21 de Mayo de 2000
Cómo se las ingenian los clubes de barrio para sortear la crisis
En La Plata hay algo más de 300, y cada uno reúne un promedio de entre 200 y 400 socios. Pese a los males económicos, siempre se las arreglan para no ceder en su voluntad barrial

La mayoría nació en las primeras décadas del siglo. Algunos con la intención de hacerse camino en el deporte, en silencio y de a poco. Otros, simplemente, con la única excusa de crear un lugar para juntarse entre amigos. Así fueron apareciendo, cuadra por cuadra, barrio por barrio. Hoy, varios años después de aquellos primeros brotes barriales y solidarios, los clubes vecinales siguen firmes en su lucha diaria por mantenerse en pie. Y muchos de ellos, incluso, con la incertidumbre cotidiana de no saber "hasta cuando se podrá tirar".
En La Plata hay algo más de 300 instituciones sociales y deportivas. Son pequeños clubes que, alejados de cualquier marketing, siguen prestando silenciosamente su servicio al barrio, es decir, a su misma razón de ser.
En cada uno de estos centros el promedio de socios ronda los 200 o 400, quienes pagan cuotas que en ningún caso sobrepasa los tres pesos. La gran mayoría, además, suelen ser sede espontánea para los encuentros vecinales. Allí se debate sobre seguridad, medio ambiente y mejoras edilicias en general.
"El trabajo que hacen es todo a pulmón, sobre todo los que están ubicados en la periferia", cuenta Juan Carlos Martín, presidente de la Federación de Instituciones Culturales y Deportivas de La Plata, y agrega que "se mantienen gracias al aporte de los socios. De lo contrario, muchos de ellos ya habrían dejado de existir hace tiempo" (ver aparte).
La actividad central es la deportiva y suelen "especializarse" en la disciplina que practican. Básquet, fútbol infantil, vóley, patín o bochas, que se extienden a otras prácticas colectivas y a un sin fin de cursos que van desde danzas tradicionales, pasando por computación, hasta idiomas o yoga.
Desde el Centro de Fomento Parque San Martín, por ejemplo, que el mes pasado cumplió 64 años de vida, su presidente Horacio Alfaro reconoce que "los socios van decreciendo, y cada vez se hace más difícil mantener al club en pie. Este centro llegó a tener 800 socios, pero hoy apenas llega a los 350".
En este universo barrial también está el caso del club "Mundial", de 9 entre 529 y 530, donde unos 250 abuelos, además de los 400 socios que tiene el centro, se reúnen todos los sábados para realizar actividades recreativas. Allí, la biblioteca pública y los cursos de danza y de patinaje, además de las clases de matemática, física y química para los estudiantes de la zona, son algunas de las alternativas principales que sustentan la vida del centro.
"Como todo club, nos manejamos con la cuota que pagan los vecinos y con los bailes semanales que organizamos", explica Rogelio Esquive, su presidente, aunque aclara que el centro se mantiene "sólo por la voluntad de la gente, que siempre colabora y se encarga de recaudar fondos para que podamos seguir".
Desde la otra punta de la Ciudad, en 66 entre 156 y 157, el tradicional club "Capital Chica", de Los Hornos, es uno de los pocos que en esta geografía barrial siempre está en crecimiento. Allí los socios llegan a 600, con una cuota mensual de tres pesos.
Tras comentar que "siempre es complicado mantenerse", Jorge Antonelli, presidente del club, cuenta que "se crece gracias al aporte de los socios. Está claro que sin ellos no seríamos nada. Ahora estamos con ganas de armar una biblioteca pública, porque no nos podemos quedar sólo con las actividades deportivas. El barrio siempre necesita más".
Los viejos socios de "Capital Chica", fundado en 1936, cuentan que cuando el centro comenzó a formarse en la zona "todavía había mucho campo y hasta se cazaban perdices. A los ladrillos, incluso, los traían en zorras tiradas por caballos".
Hoy el club creció. Además de fútbol hay bochas, tenis, paddle, gimnasia, taekwondo, yoga, ajedrez, danzas, pintura, idiomas y, lugar común en estos centros, charlas debate sobre los temas que preocupan a su comunidad. En definitiva, todo un ejemplo de voluntarismo barrial.
"Al no recibir ningún subsidio del Estado, lo único que le queda al club barrial es el esfuerzo incansable de sus socios. Por suerte, pese a los problemas económicos, estos centros vecinales nunca dejan de aparecer. Al contrario. Se multiplican con una fuerza ejemplificadora", dice Martín.
Y las palabras de él no parecerían ser erradas. De hecho, Gerardo Telese, presidente de "Los Tolosanos", asegura una y otra vez que "el fútbol cae porque no hay plata. Otra razón no existe". En ese club el número de socios llegaba años atrás a poco más de 300. Hoy la realidad es otra: apenas llegan a 90, y no todos, claro, pueden mantener su cuota societaria al día.
Otro caso es el de "La Casa del Tango", que, sin ser específicamente un club barrial, aporta a la comunidad distintas alternativas culturales, desde clases de música, pasando por exposiciones de pintura, hasta una biblioteca popular que ofrece algo más de mil títulos.
Alberto Alba, su vicepresidente, dice que el lugar "está en pie por obra y gracia de los socios, que llegan a los 300 y pagan una cuota mensual de cinco pesos. Ellos se encargan de organizar festivales para recaudar fondos, porque de otra manera se nos haría muy difícil seguir brindando los cursos que dictamos diariamente".
Lugar común, la solidaridad. O la voluntad, que para el caso es lo mismo. Ese parece ser el motor que moviliza a todas estas agrupaciones, desde las más importantes, como "Capital Chica", hasta las que la vienen peleando de abajo. "El club es como un barrio dentro del barrio", coinciden sus directivos, y remarcan siempre la misma frase: "Sin la ayuda de la gente, no seríamos nada. Absolutamente nada". Y no hay dudas de que tienen razón.



          
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