Hasta que Martín Balza lo denunció por primera vez en abril de 1995, ninguno de los tres servicios armados había admitido torturas y muertes durante la última dictadura militar. Esa autocrítica, que conmocionó a la sociedad, fue en un programa de televisión. Pero el jefe del Ejército, en cada acto militar, la fue repitiendo y extendiendo. Como ayer, que pidió perdón porque la fuerza que dirige, durante décadas, no "respeto las instituciones ni la voluntad del pueblo", es decir la democracia.
Balza, desde ese momento fue criticado duramente por algunos de sus camaradas de armas, especialmente por los generales retirados. "El arrepentimiento por los errores es un acto de lealtad y valentía del ejército, que nos ayuda a reconciliarnos entre los argentinos", les reiteró ayer en su mensaje.