El "country de los jubilados", le dicen en Villa Elvira a ese complejo de casas amarillas donde a primera vista, y desde atrás de las rejas, parece que no viviera nadie. Pero el tono burlón con que algunos se refieren al barrio de 74 y 117 desaparece cuando hablan de los robos y saqueos que sufren permanentemente en la zona. "Si los viejos no ponían rejas les iban a terminar robando hasta las dentaduras postizas", comentó uno de los vecinos.
Tal vez haya sido esa misma actitud la que hizo que nadie en Villa Elvira se sorprendiera cuando el mes pasado los jubilados del complejo Arturo Pozzio empezaron aislarse atrás de una reja de dos metros de alto que rodea todo su barrio. Hoy, unos noventa ancianos viven ahí adentro con la sensación de estar a salvo de lo que padecen el resto de sus vecinos.
Al llegar a la altura de 74 y 117, la calle se interrumpe en una reja. Del otro lado, entre 45 casas alineadas no se ve a nadie paseando. Y de no ser por los autos estacionados adentro, en su mayoría modelos antiguos y lustrosos, podría pensarse que el barrio está vacío y que es por eso que los portones permanecen cerrados con llave.
Pero desde una de las casas se asoma Justo Santillán. Hace 8 años que vive en el barrio Pozzio y es uno de los cuatro miembros del consejo de administración que a principios de este año le pidió a Pami (el organismo que regula ese complejo de viviendas) que pusiera rejas para frenar los robos. Porque "acá -dice-, la policía, ni fu ni fa".
"Nos estaban volviendo locos con los robos -cuenta Santillán-. Hasta antes de poner las rejas no podíamos descuidarnos ni un minuto porque se nos metían en la casa y se llevaban todo: la radio, el televisor, la ropa... Imagínese que si vivimos acá es porque somos jubilados que cobramos el mínimo de 140 pesos por mes y no tenemos familia. De manera que muchas cosas no compramos. Pero aún así nos las sacaban".
Como si se tratara de una obviedad, Santillán parece ofenderse cuando se le pregunta quiénes los robaban. Al igual que muchos de los jubilados que viven en el complejo Arturo Pozzio, él está convencido que la causa de todos sus males eran "los de la Villa". Así dice señalando para el lado de 76 y 117, donde se extiende, del otro lado de las rejas, un barrio de casas de chapa y calles sin asfaltar.
César Bengoechea, el administrador electo del barrio por lo que resta del año y el impulsor de las rejas, cuenta con orgullo cómo consiguieron frenar los robos en su barrio. "Aunque nunca lastimaron a nadie, en el último tiempo nos estaban robando mucho. Por eso decidimos pedirle a la gente de Pami que nos pusieran rejas en las ventanas de las casas. Tuvimos que recurrir a ellos porque se trata de un trabajo costoso, y nosotros no teníamos el dinero".
"A la gente de Pami, sin embargo, le pareció que antes que instalar rejas en todas las casas era mejor ponerlas alrededor del barrio. Y así fue. Vinieron el mes pasado y las colocaron. Ahora estamos de lo más bien. Cada cual tiene su llave y nadie que no sea de acá puede entrar", explica Bengoechea.
Así los jubilados de ese complejo de Pami viven como en una pequeña comunidad cerrada, o en un "country", al decir de sus vecinos que, rejas de por medio, no tienen un gran trato con ellos, aunque tampoco parecen ver con antipatía el hecho de que les hayan cerrado el paso por las calles de enfrente.
"Son calles internas que nacieron junto con ese complejo. Antes de que pusieran las rejas casi nadie las transitaba. No creo que haya gente en el barrio a la que le moleste eso", comenta Norma, una vecina de esa zona de Villa Elvira.
"Si los jubilados consiguieron que de esa forma los dejaran de robar, no vamos a ponernos quisquillosos por las rejas. No podemos reprocharles que lo hayan hecho, acá todos estamos en la misma", menciona Néstor, otro de los vecinos que vive a metros del complejo Arturo Pozzio.
El hecho de que no parece haber en Villa Elvira vecinos a los que les molesten las rejas no hace que la situación del complejo Arturo Pozzio sea menos irregular.
De hecho, fuentes de la Comuna negaron ayer que se haya autorizado por algún medio a cerrar ese barrio. "Se trata de un cierre compulsivo del espacio público, lo que constituye no sólo una falta municipal, sino un delito serio", explicaron.
Al mismo tiempo, distintos urbanistas consultados, coincidieron en que "de haber querido gestionar por una vía regular el cierre del barrio, los vecinos no hubieran tenido la menor chance de conseguirlo. Ni la dirección municipal de Planeamiento ni la secretaría de Tierras y Urbanismo de la Provincia pueden avalar un proyecto así".
"La cuestión es simple: si a cada barrio de La Plata se le ocurriera tomar la misma medida para frenar los robos, la ciudad quedaría convertida en un conjunto de ghetos intransitables".
El sector de Villa Elvira donde se encuentra el complejo Arturo Pozzio tiene fama de "temible". Distintas remiserías de la zona han dejado de tomar viajes desde ese punto de La Plata por la frecuencia con que eran asaltados sus choferes; y hasta los propios vecinos, que se ven perjudicados por esto, reconocen que esa medida es en cierta forma comprensible.
Sin embargo, uno de los responsables de la seccional 8º, el subcomisario Daniel Holman, aseguró ayer que "desde hace un año no recibimos ninguna denuncia por hechos delictivos en ese barrio"; y que "si los jubilados pusieron rejas fue más que nada por cuestiones de seguridad física: había gente que estacionaba las bicicletas en sus jardines y eso les molestaba".