15 de Septiembre de 1999
La impotencia de Rusia
Por LLUS FOIX








BARCELONA-La Rusia que se deteriora por momentos, la que Boris Yeltsin gobierna como si fuera el director de una compañía de títeres, ahora pongo a uno, ahora lo quito, ahora nombro delfín y más tarde le desautorizo, esta Rusia se tambalea como un barco a la deriva.
Desde el punto de vista internacional, Rusia es como una gran potencia derrotada en todos los frentes en una gran guerra, pero con la salvedad de que no ha participado en ninguna. Se ha desplomado. La destrucción de la Unión Soviética ha deshecho cuatro siglos de historia de Rusia quedando un país que para Europa y para el mundo es como el que existía antes del primer intento de modernización que Pedro el Grande efectuó hace casi tres siglos.
Recuerdo todavía una cena que tuvimos en Barcelona, la noche antes de que Yeltsin fuera ingresado en el hospital para ser intervenido quirúrgicamente después de un azaroso viaje por España. Joan Granados, el anfitrión, recordará perfectamente aquel encuentro cuando Yeltsin no tenía todavía todo el poder en el Kremlin. La Unión Soviética estaba todavía entera y le preguntamos qué pasaría con los intentos de independencia de muchas de las repúblicas que querían desgajarse del imperio.
Las fue enumerando todas, una a una, sin dudar, para acabar diciendo que Rusia se quedaría prácticamente como está hoy. Pensé que era un visionario. Era la primavera de 1990. Luego vendría el golpe de Estado de 1991, la caída de Gorbachev, el asalto al Parlamento ruso, el poder total para Yeltsin, un personaje que, como su antecesor, era venerado en Occidente pero era acusado de ser el culpable de toda la decadencia soviética y, por lo tanto, del aislamiento ruso, de lo que Henry Kissinger ha calificado como la vuelta a un gigantesco poblado Potemkin, es decir, a un inmenso país artificial en el que se montan grandes pantallas ficticias para esconder la realidad.
Rusia, que para dominar a los pueblos y naciones que fue conquistando desde Ivan el Terrible tuvo que ignorar su propia identidad. Cuenta HelŠne CarrŠre d'Encause, la primera voz que se atrevió a vaticinar el fin del imperio soviético, con el célebre libro de ``L'empire a eclaté'', que no hay un solo pueblo, por pequeño que sea, que no cante la gloria y los éxitos, salvo los rusos. Después de vaciar bibliotecas y de repasar hemerotecas, Rusia no hizo nada, ni durante la revolución, ni durante la guerra, ni en el terreno económico. El pueblo ruso, como tal, no existía en los libros.
Existía, eso sí, el pueblo soviético. Desaparecido el ``homo sovieticus'', no ha sido sustituido por el hombre ruso. Se fueron también por las alcantarillas de la historia todos los instrumentos que el Estado de Lenin y Stalin había puesto en marcha. Se quedó sin una policía política eficaz, sin una clase gobernante, sin ejército, sin banca, sin agricultores y, sobre todo, sin la fuerza moral para reconducir la situación tras una guerra perdida aunque no librada.
El primer síntoma de la decadencia no fue, como muchos insisten, en la presión ejercida por la América de Reagan inventando la fantasmal teoría de la guerra de las galaxias que obligó a Gorbachev a una rendición casi sin condiciones.
Fue, en definitiva, la debilidad de su ejército, que tropezó en las montañas de Afganistán y perdió la primera guerra de los últimos doscientos años. Se fueron las repúblicas y las naciones con personalidad propia. Pero se quedaron en el seno de Rusia aquellos pueblos no rusos que no quisieron ni han querido compartir el proyecto, tan deteriorado, que les venía del Kremlin.
Se perdió la guerra de Chechenia que fue un segundo desastre para el Ejército, antes soviético y ahora ruso. Y ha llegado la rebelión de Daguestán, con muchos paralelismos con Chechenia.
Vuelven las acostumbradas predicciones de que el conflicto está sofocándose. Son las mismas declaraciones que durante la guerra de Chechenia salían de Moscú. y, como una victoria rápida no se va a producir, vamos a contemplar otra victoriosa secesión parecida a la de Chechenia. El caos de Rusia nos afectará a todos. Y mucho.



          
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