21 de Mayo de 2000
Un final violento que nadie merecía
Llovieron insultos pero pasó a mayores

Un instante de locura y una fiesta arruinada. Diez minutos de insultos y agresiones verbales y miles de personas que se quedaron sin festejo. De pronto, y sin que no hubiera ningún motivo que lo justificara (nunca lo habrá), la violencia se instaló en el Polideportivo y obligó a los árbitros a dar por terminado el partido cuando aún restaban siete segundos.
Todo esto derivó en un final que nadie deseaba, donde incluso la delegación visitante, con jugadores y allegados visiblemente alterados, agredió a un efectivo de policía y hasta el mismo presidente mens sana, Héctor Domínguez, quien recibió un golpe de puño en su rostro cuando hablaba con sus pares tucumanos e intentaba apaciguar los ánimos.
Los allegados al plantel de Belgrano de Tucumán generaron un revuelo general, metiéndose directamente dentro del rectángulo de juego y haciendo imposible que continuara el juego que ya tenía ganado Gimnasia. Fue tan evidente esta actitud, que alguien vinculado a la Asociación de Clubes comentó que "parecía todo armado para ir sacando ventajas de cara al quinto juego".
Pero como nunca puede decirse que hay culpas sólo de un lado, los hinchas mens sana se prendieron innecesariamente en un duelo de insultos que sólo terminaron perjudicando a su equipo ya que el clima será mucho más hostil en el quinto partido a jugarse en Tucumán.
El partido se hizo caliente y el resultado incierto. Pero cuando Gimnasia empezó a sacar una ventaja que parecía decisiva, el banco de Belgrano, con excepción de su entrenador Alberto Marti, de impecable participación, "armó" una discusión muy subida de tono con los hinchas locales que estaban allí cerca y fue el principio del final.
Porque los jugadores visitantes se contagiaron de esa locura que venía desde afuera y también aportaron lo suyo. Hasta que los jueces dijeron basta y el DT tucumano asintió diciendo que no daba para más porque el partido estaba perdido.
Fue un final que nadie merecía. Ni los jugadores por el partido fantástico que jugaron ni la mayoría del público que ni siquiera insultó. Unos pocos armaron un instante de furia. Ojalá que no sea el anuncio de algo peor en Tucumán.



          
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