13. DEUDA EXTERNA Y FUGA DE CAPITALES
El presente análisis estudia cómo el endeudamiento
externo está vinculado con los mecanismos de fuga de capitales, la evasión
fiscal y el dinero ilegal.
13.1. LA DEUDA PÚBLICA Y PRIVADA, DEFINICIÓN Y
DIMENSIÓN
En Argentina el art. 58 de la ley Nro. 24.156 de
Administración Financiera, considera deuda externa aquella que resulte exigible
fuera del territorio nacional. La convertibilidad de la moneda ha dado lugar a
un sistema bimonetario por el que el Estado Nacional ha emitido títulos de
deuda nominados en dólares estadounidenses. A los efectos de cuantificar
acabadamente la necesidad de divisas que implica el stock de obligaciones
emitidas en moneda extranjera por el Estado Nacional, debe adicionarse a la
deuda pública externa, publicada por el Ministerio de Economía, el total de
títulos emitidos en divisas extranjeras aunque se encuentren en poder de
residentes. Con estas definición la Deuda Externa Argentina (DEA), pública y
privada, superaba el primer trimestre de 2001 los 177.000 millones de dólares
(Cuadro 1.1).
Cuadro 1.1
Deuda
externa bruta según sector residente al 31/12 de cada año.
Deuda
Externa Privada Deuda Externa Pública DEUDA EXTERNA SUBTOTAL TITULOS
PÚBLICOS En divisas en poder de
residentes DEUDA
EXTERNA TOTAL
Mill de u$s (1) Mill de u$s (2) Mill. U$s (3) Mill de u$s (4) Mill. u$s ( 3+4)
1991 8598,0 52739,0 61337,0 S/d 61337,0
1992
12294,0 50678,0 62972,0 S/d 62972,0
1993
18819,0 53606,0 72425,0 S/d 72425,0
1994
24640,0 61268,0 85908,0 S/d 85908,0
1995
31954,0 67192,0 99146,0 S/d 99146,0
1996
36552,0 74113,0 110665,0 14454,0 125119,0
1997
50184,0 74912,0 125096,0 15612,0 140708,0
1998
58846,0 83111,0 141957,0 14826,0 156783,0
1999
2000
60598,0 61330,0
85396,0 85065,0 145994,0
146395,0
21005,0 30602,0 166999,0 176997,0
Fte. Elab. Propia sobre MECON- Información
Económica Trimestral
(1) Sector
privado no financiero más Sector financiero sin BCRA.
(2) Sector
Público no financiero más BCRA
(3) Cifra
publicada por MECON
(4) Titulos
Públicos en moneda extranjera en poder de residentes.
Los indicadores convencionales utilizados por los
Organismos Financieros Multilaterales permiten calificar a Argentina como un
país severamente endeudado. Su
condición de país de ingresos medios altos, lo excluye definitivamente de
mecanismos de ayuda financiera, reducción o condonación de la DEA, como los
diseñados para los Países Pobres Altamente Endeudados (PPAE). Sin embargo, el
impacto de la DEA se torna insostenible y las restricciones que impone al
progreso económico y social de la Nación se pueden apreciar al considerar:
·
representa más del 64% del PBI (incluyendo la deuda externa de las
provincias- u$s 20.000 millones, más del 70%),
·
absorbería más de 7 años de exportaciones. Solamente el pago de los
intereses compromete el 46% de las exportaciones de un año.
·
Los intereses de la DEA alcanzan al 4,5% del PBI y absorben casi 1/4 de los
ingresos tributarios y de seguridad social de la Administración Nacional.
13.1.2.
EVOLUCION Y ESTRUCTURA DE LA DEUDA
Entre 1976, al inicio de la dictadura militar, la DEA
creció desde algo más de u$s 7.800 millones a u$s 43.600 en 1983. Dicha deuda
no tuvo como contrapartida bienes y servicios que se incorporaran al ciclo
productivo interno sino que se utilizaron para la especulación y valorización
financiera. Basado en cifras del Banco Mundial
Eric Calcagno sostiene que “ En síntesis, puede afirmarse que, con
respecto al grueso de la deuda externa existieron en diferentes proporciones,
tres grandes causas de endeudamiento: el financiamiento de la exportación (o
fuga) de capitales por parte de agentes privados, nacionales y extranjeros
(44%), el financiamiento del pago de intereses a la banca extranjera (33%) y la
compra de material bélico por parte de las fuerzas armadas y otras
importaciones no registradas (23%).” (La perversa deuda externa. Ed.
Legasa)
Este nivel de endeudamiento derivó en la primera crisis
de la Deuda Externa, y en el período de mayor inflación que ha sufrido la
Argentina durante el siglo XX. Sus secuelas, con corridas cambiarias y fuga de
capitales, se prolongaron hasta la hiperinflación de julio de 1989, (IPC) 196,6
% mensual, que terminó desestabilizando al gobierno democrático y con la
renuncia anticipada del presidente Alfonsín.
Entre 1991 y 2000, ha crecido a una tasa próxima al 12,5 % anual, ritmo de
acumulación que supera con creces las más optimistas tasas de crecimiento del
producto. Considerando que la única fuente genuina para afrontar los
compromisos en moneda extranjera es la disponibilidad de divisas y que esta
depende del nivel de exportaciones de la Nación y de sus reservas
internacionales, la comparación relevante resulta el crecimiento de la deuda
con el crecimiento anual de las exportaciones, éstas crecieron al 5,1% anual
entre 1990 y 2000, período de gran apertura económica, con reducción y
simplificación arancelaria y puesta en funcionamiento del Mercosur, durante el
cual las exportaciones argentinas pasaron de u$s 9.000 millones a más de u$s
25.000. Sin embargo la significación del esfuerzo de apertura no se
compatibiliza con el crecimiento del endeudamiento, que como se observa al
comparar las tasas de crecimiento de la DEA con las de las exportaciones y del
PBI, supera ampliamente las
posibilidades de pagos del "principal".
Hasta fines de 1998, paralelamente al aumento en la
magnitud de la deuda, su estructura se modificó en forma sustancial,
observándose un gradual y creciente predominio de fuentes crediticias privadas,
en comparación con la contraída con gobiernos, organismos multilaterales y
otros acreedores oficiales y también se produjo un acortamiento de los plazos
de vencimiento. La disminución de la participación del crédito institucional a
favor de una mayor gravitación del sistema financiero privado condujo a
aumentar el grado de vulnerabilidad externa y el riesgo cambiario.
Esto se hizo manifiesto a partir de fines de 1998, ante la recurrente necesidad
de renovación de préstamos y una perspectiva de eventual insuficiencia de
ingreso de capitales, las condiciones para recurrir al influjo de capitales financieros se
agravaron derivando en pronunciados aumentos de las tasas de interés y el
inicio de una prolongada recesión que perdura hacia mediados de 2001.
La vulnerabilidad financiera argentina se profundizó
provocando mayor dependencia del mercado de capitales y aumentos de
endeudamiento, a pesar de una
asistencia creciente de los organismos multilaterales que entre 1998 y
principios de 2001 incrementaron sus créditos en más del 40%.
En consecuencia el endeudamiento demuestra una creciente proporción de créditos de refinanciamiento con
empinamientos en las tasas de interés que denota un aumento en la desconfianza por la estabilidad cambiaria y se
refleja en nítidos aumentos en el costo del crédito (Cuadro 2.1 Spreads de
mercados emergentes o riesgo país), y lo que es más grave aún: la utilización
de estos recursos financieros de corto plazo para el arbitraje de intereses y
la especulación cambiaria.
También el cambio en la estructura y perfil de vencimientos
de la deuda se explica por la necesidad de atender el pago de amortizaciones e
intereses de deuda de próximo vencimiento, para ello se debió recurrir a
créditos "puente" condicionados a programas de ajuste o firmar
acuerdos de refinanciamiento con acreedores privados en condiciones mucho más
duras que las originales, que en varios casos son ilegales (por encontrarse fuera de las facultades concedidas al
PEN por ley 24156) y con tasas de interés inéditas al límite de la usura, como
los canjes de títulos realizados a partir de 1999 y el megacanje de junio de
2001, de los que se expondrá más adelante.
Cuadro 2.1
Spreads de mercados emergentes
Indicadores J. P. Morgan - En puntos básicos
EMBI EMBI+ Argentina Brazil Mexico Venezuela
31/01/2000 902 904 594 752 433 913
29/02/2000 817 816 548 689 353 813
31/03/2000 814 798 568 679 354 879
28/04/2000 791 708 572 742 385 952
31/05/2000 873 784 703 797 434 980
30/06/2000 797 702 687 726 353 869
31/07/2000 761 682 652 716 360 855
31/08/2000 712 643 686 657 326 787
29/09/2000 761 677 673 707 316 797
31/10/2000 835 745 816 767 364 862
30/11/2000 903 805 855 818 377 895
28/12/2000 855 755 765 744 383 954
31/01/2001 765 674 670 681 370 846
28/02/2001 844 748 803 753 425 852
30/03/2001 874 784 945 814 424 880
30/04/2001 884 787 1042 821 366 826
31/05/2001 854 745 981 857 327 844
29/06/2001 807 745 1025 841 304 847
30/07/2001 925 928 1550 965 351 903
Fte. Elab. Propia en base a MECON - Información Económica
Trimestral
13.1.3. LOS
DETERMINANTES INTERNOS Y EXTERNOS DE LA ACUMULACIÓN DE LA DEUDA
Existen tres determinantes primarios, que explican la
necesidad del crédito exterior que se sintetizan en las necesidades de
crecimiento de las economías y de progreso social de las naciones:
1) el
desequilibrio de las cuentas públicas debido al exceso de las erogaciones
fiscales sobre los recursos gubernamentales, denominado déficit fiscal.
2) el
déficit de las cuentas externas, derivado por una parte del exceso de las
importaciones de mercaderías sobre las exportaciones y por otra debido al
desequilibrio estructural de las transacciones de servicios entre los que se
incluyen fletes, seguros, turismo, royalties, a los que se adicionan los
servicios financieros como los intereses de la deuda y las transferencias netas
de utilidades de las empresas y
particulares extranjeros radicados en el país, denominado déficit de Cuenta
Corriente y
3) la
insuficiencia estructural del ahorro nacional para atender las demandas de
inversión pública y privada que motorizan el crecimiento de la economía. En
países periféricos la escasez de capitales para la realización de inversiones
productivas ha sido una nota dominante en las últimas décadas, sin embargo es
poco estudiado el fenómeno de la fuga o exportaciones de capital desde los
países emergente hacia los países centrales o desarrollados.
El conjunto de estos determinantes primario constituye la
base de la inconsistencia macroeconómica que afecta a la mayoría de los países
endeudados, esta suele explicarse como un exceso en la absorción de recursos
por encima de las posibilidades del producto nacional.
La existencia del déficit fiscal y el déficit de la
cuenta corriente exceden capacidad del ahorro interno para atender las demandas
de inversión de la economía, restringiendo seriamente las posibilidades de
crecimiento económico que en consecuencia dependerán del influjo de capitales
externos y mayor endeudamiento. Dada esta condición, la única posibilidad de
recomponer el equilibrio macroeconómico es recurrir al aporte del ahorro
externo para conseguir un sendero de crecimiento económico con niveles de
empleo acordes con armonía social.
La persistencia de estos tres desequilibrios determina la
acumulación del endeudamiento externo, ante dificultades de acceso al crédito
externo y/o restricciones a la inversión externa directa, una recomposición del
equilibrio macroeconómico resulta en abruptos ajustes del gasto, reducción del
consumo e importaciones e interrupciones del crecimiento económico con caídas
del ritmo de actividad y del empleo, con todas las consecuencias sociales que
ello implica.
13.1.3.1.
¿Es el déficit fiscal un factor determinante en la acumulación de la deuda?
A principios de los noventa, Argentina inició un fuerte
proceso de reforma y ajuste estructural de su economía. La necesidad de
recomponer el equilibrio macroeconómico para combatir y exterminar la
hiperinflación, implicaba también un importante esfuerzo para eliminar el
déficit fiscal que durante la década anterior oscilaba en el 6 al 8% del PBI.
Para ello se realizaron ajustes que significaron:
·
una profunda reforma del Estado;
·
la privatización de bancos y empresas estatales ;
·
mayor apertura de sus mercados a la competencia externa,
·
la transformación del Sistema Nacional de Seguridad Social y
·
la desregulación del sistema jurídico laboral.
El déficit fiscal se redujo abruptamente, pasando del 6 %
del PBI a superávit del 1,1% del PBI. Es posible que la Argentina haya sido él
"mejor y más disciplinado alumno" de los consejos y recomendaciones
de los Organismos Financieros Internacionales en materia de Ajustes
Estructurales.
Entre 1990 y 2000 el balance fiscal como porcentaje del
PBI se mantuvo en márgenes absolutamente razonables, oscilando entre superávit
del 1,2% y déficit máximo de 2,6% en 1999.
Entre 1993 y 2000, el gobierno nacional obtuvo un
superávit primario acumulado (ingresos totales menos gastos primarios, que
excluyen el pago de intereses) de casi $19.200 millones. Sin embargo, al
considerar los intereses de la deuda externa que crecieron en ese lapso desde
$2.551,9 millones en 1993 a $9.500 millones en 2000, al 21% anual acumulativo,
se observa un resultado acumulado deficitario del orden de los $24.100
millones. (En el mismo período la DEA se multiplicó por 3 y los intereses por
casi 4).
Es decir, el
déficit fiscal acumulado explica solamente el 20% del incremento del
endeudamiento externo argentino. Por oposición, son los intereses crecientes de
la DEA los que explican la existencia de déficit fiscal.
Cuadro
3.1.1.
SECTOR
PUBLICO NACIONAL NO FINANCIERO
RESULTADOS
ACUMULADOS 1993/2000 En millones de pesos corrientes.
.
Déficit Total Acum.
1993/2000 (24.103,4)
Intereses Deuda Externa
Acumulado 1993/00 43.264,7
SUPERÁVIT PRIMARIO (excluye pagos por intereses DE) 19.161,3
Fte. Elaboración propia en base a MECON - Infoormación
Económica Trimestral
Si bien los niveles de gasto público primario para el
período 1993/00, se incrementaron en un 19% en valores corrientes (2,53% a.a.),
el gasto público en términos del PBI se mantuvo constante en torno al 19%. En
cambio los intereses de la DEA se triplicaron, pasando de representar el 1,1%
del PBI en 1993, al 3,4% en 2000.
Por otra parte, después de las profundas reformas
realizadas, la rigidez del nivel del gasto público a la baja se hace extrema y
en consecuencia el mínimo gasto público para atender la marginación social,
salud, educación, vivienda, previsión social, genera desequilibrios fiscales
estructurales.
Así, la rigidez que la satisfacción de las mínimas
necesidades sociales impone, convierte al nivel del gasto público en un
parámetro estructural cuya reducción se torna virtualmente imposible. Cualquier
disminución comienza por la detención y diferimiento de las erogaciones por
obras y trabajos públicos de altísima prioridad, con los consecuentes costos
sociales que ello acarrea. Entre 1993 y 2000 los gastos para inversión pública
se redujeron en un 23%.
Una reducción de los gastos corrientes sólo se consigue a
costa de disminuciones del salario real de los trabajadores del estado,
disminución de la planta de personal y de los programas de asistencia al
desempleo o de la seguridad social, agravando la problemática social e
incrementando las tensiones políticas. En 2000, la administración nacional,
redujo los gastos corrientes por remuneraciones a niveles inferiores en un 10%
a lo pagado en 1993.
Como quedó demostrado el SPN no F tiene superávit
primario, el resultado deficitario se explica exclusivamente por la necesidad
de atender el pago de los intereses de la Deuda Pública. El objetivo planteado
de Déficit Cero implica, después de tres años de recesión, equilibrar
abruptamente el resultado fiscal, para no incrementar el ya desbordado
endeudamiento externo. La existencia del déficit deviene de la necesidad del
SPN no F de obtener, al menos, las divisas necesarias para el pago de los
intereses en moneda extranjera, es decir, el equilibrio de las cuentas fiscales
nacionales sólo garantiza que el Estado Nacional no incurra en endeudamiento
adicional. Aún más, si se obtuviera un superávit presupuestario este sería en
pesos moneda nacional y de todas maneras habría que conseguir las divisas
necesarias para el pago de los intereses y para ello no queda otra alternativa
que recurrir al crédito externo, dado el precario superávit de las
exportaciones sobre las importaciones del balance comercial.
13.1.3.2. El
Déficit Comercial Externo y su impacto sobre la deuda
El segundo aspecto de significación que contribuye al
desequilibrio estructural que alimenta la necesidad de financiamiento externo,
se vincula con las relaciones comerciales internacionales. La existencia y
persistencia de un déficit estructural de Balance Comercial, implica
necesariamente recurrir al financiamiento externo del exceso permanente de
importaciones sobre exportaciones.
Si bien la Argentina no puede ser considerado un país
abierto a los mercados internacionales,- su coeficiente de apertura económica
no ha superado en el último cuarto de siglo el 20% del PBI-, ni tampoco su
participación en el comercio mundial puede ser considerada relevante, -no
alcanza al 1% del total universal-, la importancia de las relaciones
comerciales internacionales y su impacto en el desarrollo económico no puede
dejarse de lado.
Después de la primera crisis de la DEA, también ha producido un cambio
significativo en el frente externo comercial. Hacia el último cuarto de siglo
el modelo de desarrollo económico basado en la sustitución de importaciones y
protección a la industria incipiente con un grado relativamente alto de
autarquía mostraba signos de agotamiento. El persistente signo negativo del
intercambio de bienes y servicios reales motivado por la necesidad de
inelásticas importaciones de bienes de capital, insumos y partes industriales,
compensadas insuficientemente por exportaciones de comodities de origen
agropecuario con bajo valor agregado, explicaba las recurrentes crisis del
sector externo y de balance de pagos que reiteradamente se desencadenaban
interrumpiendo el crecimiento sostenido.
No ha sido ajeno a ello el fenómeno conocido como "deterioro de los
términos del intercambio", ampliamente conocido y estudiado en
Latinoamérica cuyo impacto ha sido más notorio en economías muy especializadas
con monocultivos.
Las exportaciones excesivamente concentradas en productos
primarios (commodities) con bajo valor agregado, en los que los países
exportadores usualmente tienen poco poder de mercado y son tomadores de precios
en mercados de alta volatilidad, sumado a importaciones no sustituibles de productos diferenciados de las que
dependen el avance tecnológico, productividad (bienes de capital, intermedios e
insumos básicos) y nivel de bienestar (alimentos con valor agregado, medicamentos,
productos químicos básicos, etc.) generaban condiciones de vulnerabilidad
externa que deberían ser modificadas.
El avance hacia la integración regional y una mayor apertura comercial al
influjo de la globalización financiera y el "consejo" de los
organismos multilaterales se impuso como alternativa superadora.
La reducción y unificación arancelaria, desregulación
aduanera y liberalización del comercio fueron componentes de las
recomendaciones y condicionamientos para la renegociación de la DEA.
A partir de 1990 el comercio comenzó a recuperarse y
durante los primeros años los resultados parecieron promisorios. Sin embargo,
pronto la situación se revirtió. Si bien las exportaciones crecieron hasta más
que duplicarse, las importaciones se multiplicaron por 6. Nuevamente la
necesidad de financiamiento reapareció. La
apertura también incentivó las facilidades financieras a las importaciones
argentinas por parte de los países Exportadores agravando el endeudamiento. Las
corrientes comerciales parecen ser una autovía de mano única.
Por otra parte, no sólo la mayor apertura comercial y el deterioro de los
términos del intercambio explican el déficit comercial y el concomitante
aumento del endeudamiento.
Otro aspecto también vinculado con el intercambio
comercial tiene gran significación, la apertura comercial de la Argentina y
muchos países en desarrollo no enfrentan una "política espejo" de los
países centrales en sus esfuerzos por incrementar y liberalizar el comercio. El
proteccionismo de los países centrales se observa en el problema de los
subsidios. En particular a la producción primaria agrícola ganadera. Para
comprender la importancia del problema, basta observar la significación de las
exportaciones del complejo agro-industrial argentino. En 1998 el 62% de las
exportaciones totales --u$s 16.000 millones-- provinieron de la producción
primaria y de las manufacturas de origen agropecuario. Los subsidios agrícolas
están distorsionando el mercado hoy más que nunca. Los países centrales están
gastando 360 mil millones de dólares en subsidiar a sus productores. En treinta
años las exportaciones argentinas de alimentos se duplicaron, mientras las
exportaciones argentinas de alimentos a la Unión Europea sólo lo hicieron un 7%
durante los mismos treinta años. La UE creó una política agraria común que
percutió básicamente en cereales y carnes, que eran los grandes productos de
exportación de la Argentina.
Una estimación conservadora del perjuicio a la Argentina, medida por la
descapitalización de nuestro campo a raíz de esta política es de 70 mil
millones de dólares. Casi la mitad de la deuda externa argentina. Otra medición
de los perjuicios ocasionados por los subsidios, es la reducción de ingresos de
divisas por exportaciones agrícola que algunas fuentes estiman en 4.000
millones de U$S por año y de acuerdo a
lo manifestado por el representante argentino en la reunión del GATT de 1992 si
no hubiera existido estas políticas la Argentina no tendría deuda externa. La
agricultura demanda imperiosamente la normalización del comercio agrícola, es
la Cenicienta del comercio mundial, es el único sector que no tiene reglas
completas dentro de la Organización Mundial de Comercio. OMC.
El impacto de los servicios de la deuda, -amortizaciones más intereses- se
refleja en un compromiso creciente sobre la posición de divisas y los ingresos
por exportaciones, (en la mayoría de los casos insuficientes), únicos recursos
genuinos disponibles para atender importaciones impostergables. Entre 1992 y
1999 el saldo comercial acumulado de Argentina arrojó un déficit de u$s 7.238
millones y el saldo acumulado de Cuenta Corriente alcanzó un déficit de u$s
84.636 millones. Resulta a todas luces clara la imposibilidad de atender el
pago de los servicios de la DEA con el producido de divisas de las
exportaciones y la necesidad de recurrir a endeudamiento adicional para
financiar el pago de los intereses.
Para el presente año un cálculo prudencial permite
estimar que computando sólo los intereses, estos comprometerán casi la mitad de
las exportaciones.
Cuadro
3.2.1.
BALANCE
COMERCIAL ARGENTINO
EXPORTAC. f.o.b. IMPORTAC. f.o.b.
BALANCE COMERCIAL SALDO ACUMULADO
1992 12.399 13.795 -1.396 -1.396
1993 13.269 15.633 -2.364 -3.760
1994 16.023 20.162 -4.139 -7.899
1995 21.162 18.804 2.358 -5.541
1996 24.043 22.283 1.760 -3.781
1997 26.431 28.554 -2.123 -5.904
1998 26.434 29.531 -3.097 -9.001
1999 23.309 24.103 -795 9.796
2000 26.410 23.852 2.558 -7.238
Fte. Elaboración propia en base a MECON - Información
Económica Trimestral
CUADRO 3.2.2.
Indices de valor, precios y cantidad de las exportaciones de bienes
1993=100
Período Nivel
General Product. Primar. Manuf.
Orig. agrop.
Indices Indices Indices
Precio Cantid Precio Cantid Precio Cantid
1993 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
1994 102,9 117,4 108,3 105,4 102,2 115,2
1995 108,8 146,9 114,4 128,7 103,1 146,9
1996 115,9 156,6 135,8 130,9 108,6 157,5
1997 111,9 180,1 121,0 144,2 109,6 168,4
1998 100,3 201,0 105,6 191,1 101,0 175,9
1999 89,1 199,5 91,9 171,1 82,4 201,7
2000* 98,6 204,2 91,0 182,3 83,6 190,4
Fte. Elab.
Propia en base a MECON - Información Económica Trimestral
13.1.3.3. El
déficit externo y la cuestión financiera
La magnitud del endeudamiento, su estructura de
vencimientos y su altísimo costo en intereses constituye un sistema perverso
que integra el origen de la DEA, su acrecentamiento y el mecanismo de explosivo
del aumento de sus intereses. Este
sistema se rige por la lógica de la Usura.
Existe usura cuando el acreedor impone al deudor condiciones tales que éste
nunca puede dejar de ser deudor, en consecuencia, la deuda se vuelve perpetua y
los servicios de intereses inhiben la posibilidad de cumplimiento de la
amortización del capital de esa deuda.
La magnitud del endeudamiento, obliga a la Nación a contraer deuda para el pago
de los intereses y el eufemismo de "riesgo país" encubre la
perversidad del sistema.
Argentina debe recurrir a nueva emisión de deuda pagando
tasas de interés que duplican o más las tasas de interés internacionales.
Durante el primer trimestre de 2001, cuando las tasas de interés
internacionales han oscilado entre el 4,5% y 6,0% anuales, Argentina ha emitido
obligaciones pagando tasas de hasta el 15% anual.
El país se endeuda hoy - por renovación y por nueva deuda - a un promedio de
u$s 2.000 millones de dólares por mes, unos 70 millones diarios. El pago de
intereses implica un promedio de gasto público de 27 millones de dólares por
día, más de un millón de dólares de intereses por hora que pasa de nuestra
vida. Estos intereses son crecientes para los próximos años, estimándose que
serán del orden de los 11.200 millones para el 2001 y de 13.000 para el 2002.
Obviamente, si apenas llegamos - a costa de sucesivos planes
de ajuste fiscal - a pagar estos intereses, nunca vamos a lograr descontar
pagos por capital. Por eso hablamos de lógica de la Usura: porque nuestro país,
como la gran mayoría de los Estados deudores del mundo, no puede cancelar su
deuda y está forzado a refinanciar permanentemente sus vencimientos de capital
pagando nuevos y más elevados intereses.
13.1.3.4
¿Insuficiencia de ahorro o fuga de capitales?
Una cuestión muy importante, vinculada con la deuda
externa y también poco debatida, es la
fuga de capitales de residentes argentinos al exterior. La exportación o fuga
de capitales ha sido una constante en el comportamiento de los sectores de
capital concentrado argentino, salvo en el período más atractivo de las
privatizaciones. Esta operatoria que no es necesariamente ilegal pero se
presume que una parte significativa de la ella podría considerarse como tal, ha
sido hasta el momento poco estudiada y debatida.
El endeudamiento externo y la fuga de capitales
constituyen aspectos de un mismo proceso, son como dos caras de la misma
moneda, ya que por cada dólar que entra vía endeudamiento hay otro que se fuga
al exterior. Esta paradoja se verifica en el proceso de endeudamiento de la
década de los ochenta como en los noventa luego de las privatizaciones.
Como señalara Eric Calcagno: “Estas fugas de capitales
están estrechamente ligadas a la deuda externa, porque fueron posibles gracias
al endeudamiento en dólares de las empresas públicas, que ingresaban las
divisas sin restricciones en el mercado cambiario y eran vendidas a los
particulares para que sacaran del país sus ganancias especulativas o la
liquidez que podían haber obtenido: en una segunda etapa, los particulares
conseguían nuevos créditos externos con la garantía del depósito bancario de
los dólares evadidos y repetían la operación cuantas veces querían” (op.
Cit.).
Luego de las privatizaciones de los noventa, se retoma
decididamente la fuga de capitales y tal como señala Eduardo Basualdo: “El endeudamiento externo y la fuga de capitales en la Argentina
constituyen aspectos de un mismo proceso. Ambos se generan a partir de la
consolidación de un fenómeno que los precede e impulsa desde de la interrupción
del patrón de industrialización sustitutiva que estuvo vigente hasta mediados
de la década de los años setenta. Se trata del predominio que ejerce la
valorización financiera como eje ordenador de las relaciones económicas”.
Para el caso argentino deben reformularse los conceptos
básicos de los equilibrios de los agregados macroeconómicos a partir de que :
Ahorro = Inversión + Fuga o mejor expuesto: Inversión = Ahorro - Fuga. Para
una mejor comprensión de este mecanismo se transcribe en la parte II de este
informe el trabajo “ La fuga de
capitales en Argentina” de Eduardo Basualdo y Martín Kaufas.
13.1.4. SU INCIDENCIA EN LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS Y
EN LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO
Implantación de un modelo económico. La experiencia
argentina entre 1975 y 2000. Jorge Schavarzer (a-Z editora).
Ya a mediados de la década del ochenta los funcionarios del área económica comenzaron a debatir el problema del tipo de cambio. Desde el punto de vista comercial, la devaluación era necesaria para tener saldos positivos en la balanza comercial (dado que la devaluación alentaba exportaciones y desalentaba importaciones). Pero, desde el punt