Un inesperado arranque de achique de los gastos de la Legislatura -incluídas sus dietas (sueldos)- agita por estos días a senadores y diputados bonaerenses. En la última semana, los presidentes y jefes de bloques de ambas Cámaras mantuvieron media docena de reuniones reservadas en busca de un acuerdo en ese sentido. Y aunque no alcanzaron aún definiciones, se mueven con una consigna: "que el ajuste sea fuerte, en serio". En alguna de esas reuniones se mencionó una cifra de achique que le cortó la respiración a varios y fue recibida con resignación por otros: 22 millones. Pero detrás de este brote de austeridad hay una compleja trama política y, sobre todo, un objetivo imperioso: hacer el ajuste ya, antes de que los "obliguen". Y de paso, aparecer "haciendo punta" en esto de bajarse los sueldos.
Es que para entender el espíritu de esta movida, hay que remontarse a diciembre, cuando asumió el gobierno nacional. Desde entonces, un proyecto viene dando vueltas, el que permitiría cumplir con una promesa electoral de la Alianza: que haya topes para las dietas y gastos de los legisladores de todo el país, de modo que se ubiquen en "niveles razonables".
Quien le dio forma a esa iniciativa fue quien más veces lanzó esa promesa durante la campaña electoral, Chacho Alvarez. El Vicepresidente viene presionando desde entonces -sin éxito, por lo visto- para que el proyecto sea aprobado por el Congreso de la Nación para achicar sus propias dietas. Así, diputados y senadores nacionales darían el ejemplo y, como la medida no se puede imponer a las provincias por razones de autonomía constitucional, sus Legislaturas serían invitadas a suscribir un "pacto de austeridad" y engancharse en la aplicación de los achiques y topes que se diseñen.
Desde la Nación, hubo fuentes que dejaron saber que era el peronismo -que tiene mayoría en el Senado- el que no dejaba despachar el proyecto. Pero lo cierto es que los aliancistas tampoco han logrado moverlo en la Cámara que dominan, Diputados. Sin embargo, la presión de Chacho ha sido tanta que ahora los diputados se estarían poniendo las pilas para intentar aprobar el recorte en la semana que hoy se inicia y que sea así el Congreso nacional quien ponga en marcha la movida.
Así, luego la aplicación de los achiques en cada Legislatura provincial, como se dijo, será voluntaria. Pero está claro que la que no adhiera quedará "escrachada" ante la opinión pública, que ya no tiene, por cierto, el mejor de los conceptos sobre lo que cobran y gastan los legisladores.
Esa razón fue la que influyó fuertemente sobre los legisladores bonaerenses para ponerse a trabajar de golpe en el recorte del Presupuesto de sus dos Cámaras. Y a esa razón se sumaron otras dos poderosas para el intento de sacar "urgente" el ajuste propio:
*) No aparecer haciéndolo "obligados" por el pacto de austeridad que propondrá la Nación. Y de paso, ser ellos los que "den el ejemplo".
*) Cortar de cuajo, de esta forma, con los trascendidos que emiten fuentes nacionales en el sentido de que los bonaerenses, "que ganan unos $25.000 por mes", son los que "más resisten" el pacto "porque ellos financian la política con los presupuestos" de su Legislatura (un modo elegante de decir que con esos recursos pagan punteros y campañas políticas).
Frente a esas críticas, los bonaerenses enfurecieron. Y se defienden. Subrayan que sus dietas son de $8.500 "de bolsillo", no de 25.000.
Claro que además perciben viáticos por una larga lista de gastos "originados en la función". Y está el sistema de módulos para que cada legislador tenga sus propios asesores y empleados que es, por lo menos, poco transparente: le permite tener la cantidad de personal y pagar los sueldos que quiera a partir del monto global que recibe para ese fin (unos $30.000 mensuales cada senador y $20.000 cada diputado). Y así es como son recurrentes los rumores de que algunos legisladores pactarían salarios con empleados-ñoquis a cambio de que les 'devuelvan' una parte.
Y está también el sistema de subsidios ($40.000 anuales por legislador) y becas que tampoco tendría un mecanismo lo suficientemente estricto como para garantizar su destino, además de otros manejos de fondos que facilitarían maniobras, como los recursos con que cuentan los titulares de las comisiones de trabajo para gastos de funcionamiento y personal.
En cuanto a la acusación de "financiar la política" con dinero de la Legislatura, la bronca de muchos bonaerenses apuntó al ministro de Interior, Federico Storani. Jefe de una de las líneas de la UCR de esta provincia que siempre tuvo representación mayoritaria en los bloques radicales legislativos y que en varias etapas (como la actual en Diputados) condujo inclusive las Cámaras, Storani ha intentado últimamente engancharse con la batalla que está dando Chacho y aparecer como impulsor de la austeridad. Y hay quienes creen que, con ese fin, fue él quien lanzó esa acusación contra los bonaerenses.
Lo cierto es que en esa maraña de intereses y maniobras políticas, los titulares del Senado y de la Cámara de Diputados bonaerenses, Felipe Solá y Francisco, Ferro tomaron la decisión compartida de achicar drásticamente el gasto de la Legislatura que ronda los 187 millones de pesos anuales.
Los contactos con ese fin empezaron el martes y desde entonces Solá y Ferro ya se reunieron tres veces. Ambos, además, iniciaron negociaciones dentro de sus Cámaras en busca de consenso. En Diputados, participan de las discusiones el frepasista Mosquera y los peronistas Garivotto, Mércuri, Randazzo, Cottini y Bustos. En el Senado, el peronista Genoud, el frepasista Eduardo Sigal y el radical Pérez Gresia.
Hasta donde se sabe, aunque todos están de acuerdo en "hacer algo", el color político de los líderes de esta medida define los alineamientos en cada Cámara y marca apoyos y "resistencias" en la definición de los detalles del ajuste. Así, en el Senado el peronista Solá -que impulsa la movida de "apretar el cinturón y transparentar" bajo la consigna de "es ahora o nunca"- ya tiene el virtual respaldo de Genoud y encontraría alguna resistencia en la Alianza, en particular el Frepaso. Y en Diputados el radical Ferro -convencido de que "no podemos postergar más una señal de austeridad"- afronta las quejas peronistas, que sostienen que "los de la Alianza (en la Nación) quieren que seamos los chivos expiatorios de su falta de fondos para atender la demanda social".
Lo cierto es que ya hay algunos acuerdos básicos y algunos puntos a mitad de camino de la definición (ver aparte). Y mañana habrá nuevas negociaciones. Es que la premisa de todos -la obsesión- es que la Nación "no nos gane de mano y no aparezca imponiéndonos la austeridad. Si nosotros pegamos primero, serán los demás los que tengan que seguirnos. Y la capital federal deberá, a pesar de que ha sido planteada como paradigmática, tendrá que hacer un fuerte recorte".