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| El fracaso anticipa una era de turbulencias |
Con el fracaso de la cumbre de paz en Camp David, Medio Oriente podría atravesar un período de altas turbulencias, tanto en lo que respecta al riesgo de violencia en los territorios palestinos como en lo relativo al futuro político del primer ministro israelí Ehud Barak y del líder palestino Yasser Arafat. Visiblemente decepcionado luego de quince días de vanos esfuerzos, el presidente Bill Clinton anunció que no había logrado que los dos dirigentes llegaran a un acuerdo, en particular sobre la espinosa cuestión de Jerusalén este.
Sin embargo, él mismo había advertido que un acuerdo podría "desagradar a la mitad de la población israelí y palestina". Antes de dejar retornar a Arafat y Barak, Clinton se tomó el trabajo de hacerles firmar una declaración tripartita en la que se comprometieron a crear "un ambiente libre de presiones, intimidación y amenazas de violencia para desarrollar las negociaciones". Pero los riesgos de incidentes en el terreno están presentes en todos los espíritus. En diciembre de 1987, los palestinos de los territorios desencadenaron la "intifada" -revolución de las piedras- contra la ocupación israelí, responsabilizando de la situación tanto a sus propios líderes como al gobierno israelí entonces dirigido por Yitzhak Shamir. Los palestinos ya previeron manifestaciones y una huelga general en Cisjordania y la Franja de Gaza para hoy.
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