21 de Mayo de 2000
Ni atacó ni se defendió
Falló la táctica y los ejecutantes. A empezar otra vez


Por DIEGO RAIMUNDO


Estudiantes está en la mala. Futbolísticamente hablando está enfermo, en terapia. La enfermedad que lo afecta no se la contagió de nadie, sino que la dolencia viene de adentro y por su propia culpa. La derrota, por cierto justa frente a San Lorenzo, desnudó una vez más los graves problemas de un equipo muy híbrido, que cuando está obligado a atacar depende de lo que haga Ernesto Farías y en su libreto no existe la frase dar vuelta un resultado.
Eduardo Solari mantuvo el misterio sobre los once que iban a jugar con San Lorenzo hasta último momento. ¿La razón? No tenía decidido si iba a parar un equipo ofensivo o defensivo. Finalmente priorizó esto último, apostando a poder rescatar el "puntito" que por supuesto engordara un poco el promedio y prolongara la racha positiva. Pero no hizo ni lo uno ni lo otro. Mi atacó ni se defendió bien.
Bien o mal
Las fichas estaban puestas en el tablero, todas a un supuesto "pleno". Así Estudiantes se paró pensando en no perder y por eso Solari ordenó marca hombre a hombre, con la firme intención de que los generadores de fútbol del Ciclón no tengan los espacios y la libertad necesaria para manejar el balón. Así el entrenador tiró a Zapata con Romeo, Quatrocchi con Ariel López, Juan Fernández con Romagnoli, Marcelo Romagnoli con Erviti y Cardozo con Moreno. Todo bien en los papeles. Pero en la práctica.... ¡hummm! De terror.

Estudiantes llevó el partido a buen puerto en la primera etapa, obviamente olvidando donde quedaba el arco de Campagnuolo. San Lorenzo sólo llegó por vía aérea. Pero... el hombre a hombre falló justo donde no tenía que fallar: Juan Fernández no pudo nunca con Romagnoli y evidentemente no era el hombre indicado para esa función. A partir de esa marca que no fue marca, el esquema de Estudiantes empezó a desmoronarse. Y después se dio la lógica: cuando le hicieron el primer gol, no pudo reaccionar más.
Además cuando Ruggeri movió las fichas le complicó el panorama a Solari y sus dirigidos. Una vez más Estudiantes no supo resolver sobre la marcha un problema táctico. Lo sufrió con Ferro en el segundo tiempo y también el viernes cuando el DT de San Lorenzo metió a Grisales y a través de él llegó el primero de Romeo. A partir del 0-1, Estudiantes debía salir y no salió. Volvió a pecar de incapaz para dar vuelta un resultado. Ni se había defendido bien ni sabe nunca atacar para remontar. Un coctel explosivo.
Ya es tarde para lamentos. Ahora hay que pensar en Instituto. Una vez más el Pincha vivirá otra semana de arengas. De concentración máxima para entender que se viene otro choque que hay que ganar o ganar.



          
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