Jorge Oscar Saffores nos dice: "La alimentación de la humanidad exige fertilizantes químicos en abundancia. Esta necesidad provoca una alteración notable y peligrosa en la distribución del nitrógeno en el planeta. La concentración de este elemento en sus formas químicamente reactivas, no sólo está perjudicando las calidades de aguas y suelos en forma local y regional, sino que puede llegar a contribuir al efecto invernadero con mayor eficiencia que el dióxido de carbono.
"Tenores elevados de nitratos en aguas y suelos pueden provocar metahemoglobinemia infantil y algunos tipos de cáncer. Su lixiviación contamina, por la alta solubilidad, suelos de cultivo y aguas subterráneas y su escorrentía lo acumula en cursos y reservas de aguas superficiales. En este último caso, por eutrofización, se produce un crecimiento descontrolado de algas y cianobacterias, y una acidificación de suelos cultivables. La acción bacteriana sobre los nitratos edáficos produce óxido nitroso, cuyo efecto destructivo del ozono se asocia a los ya conocidos.
"El uso racional del nitrógeno se presenta como un desafío más, pero no menor; agricultura orgánica, rotación de cultivos, ingeniería genética y muchas otras armas científicas y tecnológicas, deberán ser puestas al servicio de una sociedad paradojalmente sobrealimentada, pero sedienta".