Los clubes de barrio, se sabe, sobreviven gracias al esfuerzo de sus dirigentes y al aporte que hacen sus socios, que les permite responder a las urgencias como para seguir su marcha. Una marcha que se torna cada día más complicada y a la que la propia gente del barrio alimenta en base a rifas y festivales.
"Las finanzas de los clubes es un tema que se complica sobre todo en la periferia. Los del casco urbano se logran mantener, pero los que están alejados del centro tienen que pelearla todos los días para no cerrar sus puertas", dice Juan Carlos Martín, presidente de la Federación de Instituciones Culturales y Deportivas de La Plata.
Para Martín, es precisamente en la periferia donde el club barrial realiza una extensión verdaderamente cultural. "Allí pueden verse la mayoría de las bibliotecas y donde siempre se organizan cursos o clases de apoyo para los estudiantes secundarios. En el casco urbano, en cambio, la actividad suele orientarse más hacia lo estrictamente deportivo", apunta.
Tras comentar que los ubicados en la periferia "son realmente los más comprometidos", el presidente de la Federación puso especial énfasis en que "éstos siguen en pie gracias a la misma gente del barrio. Si el vecino no colaborara sería imposible mantenerlos, porque el Estado hace tiempo que dejó de ayudarlos".