15 de Septiembre de 1999
Voto cautivo, voto independiente
Por JORGE MARTINEZ (*)





A pocas semanas de las elecciones generales de octubre próximo, una amplia franja de la sociedad argentina tiene decidido su voto. Esto se debe a dos razones: la primera responde a una "vieja tradición" de pertenencia y lealtad a alguno de los partidos políticos que compiten por regir los destinos del país y las provincias a partir del 10 de diciembre del corriente año. Y la segunda es esgrimida por ese fundamental sector de la sociedad que expresa, a través del sufragio, su necesidad de cambio (el llamado voto castigo) y que con su alternancia en favor de uno u otro partido generalmente define el resultado de la elección.
El 24 de octubre se verá que el primer grupo, el del voto cautivo, está perdiendo adherentes en beneficio del segundo, el votante independiente. Y este trasvasamiento afectará fundamentalmente y en todos los niveles a los candidatos oficialistas.
Es que para el ciudadano que evalúa no sólo la propuesta sino la imagen, la ideología y el grado de credibilidad de los candidatos es difícil comprender ciertos mensajes que aparecen, si no contradictorios, por lo menos incoherentes desde el punto de vista de lo ideológico y de lo metodológicamente ético.
Uno de los principales temas de debate, ante las próximas elecciones, gira en torno a la situación económica del país en general pero de la sociedad en particular. El plan aplicado a partir de 1991 por el gobierno del doctor Menem, acompañado desde la Vicepresidencia y luego desde la gobernación de la provincia de Buenos Aires por el doctor Duhalde y conducido técnicamente por el doctor Domingo Cavallo, llevó a un histórico pico de desigualdad en la distribución de los ingresos así como en el reparto del peso de la carga fiscal. Así vemos como se enriquecieron los pocos que debiendo pagar más pagaron menos y como cayeron en profundos niveles de pobreza los que ganando cada día menos debieron pagar más.

El ciudadano debió asistir atónito, en los últimos meses, a la defensa a ultranza que del plan económico hace el presidente Menem y a la poco creíble intención de sus ex copilotos, Duhalde y Cavallo, para despegarse de las consecuencias sociales de dicho plan.
Pero también se entera a través de los medios de comunicación que el doctor Duhalde y el doctor Cavallo lo someten casi diariamente a una caprichosa danza de amores y odios entre ellos, que los lleva periódica y alternativamente a encontrar coincidencias y disidencias que hoy los unen y mañana los separan para volver a empezar pasado (mañana).
Así, Cavallo y Duhalde mantienen sus postulaciones en el orden nacional, lo que nos habla de desacuerdos, pero por el contrario el ex superministro obliga a declinar la candidatura a gobernador a su delfín, el doctor Franco, para incluir en la boleta de su partido al candidato de Duhalde, el doctor Carlos Ruckauf. Arduo de comprender para el ciudadano que además se informa que para elegir legisladores nacionales y provinciales Duhalde y Cavallo vuelven a estar en desacuerdo y cada uno postula su propia lista.
También aflige a la sociedad hoy, en todos sus niveles, el alto y creciente grado de inseguridad tanto en el orden nacional como dentro de los límites de la provincia de Buenos Aires. Y también en este tema el ciudadano debe hacer un ciclópeo esfuerzo de comprensión. El gobernador Duhalde gastó enormes sumas de dinero para publicitar la reforma de seguridad que emprendió bajo la mirada atenta de la oposición pero con el explícito apoyo inicial de la misma. Hace poco más de un mes, y aunque suene paradójico, jaqueado por las declaraciones de su candidato a gobernador, el doctor Ruckauf, en el sentido de "meter bala a los delincuentes", Duhalde desplazó a su entonces, ministro de Justicia y Seguridad para reemplazarlo por el actual, cuyas primeras medidas apuntaron a destruir lo poco que en materia de seguridad había avanzado su predecesor. Pero, además, y como invitando al ciudadano a darse por vencido, al mes de asumido le pide la renuncia al doctor Lufrano, flamante secretario de Seguridad, al "enterarse" de que en su pasado profesional fue defensor de la superbanda más notoria del delito nacional.
Y de la mano de la seguridad-inseguridad surge nítida en el ámbito de la oferta electoral la figura del ex subcomisario Luis Patti, sospechado de torturas durante su pertenencia a la Policía Bonaerense y enviado hace algunos años, con bombos y fanfarria, por el Presidente Menem a Catamarca para resolver el crimen de María Soledad Morales. De aquella encomienda Patti regresó más rápido de lo prudente y confesando su impotencia. En silencio por supuesto.
Pero el ciudadano debe seguir intentando entender. Nuevamente alentado por Menem el subcomisario Patti alza su candidatura a gobernador de Buenos Aires, en contra del candidato de Duhalde, el doctor Ruckauf. Todo indica que la "mano dura" de Patti no coincide con el "hay que meter bala" de Ruckauf. Pero a pesar de esto Duhalde intenta, por ahora sin éxito, sumar a Patti al proyecto provincial para lo cual llega a ofrecerle el segundo término en la fórmula en desmedro de quien hoy ocupa ese lugar, el doctor Felipe Solá. Ofrecimiento que Patti rechaza en base a sus diferencias con Duhalde.
También se entera el ciudadano que, pese a estas diferencias, se negocia aceleradamente para que Patti acepte incorporar a su boleta electoral la candidatura presidencial de Duhalde.
A partir de todo esto se comprende por qué el voto cautivo pierde terreno a manos del voto independiente.



          
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