga de capitales debido a las restricciones que, luego de la moratoria mexicana, enfrentan los países latinoamericanos para obtener financiamiento internacional. No obstante, en relación con la problemática analizada, los procesos más relevantes de estas épocas no se pueden percibir, porque consisten en la culminación de la transferencia de la deuda externa privada al sector público, a través de los regímenes de seguro de cambio que se habían puesto en marcha durante la dictadura militar (Basualdo, 1987).

 

Finalmente, en la etapa 1989-1992 se registran procesos excepcionales estrechamente vinculados con la privatización de los activos públicos con capitalización de deuda externa (rescate de los bonos externos emitidos en los años anteriores). En efecto, durante los primeros años de los noventa, la transferencia de las empresas públicas, principalmente ENTeL conlleva una significativa reducción de la deuda externa pero que, a diferencia de lo que ocurre en otras oportunidades, no es acompañada de una repatriación del capital local que se había invertido en el exterior, debido a la importancia que asume en este período la remisión de recursos al exterior mediante las exportaciones.

 

Una de las conclusiones que puede extraerse a partir de esta comparación histórica es que la magnitud alcanzada tanto por el endeudamiento externo como por la fuga de capitales durante los años noventa, sólo resulta comparable con la que tuviera lugar en la última dictadura militar, durante la aplicación de la política económica de Martínez de Hoz.

 

13.II.3. La renta obtenida por los capitales locales en el exterior

 

Desde el punto de vista de las cuentas externas, la evolución y la magnitud de la renta que generan los capitales locales remitidos al exterior constituye una problemática particularmente importante de analizar. Sin embargo, es insoslayable destacar que su repercusión económica y social trasciende el ámbito del sector externo, al influir con notable intensidad sobre la distribución del ingreso. Es indudable, pese a que no hay evidencias empíricas (porque las estimaciones actuales no computan los ingresos en el exterior), que la percepción de esta renta por parte de los estratos de la población con mayor poder adquisitivo no hace sino acentuar la regresividad distributiva que fue una de las características centrales que exhibió la economía argentina durante las últimas décadas.

 

La estimación de la renta que generan los recursos locales radicados en el exterior se efectúa sobre la base de los resultados obtenidos en la estimación propia sobre la fuga de capitales entre 1970 y 1998. Sobre esta base, al stock de capitales radicados en el exterior se le aplica la tasa “prime” para, de esta forma, estimar los ingresos generados para cada año.

 

Sin embargo, estos primeros resultados adolecen de una distorsión muy significativa que se origina en el supuesto de que todos los recursos radicados en el exterior generan renta. Sin duda, este supuesto conlleva una sobrestimación de estos ingresos ya que, por ejemplo, una parte considerable de los mismos consiste en la tenencia de dólares, la cual, obviamente, no genera renta alguna.

 

La discriminación entre los recursos que generan renta y los que no hacen se puede realizar sobre la base de las estimaciones del Ministerio de Economía incluidas en la Balanza de Pagos. Al respecto, cabe señalar que dichas estimaciones indican que en el período 1992-1999, el 70% de los activos en el exterior generan renta. Por lo tanto, esa es la proporción que se asume como válida para el período 1970-1998.

Sobre la base de los criterios mencionados, la renta de los activos locales radicados en el exterior para el período 1970-1991 se estima de la siguiente manera:

 

 

 Rt = 0,7 * SFKt-1 * Pt

 

Donde 0,7 equivale a la proporción de activos externos que genera rentas, y:

Rt        =          renta sobre capitales fugados en el período “t”

SFKt-1            =          stock de capitales fugados en el período “t-1”

Pt        =          tasa “prime” vigente durante el período “t”

 

Los resultados obtenidos indican que las rentas en el exterior registran una expansión sumamente acentuada durante las últimas décadas. En efecto, tal como se verifica en el Gráfico 4, las mismas alcanzan a, prácticamente, 6.500 millones de dólares en 1988, cuando a comienzos del decenio de los setenta apenas superaban los 45 millones de dólares. Sin embargo, su crecimiento no es lineal a lo largo de los años, sino que delimita distintas etapas. En la primera de ellas, entre 1971 y 1983, se registra un crecimiento sumamente acelerado (de 46 millones de dólares en 1971 a 2.827 en 1983). Posteriormente, entre 1983 y 1993, se registra un comportamiento cíclico de la renta generada en el exterior, pero que se despliega alrededor de un monto promedio de tres mil millones de dólares. Finalmente, a partir de 1994 abandona ese comportamiento cíclico y se expande aceleradamente y sin interrupciones hasta el final de la serie considerada.

 

En relación con los capitales fugados, la renta generada en el exterior registra un continuo avance hasta 1992-1993, en que los supera. A partir de 1994, a pesar de que crece acentuadamente en términos absolutos, su incidencia relativa disminuye debido a la reducción relativa de la tasa internacional considerada en esta estimación.

 

Por otra parte, en el mismo Gráfico 3 se puede apreciar la evolución de la renta estimada por la autoridad económica. Se trata de los ingresos percibidos por residentes locales que se consigna en la Balanza de Pagos, y que resulta inferior a la estimación propia debido a la tasa de interés que se aplica. Complementariamente, cabe consignar que en este caso tales rentas ascendieron entre 1992 y 1998 a poco más de 21 mil millones de dólares, es decir, a unos 3 mil millones de dólares anuales.

 

La mayor parte (82%) correspondió a intereses mientras que el restante 18% se obtuvo bajo la forma de utilidades y dividendos.

 

13.II.4.  El endeudamiento externo del Estado, la fuga de capitales y la consolidación de la valorización financiera

 

En la primera parte de este trabajo se constató que durante las últimas décadas se verifica en el país una muy estrecha correlación entre el endeudamiento externo y la fuga de capitales al exterior. Así, se pudo establecer que los períodos de mayor salida de capitales locales al exterior coinciden con aquellos en que se acelera el endeudamiento, público y privado, con el exterior. De este modo, la estrecha relación que se establece entre ambas variables sugiere que la deuda externa no sólo opera como una masa de capital valorizable para el sector privado, sino que además el endeudamiento externo estatal aportaría el financiamiento que haría posible tanto la formación de reservas como la remisión de recursos locales al exterior por parte del sector privado más concentrado.

 

En este contexto, cabe realizar una primera aproximación empírica al papel asumido por el endeudamiento estatal mediante las evidencias que presenta un trabajo reciente de la Auditoría General de la Nación (AGN, 1999). En el mismo, sobre la base de la información de balanza de pagos, se comprueba que entre 1992 y 1998 la Argentina tuvo un superávit de balanza de pagos (es decir, una acumulación de reservas) que alcanzó los 18.697 millones de dólares. Sin embargo, una desagregación sectorial de tal resultado permite apreciar que mientras el sector público contribuyó con 22.132 millones de dólares, el sector privado tuvo una aporte negativo equivalente a 3.435 millones de dólares (Cuadro 5). Esto significa que fue el sector público el que aportó las divisas (obtenidas mediante un significativo endeudamiento externo) para cubrir el déficit externo del sector privado. Como sostiene el mencionado estudio: "la deuda pública externa ha cumplido en los años noventa un doble papel. Por un lado, es obviamente una vía para el financiamiento del desequilibrio fiscal. Pero al mismo tiempo ha venido cumpliendo un papel adicional, menos evidente, como es el de proveer divisas a la economía nacional, requeridas para la acumulación de reservas y para el financiamiento de los déficit en divisas de los restantes sectores económicos".

 

Cuadro 5

Saldo de la Balanza de Pagos del sector público y privado, 1992-1998

(millones de dólares)

 

                                            Sector público                   Sector privado        Total   

Cuenta corriente                 -21.203         -41.409         -62.612        

Cuenta capital y financiera*                     43.335          37.974          81.309          

Total                                    22.132          -3.435           18.697         

* Incluye errores y omisiones netos                                            

Fuente: Elaborado sobre la base de la Auditoria General de la Nación sobre datos

 del MEyOSP                        

 

La revelación es por demás interesante en tanto indica que el endeudamiento estatal con el exterior no sólo cubre el déficit fiscal sino que es la fuente de fondos mediante la cual el sector privado cubre su propio déficit de divisas.

 

En este contexto, un aspecto importante de determinar, que no se aclara en el trabajo de la Auditoria, es la composición de ese déficit del sector privado y su relación con el comportamiento de las diferentes fracciones del capital, aspectos que una visión agregada o macroeconómica impide comprender en toda su profundidad.

 

A partir de la propia balanza de pagos, se pueden desagregar en sus diversos componentes los resultados de las operaciones realizadas por el sector público y el sector privado (Cuadro 6). El primero de ellos es el saldo de la balanza comercial (exportaciones menos importaciones). En términos generales, la evolución del intercambio comercial durante la década pasada se caracteriza por ser expansivo, pero con un crecimiento mayor de las importaciones que de las exportaciones, lo cual genera un déficit estructural. Por cierto, las grandes firmas explican una parte significativa del boom importador, pero tienen mayor importancia aún, absoluta y relativa, en las exportaciones, todo lo cual trae aparejado que su saldo en la balanza comercial sea creciente y fuertemente positivo. La primera evidencia de que ello ocurre es que el saldo comercial de las doscientas empresas de mayores ventas no sólo es positivo sino que se incrementa sistemáticamente entre 1993 y 1997 -de 2.043 millones de dólares a 8.081 millones de dólares entre dichos años, con un promedio anual que alcanza a 5.300 millones de dólares- (Basualdo, 2000a). La otra manifestación es que las quinientas empresas de mayor facturación tienen un saldo positivo en la balanza comercial que asciende de 2.407 a 3.555 millones de dólares entre 1995 y 1997 (INDEC, 1999).

 

Cuadro 6

Composición de los saldos de la cuenta corriente y la cuenta capital según el sector que los genera, 1992-1998. Estimación en base a las cuentas de la balanza de pagos.

(Millones de dólares)

 

                                         Sector público          Sector  privado         Total

                                         Total         Promedio anual        Total         Promedio anual        Total    Promedio anual

Cuenta corriente           -21.203    -3.029      -41.409    -5.916      -62.612    -8.945      

Saldo balanza comercial 0               0               -9.128      -1.304      -9.128      -1.304      

Servicios Financieros      -20.379    -2.911      -11.954    -1.708      -32.333    -4.619      

   - Intereses                     -20.379    -2.911      870           124           -19.509    -2.787      

   -Utilidades y dividendos                 0               0               -12.864    -1.838      -12.864     -1.838 

Servicios reales y otros   -824         -118         -20.327    -2.904      -21.151    -3.022      

Cuenta capital                43.335      6.191        37.974      5.425        81.309      11.616     

Deuda Externa                 49.128      7.018        43.314      6.188        92.442      13.206     

Inversión extranjera directa              0               0               39.668      5.667        39.668      5.667  

Fuga de capitales*           0               0               -46.223    -6.603      -46.223    -6.603      

Otros                                -5.793      -828         1.215        174           -4.578      -654         

Saldo Balanza de pagos                22.132      3.162        -3.435      -491         18.697      2.671  

*Incluye la inversión extranjera directa que realizan las empresas locales en el exterior.

 

NOTAS: Se asume que el comercio exterior corresponde en su totalidad al sector privado. Con respecto a los servicios reales, sólo se cuentan dentro del sector público los correspondientes al gobierno. Los servicios financieros comprenden los intereses, utilidades y dividendos remitidos al exterior netos de los correspondientes a activos externos de residentes (incluyendo los bonos y títulos de otros países en manos del gobierno). En la deuda externa el saldo corresponde al nuevo endeudamiento neto de los pagos de amortizaciones realizados. La inversión extranjera directa incluye utilidades reinvertidas mientras que la fuga de capitales es la registrada en la balanza de pagos e incluye errores y omisiones netos.

 

Fuente: Elaboración propia en base a MEyOSP, “Estimaciones trimestrales del balance de pagos y de activos y pasivos externos”, varias ediciones.

                                                        

De esta manera, la acentuada concentración del comercio exterior en las grandes firmas y el signo positivo y creciente de su saldo comercial señala la existencia de una situación diametralmente opuesta a la del “resto” de la economía que exhibe un saldo comercial notablemente negativo (pasa de -6.395 a -12.241 millones de dólares entre 1993 y 1997, situándose el promedio anual en -7.838 millones de dólares) (Basualdo, 2000a). Por supuesto, esta marcada polarización en los resultados del intercambio comercial -las grandes firmas principalmente exportadoras y el resto de la economía fundamentalmente importadora- es uno de los resultados más destacables de la apertura comercial que se implementa durante la década pasada.

Por otra parte, dentro de la cuenta corriente de la balanza de pagos se encuentran los servicios financieros y reales. Tal como se constata en el Cuadro 6, en los primeros el sector público concentra el pago de intereses devengados por el endeudamiento externo mientras que el sector privado los correspondientes a las utilidades y dividendos. Por cierto, es llamativo que el pago de intereses por parte del sector privado sea positivo, porque durante la década pasada el endeudamiento del sector privado exhibe un crecimiento superior al del sector público. En este sentido, cabe destacar que dicha saldo es positivo porque los intereses que paga el sector privado por su endeudamiento externo son más que compensados por las rentas que generan los capitales remitidos al exterior (fuga de capitales), situación que se repite en términos de las utilidades y dividendos. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que dichas rentas, utilidades y dividendos son imputaciones que realiza la autoridad económica sin tener ninguna constancia de que ello ocurra efectivamente, es decir sin contar con ninguna evidencia de que el sector privado haya repatriado esas rentas y no las haya consumido o reinvertido en el exterior (Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos, 1999).

 

Finalmente, como parte de la cuenta corriente se encuentran los servicios reales -como el turismo y los fletes-, los cuales están concentrados en el sector privado y se constituyen como la erogación más importante de este sector en esta cuenta de la balanza de pagos. Tomando en cuenta todos los componentes de la cuenta corriente en el Cuadro 6 se verifica que la misma es fuertemente deficitaria, rondando un promedio de nueve mil millones de dólares anuales entre 1992 y 1998.

 

La cuenta capital es el otro rubro que compone la balanza de pagos. La principal entrada de capital que forma parte de ella se origina en el endeudamiento externo del sector público y el sector privado. Si bien el primero de ellos es cuantitativamente más importante, el contraído por las empresas privadas es el más dinámico durante el período analizado. Ese mayor dinamismo trajo aparejado un incremento de su participación en la deuda externa total del 14% en 1991 al 39,8% en 1997, superando en este último año los 49 mil millones de dólares. El endeudamiento externo privado está fuertemente concentrado en las grandes firmas a través, principalmente, de la colocación de las obligaciones negociables. Tan es así que la deuda externa de las doscientas firmas de mayor facturación explican alrededor del 60% del endeudamiento total que contrajo el sector privado en 1997 (Basualdo, 2000a) al tiempo que un estudio del Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos (MEyOSP, 1999e) da cuenta de que sólo 59 empresas explicaban el 75% del endeudamiento externo del sector privado no financiero a fines de 1998.

           

Los recursos que ingresan debido al endeudamiento externo se ven engrosados por las inversiones que realizan las firmas extranjeras para instalar o adquirir empresas locales o, incluso, financiar a las subsidiarias que ya actúan en el mercado local. Se trata de un ingreso de recursos menores a los que ingresan por el endeudamiento externo, pero que de todas maneras son muy significativos ya que durante el período analizado alcanza, en promedio, a casi los 5.700 millones de dólares anuales. Sin embargo, es apropiado tener en cuenta que todos ellos no están originados en inversiones realizadas por empresas transnacionales que se radican o amplían su operatoria en el país. En efecto, todo parece indicar que una parte minoritaria, pero significativa, de estos recursos se origina en la repatriación de capitales locales que retornaron para adquirir, principalmente, paquetes accionarios de las empresas privatizadas, las cuales en buena medida se concretaron mediante el aporte de bonos de la deuda externa argentina (capitalización de bonos de la deuda externa) que se contabilizan como parte de la inversión extranjera directa (Basualdo, 2000a).

           

Estos ingresos de capital (endeudamiento externo e inversión extranjera directa) se ven disminuidos por la salida de capital local al exterior (fuga de capitales). Si bien, tal como se verifica en el Cuadro 6, la cuenta capital tiene un superávit promedio que alcanza a 11.616 millones de dólares, la importancia de la fuga de capitales es tan significativa que se ubica como el principal flujo de recursos que realiza el sector privado, superando claramente a los servicios financieros e incluso al endeudamiento externo de este sector. Es pertinente señalar que todos los elementos disponibles indican que la fuga de capitales locales al exterior está concentrada en un número reducido de grandes firmas y grupos económicos (Basualdo, 2000b).

           

Esta primera aproximación al contenido económico y social que conlleva la balanza de pagos se sustenta en las cifras oficiales. Sin embargo, las mismas pueden ser corregidas para aprehender más acabadamente la situación. En términos generales, se trata, por un lado, de asumir supuestos más plausibles acerca del ingreso de las rentas y dividendos que perciben los capitales locales radicados en el  exterior y, por otra parte, ajustar los datos de la fuga de capitales estimada por la autoridad económica, y agregarle la salida de capitales locales que se concreta vía exportaciones.

           

Tal como se dijo anteriormente, las cifras oficiales imputan en la cuenta corriente las rentas y las utilidades que perciben los residentes locales de sus inversiones en el exterior, pero se trata de imputaciones que se realizan sin contar con elementos que avalen que ello ocurra efectivamente. Sin embargo, todo indica que el supuesto más plausible es que mientras persista una elevada fuga de capitales, las rentas, dividendos y utilidades percibidas en el exterior se consumen o reinvierten en el exterior. En efecto, si se tiene en cuenta que la fuga de capitales presenta un alto grado de concentración, el supuesto asumido por la autoridad económica implica que una parte considerable de los residentes locales que remiten fondos al exterior estarían enfrentando innecesariamente significativos costos de transferencia: los de repatriar los ingresos percibidos en el exterior y los derivados de encarar nuevas fugas de capital al exterior. Por el contrario, la racionalidad y la práctica económica indican que ante la necesidad de recursos para operar en el país, el capital recurre al endeudamiento, que pueden ser préstamos avalados por sus fondos en el exterior (autopréstamos), o a sus propios recursos disponibles, lo cual eventualmente diminuye la fuga de capitales, pero nunca recurriría a las rentas que percibe en el exterior porque implicaría enfrentar costos de transferencia que son evitables.

           

Si se modifica este supuesto en la balanza de pagos y, específicamente, en los servicios financieros de la cuenta corriente, los intereses del sector privado que eran positivos en la situación anterior (870 millones de dólares), ahora pasan a ser fuertemente deficitarios (-16.285 millones de dólares). Asimismo, las utilidades y dividendos se harían aún más negativas (anteriormente alcanzaban a 12.864 millones de dólares y en la nueva situación ascienden a -16.748 millones de dólares).

           

Por otra parte, como se menciona anteriormente, la estimación de fuga de capitales que realiza la autoridad económica puede ser mejorada recurriendo al “método residual de Balanza de Pagos” y tomando en cuenta la salida de recursos locales vía la subfacturación de exportaciones. La introducción de esta modificación implica que los recursos fugados al exterior entre 1992 y 1998 se elevan de 46.223 millones de dólares a 60.571, superando ahora a todos los ítems considerados, incluso a la deuda externa pública.

           

Las correcciones introducidas en la balanza de pagos tienen un impacto significativo que no hace sino agravar la situación que se refleja en las estadísticas oficiales. En efecto, en la nueva situación el saldo de la balanza de pagos del sector privado alcanza a -38.822 millones de dólares cuando anteriormente llegaba a -3.435 millones de dólares, con lo cual se acentúa aún más la importancia del saldo positivo del sector público en la balanza de pagos, específicamente de su endeudamiento externo. Sin duda, estas modificaciones en la balanza de pagos implicarían la modificación de algunos de sus componentes para que sea posible la acumulación de las reservas que efectivamente existen. Todo parecería indicar que la principal modificación estaría en el endeudamiento externo privado, sobre el cual la autoridad económica no ejerce ningún registro, que sería significativamente más elevado. 

 

De esta manera, mediante el análisis de la composición y evolución de la balanza de pagos se pueden aprehender algunos de los rasgos centrales que caracterizan el comportamiento que adopta la economía argentina durante el Plan de Convertibilidad y las reformas estructurales (apertura comercial, privatización de empresas públicas y reestructuración estatal) de la década de los noventa.

 

Al respecto, cabe señalar que el déficit de la balanza de pagos del sector privado es el resultado de un comportamiento acentuadamente contrapuesto entre el capital concentrado respecto del correspondiente al “resto” de la economía.

 

Si bien no se cuentan con todos los elementos para diferenciar la participación de la cúpula empresaria en cada una de las cuentas que componen la balanza de pagos, una primera aproximación parecería indicar que la misma tiene un saldo positivo de balanza de pagos a pesar de la ingente fuga de capitales que realiza. En efecto, todo parece indicar que sus ingresos de capital vía el endeudamiento externo y la inversión extranjera directa, junto al significativo saldo positivo en la balanza comercial que se analizó precedentemente, parecen superar a la salida de capital que generan tanto mediante el pago de servicios reales y financieros, como por la fuga de capitales al exterior.

 

En relación con el “resto” de la economía se enfrentan las mismas dificultades que en el caso de la cúpula, pero ahora la única incertidumbre que existe es acerca de la magnitud del déficit que exhibe su saldo de la balanza de pagos. El factor determinante para que ello ocurra es el descomunal déficit en la balanza comercial que presenta el “resto” de la economía, debido a su decisiva incidencia en la importación de bienes (Basualdo, 2000a). A esta situación, de por sí definitoria, se le agrega su escasa participación en las principales entradas de capital, como son el endeudamiento externo y la inversión extranjera directa.

 

Sin embargo, el superávit externo obtenido por el capital concentrado es insuficiente para garantizar la acumulación de reservas, siendo entonces decisivo el papel que cumple el Estado en el sostenimiento de la Convertibilidad y la consolidación del capital concentrado. Las estadísticas oficiales de la balanza de pagos, y más aún las cifras corregidas, demuestran palmariamente que el saldo positivo de la balanza de pagos del sector público es fundamental para cerrar la brecha externa que genera el proceso en marcha. Por lo tanto, la explicación de que la masiva entrada de capital extranjero privado es la pieza fundamental para asegurar el financiamiento externo de la convertibilidad carece de sustento en la realidad.

 

Ante esta situación, es necesario reparar en que el importante superávit del sector público en la Balanza de Pagos se logra porque el endeudamiento externo prácticamente duplica los intereses devengados por el mismo. Por lo tanto, se puede afirmar que, durante la década pasada, su deuda externa no esta en función de los intereses que le debe pagar a sus acreedores externos, ni siquiera depende de sus propios requerimientos presupuestarios, sino que el factor fundamental es la necesidad de equilibrar las cuentas externas en una situación donde el saldo del sector privado es fuertemente negativo.

 

Sin duda, la polarización que se expresa en el sector privado desde la perspectiva de la balanza de pagos está estrechamente vinculada al proceso de desindustrialización y centralización del capital, los cuales, a su vez son la base estructural de los actuales flagelos de la desocupación y la fractura social que caracteriza la situación económica actual, pero que al mismo tiempo son indispensables para un modelo económico que garantiza la consolidación y expansión del capital concentrado.

13.III. DEUDA PRIVADA: ENDEUDAMIENTO PUBLICO Y NEGOCIOS PRIVADOS

13.III.1. La estatización de la deuda privada

 

En ocasión de la presentación del proyecto de ley de Reforma de la carta Orgánica del BCRA (30/8/90), Roque Fernández entonces director de esa entidad y luego Ministro de Economía, en un balance sobre los costos de la década del ’80 sostenía:

“Las siguientes cifras, que presentan algunas delas pérdidas más notables del BCRA en los últimos años, ilustran como ha sido utilizado el poder discrecional de la emisión de dinero en nuestro país:

 

PERDIDAS DEL BCRA AL 31 DE DICIEMBRE DE 1989EN MILLONES DE DOLARES USA

Por Política Monetaria y Cambiaria                                           37.902

Regulación Monetaria          33.679 Operaciones de Cambio         4.223

Por financiamiento a entidades                                                  14.638

 Garantía de  depósitos            4.506

Liquidación de Entidades        5.508

Banco Hipotecario Nac.          4.286

BANADE                                                                                                                                                                   247

Otros                                                                                                                                                                                         91

 

Por Financiamiento al Comercio Exterior                                                                                                     2.275

Crédito a países                                 1.644

Convenios ALADI                                204

Financiamiento Exportaciones           144

Otros                                                                                                                                                                         283

 

Por financiamiento al Gobierno                                                                                                                                                                                                                                                                                      12.661

Obligaciones Domésticas                                                                                                                             4.911

Obligaciones Externas                                                                                                                        6.973

Financiamiento indirecto                                                                                                                                 777

“Las cifras arriba detalladas ilustran como el Tesoro Nacional se ha beneficiado con menos de una cuarta parte de la emisión monetaria. La perseverante gestión de diversos grupos de presión ha conseguido apropiarse de más de tres cuartas partes de la emisión. Créditos externos subsidiados, entidades intervenidas y liquidadas, y bancos oficiales son algunos de los principales beneficiarios de la distribución del impuesto inflacionario que genera la emisión... En nuestro caso la inestabilidad de precios ha sido doblemente regresiva: en tanto que el impuesto inflacionario ha sido pagado principalmente por los sectores más postergados de la sociedad, los recursos que originó, en una parte muy significativa, fueron apropiados por un reducido grupo de beneficiarios. Justamente, un problema al que hemos asistido en los últimos años es que el impuesto inflacionario se encontraba privatizado, al servicio de distintos grupos que, con una suerte directamente vinculada a la capacidad de lobby, han podido beneficiarse con cargo a la emisión de dinero.”

“De alguna manera estos beneficiarios han sido identificados popularmente con el nombre de “patria financiera”, “patria contratista”,  “patria exportadora”, etc. En realidad, en muchos de estos casos bien se las podría considerar derivaciones de la “patria inflacionaria”. 

 

Queda absolutamente claro como una elite empresaria socializó sus pérdidas al conjunto de la sociedad y endosó al Estado una pesada deuda, para luego construir con una lógica perversa un discurso alrededor de la ineficiencia del Estado y del agobiante peso del sector público.

 

Así como en materia de derechos humanos las leyes de obediencia debida y el punto final impidieron conocer la verdad y hacer justicia, el varios momentos de la democracia existió un “punto final económico” que impidió conocer quienes se había sido los beneficiarios de esa “patria inflacionaria”, que denuncia en abstracto Roque Fernández.

 

Cuando se denuncia estas monumentales perdidas públicas pero no se pone el nombre y apellido y monto de las  ganancias privadas, es poco lo que se contribuye para desarmar estos mecanismos y círculos viciosos de corrupción e ineficiencia.

 

El BCRA precisamente tenía valiosa información y personal idóneo para desnudar esta trama mafiosa de grupos económicos y sector financiero, para hacer el balance final de los desaciertos de la década del ’80. Esta tarea hubiera sido muy útil para no repetir en la década del ’90 (como sucedió lamentablemente) con diferentes mecanismos, los mismos resultados: un Estado de Bienestar es para muy pocos (casi los mismos) y una política de obediencia debida al poder financiero y económico en detrimento de muchos argentino, sin trabajo y sin esperanza.

 

13.III.2. Deuda externa privada en la década del ochenta.  El destino de una investigación iniciada por el BCRA

 

Los autores, Eduardo Halliburton, José Mauro Bianco y Carlos A. Villalba, brindan un breve explicación de las principales maniobras que dieron origen a gran parte del endeudamiento externo, puestas al descubierto en el transcurso de la investigación realizada por inspectores del Banco Central y  exponen una muestra de casos que ejemplifican tales prácticas. Esta información fue publicada en la Revista Económica.

 

 

 

 

Composición de la deuda

 

El universo total de la deuda privada a investigar alcanzaba a 17.000 millones de dólares, atribuidos a 8.562 deudores, los que fueron divididos en tres segmentos.

 

1)        El grupo de las 19 empresas más endeudadas del país.  La primera de ellas, con un pasivo de 1.000 millones de dólares, y las 18 restantes con deudas no inferiores a los 96 millones.  El conjunto de este grupo “privilegiado”  sumaba el 37% de la deuda total del sector privado argentino. 

2)        El grupo de las 495 empresas cuyo pasivo externo iba de un mínimo de 4 millones de dólares hasta un máximo de 96 millones representaban el 43% del total.

3)        El grupo de las 8.048 restantes, con deudas que oscilaban entre los 15.000 dólares y los 4 millones de la moneda norteamericana, conformaban el 20% del total de la deuda privada.

 

Según el tipo de endeudamiento se consideraron tres grupos:

 

a)        Deuda comercial: la que se originó como consecuencia de importaciones

b)        Deuda financiera:  producto de préstamos financieros obtenidos en el exterior.

c)        Otras deudas: abarcaba todas las demás obligaciones contraídas en el exterior, ya sea por servicios recibidos, pagos de regalías, asistencia técnica, etc.

 

Recordemos que durante el debate realizado en el Congreso de la Nación sobre la investigación de la deuda externa, el radicalismo se opuso a la formación de una comisión bicameral (propuesta por la oposición justicialista, ente otras) con el argumento de que era una tarea que el propio BCRA estaba llevando a cabo “a través de un cuerpo de técnicos especializados”.  El argumento, cierto en su aspecto formal -efectivamente se estaba investigando- no daba cuenta sin embargo de un detalle importante: los inspectores no tenían más infraestructura de apoyo que la que consiguieron con su propio esfuerzo y conocimiento; el aporte de las dependencias orgánicas del BCRA, fue escasísimo. 

 

Pero esto no fue todo. La pretendida investigación ordenada por aquella resolución 340, no fue demasiado generosa con la necesidad de aclarar hasta el último punto el origen y las consecuencias de cada centavo de deuda: la inspección del organismo rector de las finanzas de la Nación se limitó a menos del 50% de la deuda financiera y a un porcentaje considerablemente menor del rubro “Otras deudas”, dejando además de lado la llamada Deuda comercial en su totalidad. En cuanto a las empresas deudoras, se investigaron solamente las del primer grupo, más unas 175 del segundo y aproximadamente 300 del tercero, sobre un total de 8.048 (ver cuadro 1)

 

La deuda efectivamente investigada

 

En síntesis, sobre un total de 43.006 millones de dólares, la deuda efectivamente investigada alcanzó nada más que a 5.080 millones de dólares, es decir, el 11,8% del total de los compromisos externos del país. 

 

No obstante lo irrelevante del monto investigado, los inspectores detectaron numerosas irregularidades que significaron la solicitud de pedidos de baja de compromisos externos por aproximadamente 1.500 millones de dólares. 

 

Pero esto no es todo.  Si se tiene en cuenta que los bancos acreedores no habían confirmado, dentro de los 45 días estipulados por la resolución 340, un alto porcentaje de las deudas que las empresas radicadas en el país poseían con ellos, tenemos que el Banco Central (además de los 1.500 millones de dólares señalados) debería haber dado de baja deudas que por este concepto ascendían, según los cálculos de la gerencia del sector externo, a una suma que superaba los 1.000 millones de dólares (Informe del Depto. De Deuda Externa a la Gerencia Departamental, 24.8.87)

 

1. Anomalías en la concertación de seguros de cambio

 

Hagamos una breve reseña histórica.  El plan económico ejecutado (y antes pergeñado) por José A. Martínez de Hoz en favor de los grupos oligárquicos y las transnacionales, fomentó un rápido y perverso endeudamiento externo.  Con el referente de la tablita cambiaria la mayoría de las empresas oligárquicas y transnacionales recurrieron a tomar financiamiento con el exterior.  Como se sabe, a Videla lo sucedió Viola, y con este llegó al Ministerio de Economía, Lorenzo Sigaut, en cuya gestión se efectuaron dos poderosas devaluaciones de la moneda (en marzo y en junio de 1981); también implementó el régimen de seguro de cambio cuya finalidad real era trasladar el costo del endeudamiento privado al estado. 

 

Los seguros de cambio son compromisos a término contraídos por el Banco Central con el sector privado y cubren préstamos financieros en moneda extranjera.  En otras palabras, el Banco Central le asegura al sector privado la venta de divisas para la cancelación de préstamos financieros al exterior a un tipo de cambio predeterminado, ya sea un valor fijo o resultado de una determinada fórmula de actualización.  La empresa que contrata un seguro de cambio abona una prima.  El nivel de los subsidios otorgados a los beneficiarios de los seguros de cambio dependía de las diferencias a su favor entre la evolución del tipo de cambio y las primas del seguro (calculadas mediante las fórmulas correspondientes). 

 

Fue presentado persiguiendo dos objetivos centrales: por un lado, mejorar el perfil de la deuda externa, puesto que ante la cantidad de vencimientos que se acumulaban en el corto plazo, permitía que los deudores refinanciaran sus deudas en plazos más prolongados; en segundo lugar, atenuar los perjuicios que provocaban a las empresas radicadas en el país las fuertes devaluaciones decretadas por el gobierno de facto, ya que les aseguraba un tipo de cambio más ventajoso.

     

Existen numerosos casos detectados en los que el espíritu manifiesto de la norma resultó notablemente alterado en beneficio de los particulares y en desmedro de la nación, como sucedió por ejemplo en el caso de Pérez Companc, grupo económico que recibió los beneficios del seguro de cambio sin haber obtenido de su acreedor la prórroga correspondiente del vencimiento del préstamo, tal como lo requería la comunicación A-137. 

 

2. Autopréstamos: Yo me presto, tú me pagas

 

La maniobra del autopréstamo fue otra de las utilizadas para la apropiación ilícita de dinero obtenidos gracias a un régimen financiero que las facilitaba (o más todavía, que las incitaba).  La investigación parcial impulsada por el BCRA permitió detectar numerosos casos de este tipo: empresas que, ya sea para la obtención de un préstamo del exterior, como para la renovación parcial de uno ya existente, debían hacer un depósito a plazo fijo en el banco acreedor por un monto igual o superior al préstamo.

 

Estos plazos fijos eran efectuados con fondos propios que la empresa poseía en el exterior, o bien con la transformación de Bonex en dólares.  Pero además, dichas garantías (eso y no otra cosa eran los depósitos abiertos en el banco acreedor), ni siquiera se informaban al BCRA.  En muchos casos, tampoco surgieron de los balances y libros de la sociedad, cuando se los investigó.

 

La nómina de empresas a las cuales se detectó alguna forma de autopréstamo es tan abundante como significativa: Renault Argentina S.A., Sideco Americana S.A., Socma S.A., Suchard Argentina S.A., Cargill S.A., Celulosa Jujuy S.A., Ford Motor Argentina S.A., Sudamtex S.A., Textil Sudamericana, etc.  Varios ejemplos se describen a lo largo de éstas páginas, pero mientras tanto, continuaremos analizando otras operatorias que dan piel al carácter de ilegitimidad de la deuda.

 

3. Proyectos de inversión que no se realizan, pero endeudan

 

La inventiva de los grupos económicos no reconoce límites.  Por allí, se conformó una empresa para realizar un proyecto industrial en el país.  Loable iniciativa.  Necesitaba capital, claro, y lo buscó en el exterior.  Pero he aquí que el préstamo que le otorgaron no ingresó en realidad al país, sino que por sugerencia del acreedor debió ser transferido a otra empresa del exterior, que sería la encargada de fabricar maquinaria y equipos, aportar tecnología, etc, para la posterior instalación de la planta en la Argentina. Además, el contrato preveía que la operatoria de importación de esos equipos y servicios correría por cuenta de la firma aludida en primer término.  ¿Qué pasó?  Sólo fueron despachados (y recibidos aquí) el 20% de las maquinarias, ya que la novel empresa conformada en el país no pudo efectuar los gastos necesarios para cubrir las importaciones...y la situación se prolongó por años, acumulándose intereses por la deuda (préstamo inicial) contraída.  Para fundar la empresa que iba a encarar un proyecto industrial, debió pedir un préstamo en el extranjero que necesariamente fue avalado por alguna autoridad económica de la Argentina, o sea por el estado.  La pregunta contiene la respuesta.  ¿Quién está pagando hoy los intereses de una deuda contraída para el desarrollo de una industria que no fue tal? ¿Quién se benefició y quién se perjudicó con tan curioso préstamo financiero?

 

Este tipo de maniobra fue detectado  por la investigación del BCRA.  En las páginas de este informe se ejemplifica a través del caso “Cementos NOA”.

 

4. Aportes de capital disfrazados de préstamos financieros

 

Los inspectores que contrató el BCRA para investigar el tema de la deuda, no podrán ser tildados de distraídos.  Así se desprende de algunos de los informes con que cuenta la Gerencia del Sector Externo, que permitieron detectar otro tipo de maniobra tan perversamente ingeniosa como las ya descriptas: una empresa que se formó con capital exiguo (digamos, a valores de hoy, 50 o 60 australes) para emprender alguna aventura industrial (por ejemplo, la exploración de áreas petroleras).  Pero como la nueva sociedad era en realidad filial de una gran empresa con sede en el exterior, y la envergadura del proyecto a que se hallaba abocada se contradecía con el escaso capital con que contaba para ese fin, debió requerir financiamiento externo.  La casa matriz debería poder capitalizarla, con lo cual no hubiera habido ningún problema.  Ciertamente, esta sociedad madre realizó fuertes inversiones pero no en forma de capitalización de su nueva filial, sino como préstamo financiero, beneficiándose de paso con el régimen de seguro de cambio, lo que le aseguró además una más rápida repatriación de la inversión.

 

Naturalmente que tampoco este es un ejemplo surgido de la imaginación, sino que existió, fue detectado por el BCRA (el caso “Selva Oil”, es uno de ellos) y también podrá verse en detalle en estas páginas.

 

5. Subfacturar para abultar la deuda

 

Por ahora es el último tipo de casos. Este procedimiento anómalo (ejemplificado en este trabajo con la deuda denunciada por la firma Cogasco S.A., que tuvo bastante difusión periodísitica) se basó sobre el manejo de la facturación de una empresa que depositó en su casa matriz en el exterior o una filial,  los fondos de un préstamo que le otorgaron ante una circunstancia legalmente determinada: como el préstamo no fue ingresado al país sino que se utilizó para adquirir insumos industriales por la matriz o filial del exterior, la sociedad local investigada incurrirá en maniobras de subfacturación.  Si por ejemplo: a) trajo del exterior ciertos bienes de uso importados como inversiones temporarias (se usan y son devueltos al exterior, sin que la operatoria ocasione movimiento de divisas), pero en los libros insepeccionados figuraban como inversiones definitivas (que sí deben ser pagadas, engrosándose la deuda); b) declaró que el préstamo financiero debería ser pagado en dólares, cuando en realidad parte lo fue en otra  moneda que sufrió devaluaciones respecto de la divisa norteamericana, c) la casa matriz o filial depositaria de los fondos prestados, los retuvo sin aplicarlos a la compra de los insumos que debían enviar a la sociedad argentina (es decir, lo que se llama mantener fondos ociosos).  En fin, cualquiera de estas fórmulas genera acumulación de intereses, mayor endeudamiento, que obviamente tiene que afrontar el país. 

 

Una  modificación:

 

En resumidas cuentas, con la investigación de la deuda iniciada en 1984 a través del Banco Central, ocurrieron varias cosas (y otras están por ocurrir), a saber:

 

1)        Nunca se impulsó la inspección de la totalidad de la deuda, sino que se impartieron directivas de atenerse a un muestreo, determinado desde arriba.

2)        El espíritu y la letra de la resolución 340 -que pese a todo apuntaba en la dirección correcta, al caracterizar sin eufemismos las prácticas desleales y sentar las bases para dar de baja una cantidad nada despreciable de deuda ilegítima-, fueron cayendo en el vacío por la actitud ya sea de indiferencia, cuando no de abierta subjetividad por parte del área gerencial del BCRA.  Hoy por hoy, el proyecto de modificación del alcance de la resolución 340 no es sino la legalización de esa actitud por parte de las autoridades económicas.....

3)        Los caminos elegidos y transitados por el gobierno en materia de negociaciones con el FMI y la banca acreedora externa, dejan en claro que no existe la voluntad de esclarecer las cuestión hasta sus últimas consecuencias.  Baste un dato de la realidad para abonar esta presunción: puntillosamente se evitó desde las autoridades políticas y económicas, que transcendieran detalles de las inspecciones realizadas durante estos años.  Ni hablar de dar a conocer oficialmente tales informes, aunque más no fuera con sentido propagandístico. 

 

 

El punto final de la investigación

 

El sector del BCRA llevó a la práctica la amnistía pactada con el FMI y sus socios locales. Además, creó los instrumentos formales necesarios para que esa situación de hecho se acogiera “a derecho”.

 

Se creó un grupo de trabajo para dar soporte a esa estrategia, integrándolo con funcionarios que entraron al BCRA durante la dictadura de Martínez de Hoz y Videla y con algún especialista novel.

 

El equipo -en el banco lo llamaban grupo de tareas- rápidamente generó el instrumento que pondría, en la práctica, punto final a la investigación de la deuda externa privada; la pública, ya es sabido, sigue gozando de buena salud.

 

La realidad demuestra que quienes estuvieron en la parte operativa de la investigación de la deuda encarada por el Central, hicieron mucho más de lo que la institución quería.  Ese pequeño grupo de argentinos hizo lo que debía hacer, y lo hizo bien. 

 

La deuda externa privada

 

Estudio de Casos

 

En el acápite anterior realizamos una breve explicación de los principales tipos de irregularidades detectadas por los inspectores encargados de la investigación  de la deuda privada. Después de un laborioso trabajo, se seleccionó una muestra de nueve casos que ejemplificaban claramente su ejecución por los principales tipos de ilícitos realizados por los grupos económicos de la oligarquía y el capital extranjero. Ellos son Renault S.A., Suchard Argentina S.A., Fiat Concord S.A., Cargill S.A., Cogasco S.A., Selva Oil Inc. , Cementos NOA S.A. y la Petrolera Pérez Companc S.A.

 

Naturalmente esta decisión implicó dejar de lado una enorme cantidad de empresas de grupos económicos a las cuales los inspectores del BCRA indicaron que correspondía por las irregularidades encontradas, no reconocer varios de sus compromisos externos. Entre ellos podemos citar,  a modo de ejemplo a Papel Prensa S.A. U$S 15.300.000, Celulosa Jujuy S.A. 1.269.000, / Ford Motors S.A. 16.000.000 u$s, Eucaliptus S.A, de Gotelli u$s 5.806.000, Unexport S.A., u$s 997.000., Inversora Patagónica, de Pérez Companc u$s 3.000.000. etcétera.

 

Son también innumerables los casos de anomalías en la concertación de los seguros de cambio, como surgió de la documentación presentada en la relación con el caso de la Petrolera Pérez Companc.

 

Allí se encontraban empresas de peso como las del grupo Soldati/Brown Boveri, Philco, entre otras.

 

Tampoco incluimos entre los casos descriptos, las empresas que tenían  sus deudas canceladas pero no informadas al BCRA, con el agravante de que en algunos casos seguían corriendo los beneficios del seguro de cambio.. Entre muchos casos podemos citar Merck S.A. u$s 4.790.000, Fiat Meterfer S.A. u$s2.441.000, /Saab Scania S.A u$s 2.700.000, Alba u$s 625.000, etcétera.

 

Finalmente, hay un número de casos que no se investigaron / o cuya inspección, después de un primer sondeo, se paralizó / y que, a simple vista, presentaban irregularidades llamativas. Tal situación, por citar un ejemplo, de Parques Interama, cuyo endeudamiento superó los 110 millones dólares, de los cuales más de la mitad no entraron al país. De estos fondos no ingresados, el deudor no tenía forma de demostrar en qué los aplicó en el exterior, lo que hubiera alcanzado para aplicar el punto d de la resolución 340.

 

Los montos adeudados de esa empresa que se refinanciaron,  de manera totalmente irregular, porque la firma nunca dio su aval para ello, fueron conformados por el BCRA a partir de la documentación de los acreedores, de lo que es totalmente improcedente. Se hubiera debido, por lo menos, profundizar la investigación.

 

 

 

CASO 1

RENAULT ARGENTINA S.A

 

Los inspectores de la deuda acreditaron por el Banco Central que se constituyeron en la sede de Renault Argentina S.A., quizá se sorprendieron por la puntillosa prolijidad con se habían archivado los papeles de negocios de la empresa. Biblioratos, carpetas y papelerio suelto fueron pasando ante sus ojos. Todo estaba en orden.

 

Renault había declarado ante el BRCA que el 31.10.83/ fecha tope para la investigación/,  era deudor del extranjero por valor de 4.106.496 dólares. Esta cifra correspondía a 244 presentaciones en concepto comercial; /35,5millones/ una operación financiera de para / swap* / 3 millones, una presentación por préstamo financiero /4millones/ y otras deudas menores /1.5 millones/. Nació entonces, el primer expediente 100.573/85, uno de los más jugosos de toda la investigación de la deuda ordenada por el Banco Central.

 

Dentro de las deudas seleccionadas a través del muestreo indicado por las autoridades del Banco, apareció un interesante préstamo financiero por 4 millones de dólares otorgado por la firma inglesa Barclays Int. Ltd. / sucursal Bruselas, Bélgica/ el 24.9.81. En realidad, el préstamo original era por 6 millones, pero 2 millones fueron cancelados el 27.2.82, cubriéndose los 4 millones restantes con  un seguro de cambio, conforme con las normas vigentes en ese momento.

 

El destino de esos fondos, según lo manifestado por la empresa y avalado por el contador público certificante, era cubrir déficit de capital de trabajo y compras de bienes de capital.

 

Sin embargo, de toda la investigación realizado no surge en ningún momento que por esos años  Renault careciera francamente de recursos como para hacer frente a tales necesidades.

 

Al 31.12.80 Renault registraba 70.403 dólares en disponibilidades de dinero, más 3.064.960 en Bonex y nada menos 89.046.834 de dólares en plazos fijos. Un año después -31.12.81- las disponibilidades eran de 25.182.978, en tanto que las colocaciones en plazo fijo sumaban 77.205.360 de la divisa norteamericana. Los índices de liquidez eran, respectivamente para ambas fechas, de 1,79 y de 1,48.

 

Necesitaba entonces esos 4 millones de dólares para cubrir déficit de capital de trabajo y compras de bienes de capital, como declaró la empresa?

 

Pero eso no es todo. De otros papeles también debidamente analizados por el contador público convocado, surgía con nitidez que la empresa tenía, colocaciones transitorias en el exterior por 12.097.732 de dólares de los cuales 4.000.000 de dólares están garantizando la deuda por igual monto indicada. Operaciones conjuntas de compra y venta de divisas al contado, con la venta y compra de divisas a futuro, con el objeto de asegurar un tipo de cambio y no sufrir pérdidas posteriores por fluctuaciones de cotizaciones

 

Consultada por nota, la sociedad confirmó en declaración jurada que efectivamente existía esa garantía en el Barclays Bank Int Ltd. De Bruselas. También respecto a la garantía a favor del mencionado banco, se expresaba en acta directorio N° 519 del 29.3.84 los siguientes conceptos:

“… la presidencia de Renault argentina S.A recordó que luego de sucesivas renovaciones, la deuda que la sociedad tenía con el Barclays Bank Int Ltd. Por 4.000.000 de dólares la cual había sido respaldada con un depósito por el mismo importe, sería cancelada contra la emisión de un Bono  que el BCRA emitirá conforme con su comunicación ‘A” 251. Como condición para que el Barclays Bank prestara su conformidad con tal cancelación, ese banco había requerido a la sociedad la firma de una carta de garantía…”

 

Hay más todavía, esa garantía, que desde ya, sería motivo suficiente para que el estado no reconociera la deuda, consistía en el compromiso de Renault de mantener en todo momento un saldo acreedor en el Barclays Bank de por lo menos U$S 4.500.00. Así, el banco acreedor se aseguraba que cualquiera fuera la situación de la empresa argentina, recuperaría su dinero prestado pues lo tenía a mano. En rigor, tan a mano que nunca lo prestó.

 

Frente a todo lo expuesto, el BCRA caracterizó en primera instancia -según el informe elevado por los inspectores- que existen indicios graves, precisos y concordantes que hacen presumir la confusión de la calidad de deudor y acreedor en una misma persona, por lo que este curioso préstamo se encuadraría perfectamente dentro de la normativa de la resolución 340, en el punto 1 b, por lo tanto, recomendaron que dicha deuda de Renault fuera dada de baja. Además, los investigadores concluyeron, con toda lógica, que no correspondía considerar “práctica de mercado generalmente aceptada” que la empresa posea fondos depositados en el exterior -aquellos 12 millones de dólares en plazos fijos- y al mismo tiempo tome un préstamo externo para cubrir el déficit operativos, cuyo costo financiero será más elevado que el monto inicial, por aplicación del concepto de riesgo con lo que los distintos mercados discriminan financieramente, esto es, altas tasas de interés.

 

Más de lo mismo

 

Hubo otra llamativa operación por un monto de 3.017.000 dólares emprendida por Renault que terminó siendo deuda externa del estado argentino. En 1982, la firma solicitó un préstamo comercial convertido en operación de pase -swap-, en la cual estaban involucrados el Banco Supervielle SG y la Finance, de Lausanne, Suiza.

           

El Supervielle actuó en este caso como piloto de un grupo de entidades autorizadas, con las cuales estaban canalizadas operaciones de importación que, en todos los casos, tenía como proveedor a la casa matriz, la Regie Nationale des Ussines Renault. La operación de pases se concertó entonces el 25.8.82 innecesariamente según juzgó el cuerpo investigador del BCRA, habida cuenta que Renault argentina pudo haber cancelado las importaciones a su vencimiento con los fondos existentes en las cuentas corrientes de las distintas empresas del grupo. Sin embargo, optó por requerir la ventaja del seguro de cambio, con lo cual trasladó los costos financieros al estado argentino, que los aceptó de acuerdo con las disposiciones vigentes en ese entonces, es decir en los tiempos del ministro José M. Dagnino Pastore.

           

Aunque fuera del análisis, porque se trató de casos detectados en años posteriores a la fecha tope de la investigación, se le encontraron también a Renault otras perlitas en su operatoria financiera, así, por ejemplo, al 31.12.84 -a un año de aquel tope dispuesto por el BCRA para investigar- la firma acreditaba una deuda externa de 35 millones de dólares. De ese total, 15 millones fueron declarados ante el BCRA, por los 20 millones restantes, la empresa manifestó haber adquirido bonos externos -Bonex- en el meracdo internacional para destinarlos a su cartera y ser vendidos en las medidas de las necesidades en el marcado local.

           

Los 15 millones de deuda declarada fueron ingresados en forma de sendos préstamos -de 5 y 10 millones, respectivamente-, el 21 y el 27.8.1984, es decir, antes de que el gobierno constitucional cumpliera su primer año de gestión. En ambos formularios de declaración la empresa aseguró que no había vinculación entre el deudor y el acreedor. Veamos si es así.

           

Se trató de préstamos adquiridos por Renault argentina de la Renault Acceptance B.V., firma esta controlada- al igual que Renault argentina S.A por la Régie des Ussines Renault también en ambos formularios de la empresa aseguró que no existían avalistas o garantes ni ningún tipo de garantía otorgada. Sin embargo, por nota del 29.5.85 ante un requerimiento del BCRA, producto de la investigación, Renault. La operación de pase se concertó, es la existente en el Nederlandsche Middenttands Bank -NMB- de Cayman Island.

           

En un acta de directorio de la empresa la n°529 informan que

                        “… La sociedad había obtenido una línea de créditos de Renault Acceptance BV por 35 millones de dólares a ser utilizados en distintas partidas con vencimientos escalonados y tasas de interés variables. Dicho crédito había sido garantizado -en cuanto a su reembolso a término- con afectación del depósito que la sociedad había constituido en el NMB y del cual ya tenía conocimiento el Directorio. Oído lo informado, el Directorio por unanimidad aprobó la operación de crédito obtenida y la afectación mencionada por la Presidencia.

           

Notable cambio de actitud. Antes no existía garantía, ahora no sólo existe, sino que el directorio aprueba por unanimidad toda la operatoria. Pero la historia sigue. ¿Qué origen tenía esa cantidad de dólares que habían sido usados como garantía?. Según manifestaciones de Renault Argentina provienen de movimientos canalizados en Renault Acceptance cuyo origen era la capitalización de intereses, operaciones de venta de Bonex en el Mercado Internacional, etc., es decir sin giro de divisas desde la Argentina. Eran unos 50 millones de dólares colocados en el corto plazo y que se trasladan a mediano y largo plazo -plazo fijo- en el ignoto NMB de las islas Caimán -la inversión era a tres años, después se redujo a dos-. El acta del directorio de Renault dice que:

“El mercado internacional de colocaciones financieras presentaba condiciones que resultaban más favorables para la realización de operaciones de mediano y largo plazo”.

           

Así ocurrió que, producido el vencimiento del plazo fijo en julio de 1985, los fondos de Renault Argentina -50 millones, más los intereses acrecidos- fueron aplicados a la cancelación de préstamos de Renault Acceptance BV por un total de 25,2 millones, mientras que otros 35 millones fueron colocados en la misma compañía del grupo.

           

Por lo tanto  y gracias a estos vericuetos de la operatoria financiera tan hábilmente manejados por el grupo económico, viene a resultar que la firma originalmente acreedora, esto es Renault Acceptance, que le prestó 15 millones a su hermana argentina, es ahora y al mismo tiempo deudora de Renault Argentina ¡ por un monto superior al de aquel préstamo… !  ¿Queda alguna duda de la confusión entre deudor y acreedor de que habla la resolución del BCRA como uno de los motivos para dar de baja una deuda?

           

Para la anécdota, queda otra perlita surgida del trámite de esta operatoria. Una de las etapas del nutrido informe del caso Renault, tuvo como protagonista a Marcelo Da Corte, en aquel momento ocupando un puesto en el directorio del BCRA. Con fecha 26.11.85, de puño y letra -una grafía despareja y nerviosa, difícil de descifrar, como las recetas médicas- Da Corte opinó breve pero mínimamente sobre aquella operación de Renault con el Barclays Bank -4 millones de dólares- antes citada:

“ Las presentes actuaciones han permitido comprobar la existencia de colocaciones financieras realizadas por la empresa deudora argentina en el exterior, mediante giro de divisas compradas en el mercado oficial de cambios, por montos superiores a los obtenidos y registrados como deudas. La existencia de confusión entre acreedor y deudor hace aplicables los términos de la Resolución 340 del Directorio…”

           

Pese a todo, su opinión no fue tenida en cuanta a pesar de la conformidad a su dictamen del vicepresidente del banco, Dr. Leopoldo Portnoy.

           

La deuda externa de esta empresa -por varios millones de dólares-que correspondía a dar de baja según lo solicitado por los inspectores, la que sigue pagando puntualmente el pueblo argentino.

 

El negocio de los seguros de cambio

 

Como hemos señalado, los seguros de cambio sirvieron para que el estado subsidiara un endeudamiento ilegítimamente contraído por parte de las empresas oligárquicas y extranjeras. El peligro de quebranto o la falta de recursos para afrontar los compromisos externos no pasó de ser una justificación que nada tenía que ver con la realidad.

           

En el caso que nos ocupa, los inspectores lo señalan claramente al indicar que  “los créditos” declarados al 31.10.83 por los cuales la empresa se vio beneficiada con el seguro de cambio por comisión  A 137 y A 162 -operaciones de pase- por U$S 4.000.000 y U$S 3.017.000 respectivamente, eran innecesarios teniendo en cuenta la situación financiera de la empresa durante el plazo de vigencia de la deuda”

 

Para afirmar lo anterior presentaron los siguientes datos

 

a)   Evolución de las colocaciones a corto y largo plazos en el mercado financiero local y en el exterior. Su relación porcentual con el total del patrimonio neto.

 

                                             Colocaciones totales %              Colocaciones en moneda extranjera %    

1980                                     38                                                 23,4

1981                                     66,6                                              59

1982                                     58                                                 29,5

1983                                     49,4                                              39,5

1984                                     62,5                                              23,5

 

 

b)  Detalle de las plazas en las cuales se colocaban los fondos:

·         Años 1980/1981 Se advierte que la mayor parte de los fondos se colocaron en el corto plazo en moneda nacional y en el sistema financiero local.

·         Año 1982 Comienzan a integrarse con importes significativos las cuentas Renault Finance y Renault Acceptance. Se efectúa la colocación de U$S 4.000.000  en el Barclays Bank Int. Ldt. Bruselas, Bélgica consistiendo el resto de las inversiones en bancos locales, haciendo esto un total de U$S 20.000.000. Además la cartera en Bonex de la empresa y Letras de Tesoreria alcanzaban la suma de  U$S 37.000.000.

·         Año 1983 El total de las tenencias en Bonex y colocaciones transitorias en el mercado local alcanza a los U$S 22.000.000 a esto se agrega la colocación a plazo fijo por tres años en el Nederlandsche Middensttands Bank por U$S 50.000.000

·         Año 1984 Se mantiene la colocación en el NMB y el Barclays Bank por un total de U$S 54.000.000 más U$S 6.000.000 en otras entidades financieras y la tenencia en Bonex de U$S de 8.400.000. El total de colocaciones para el año 1984 es de alrededor de U$S 86.000.000.

 

c)   Efectos de los resultados financieros

De los estados contables a valores históricos surge que los resultados financieros netos han tenido notable participación en los resultados de cada ejercicio. La relación porcentual es la siguiente

 

Año                 Ganancia Financiera                 

                           Unidad total             = %

 

1980                       52

1981                       97

1982                       50

1983                       96

1984                     100

 

 

 

A pesar de lo señalado, el subsidio otorgado por el estado a través de los seguros de cambio, también sigue en el bolsillo de la firma.

 

 

CASO 2

SUCHARD ARGENTINA S.A

 

En abril de 1980, la empresa chocolatera de origen suizo, Suchard Argentina S.A, sufrió un incendio en sus instalaciones, razón por la cual cobró de las compañías con las cuales había contratado seguros, indemnizaciones según el siguiente detalle:

1.   Boston Cia de Seguros

Cheque librado por el Inder c/Bco Credit Suisse N°4835 por 2.031.706 francos s