19 de Septiembre de 2000  
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Los jóvenes desprecian todo lo que es complejo




"Hay que diferenciar entre la memoria y la historia", comienza diciendo el profesor Giovanni De Luna, titular de Historia Contemporánea de la Universidad de Torino, en Italia, que estuvo dando un curso en nuestra ciudad, invitado por el Consulado de Italia. "La memoria es muy cambiante, no es una lealtad de una vez y por todo, es un proyecto que concentra las acciones de varios elementos. La memoria cambia en la medida en que van cambiando los protagonistas, eso hace cambiar la memoria individual y la memoria colectiva. En cambio la historia pasada es algo inmodificable, pero el conocimiento de esa historia pasada está en permanente evolución. En estos momentos, a la sombra de los hechos que van ocurriendo, por ejemplo, en Alemania, una de las preguntas clave que se formulan los europeos es: ¿el pasado debe pasar o el pasado no debe pasar? Yo personalmente creo que el pasado no debe pasar, porque el pasado tiene una fuerte carga pedagógica. Es una invalorable fuente de enseñanza y la memoria de un país es un dato esencial para definir su identidad. Pero debe ser no una memoria construida, sino una memoria espontánea. Y la memoria espontánea es una memoria de conflicto. Ningún país tiene una memoria unificada. Tomemos cualquier ejemplo de Europa, el análisis de la Francia ocupada. Y esa es una memoria abierta, en permanente estado de revalorización, donde no existen criterios definitivos. Pero ese conflicto mismo forma parte de la identidad de un pueblo. Y un pueblo debe asumir esas contradicciones y llevarlas adelante, porque ese fenómeno forma parte de su identidad".
Sobre el resultado del curso que dictó en La Plata, el profesor De Luna dijo que "fue exitoso, desde mi punto de vista, porque superó tres dificultades: la primera, la diferencia idiomática (el curso se dictó en italiano); la segunda, el tomar contacto con un innovador método de abordaje de la historia, y la tercera dificultad era estar frente a estudiantes no profesionales en la materia, sino gente de diversas procedencias, como arquitectos, antropólogos, periodistas, es decir asistentes no familiarizados con el fenómeno de esta materia. Tres dificultades que yo entiendo que fueron superadas".
Para De Luna, que reivindica la memoria espontánea de los pueblos, "la Ley del Punto Final va en contra de ese sentido. Porque la memoria no responde a leyes o decretos y esa decisión corresponde más a la existencia colectiva de un pueblo y no a actos administrativos. Son procesos que debe cerrar la política antes que la burocracia y la ley". Para ejemplificarlo mejor, cuenta que "en Italia, después de la Guerra, salió una ley de Depuración, muy estúpida. También pretendía resolver desde lo jurídico algo tan importante para la memoria colectiva de un pueblo como es la comprensión de un régimen dictatorial". Y agrega que "por eso, la ley del Punto Final no es una cosa clara, es una cosa ambigua, porque al no establecer diferencia entre víctimas y victimarios y al permitir que las dos caras de esa moneda caminen por la calle, introduce un elemento de tensión irresuelto en el país".
El académico italiano visitó La Plata durante cuatro días. En la charla con EL DIA contó que "estoy escribiendo un libro sobre la metodología de la investigación histórica. Y allí examino cómo lo histórico de hoy puede y debe utilizar el cine, la radio, los diarios, la televisión, es decir los medios de comunicación de masas para hacer el racconto. El método que presenté en estos cursos consiste en aprovechar todas estas posibilidades y no apoyarse solamente en documentos escritos para reconstruir los hechos. Los medios de comunicación de masas también iluminan el camino de la Historia. La consigna es ampliar el territorio de lo histórico, que no se debe ocupar tanto de la política, del Estado, de los partidos, sino que se debe ocupar de la gente, también de lo antropológico y las costumbres. Es una corriente nueva que intenta reivindicar la importancia de la comunicación de masas como aporte para hacer de la historia una disciplina rigurosa".
Satisfecho con la respuesta que obtuvo en la ciudad, el profesor De Luna abordó en ese curso temas como la subjetividad de lo histórico, las vinculaciones entre el cine y la radio con la historia, la construcción de la memoria, todo enriquecido con proyección de videos, registro de voces grabadas, fragmentos de filmes.
-Los jóvenes ¿se acercan o rechazan lo histórico?
-"Las nuevas generaciones prefieren ocuparse del psicoanálisis, de la música, pero no de la historia. Mi reciente curso en la Universidad de Torino tenía 150 inscriptos y al lado un curso sobre medios de comunicación masiva empezó con 1.500 alumnos. La historia es una disciplina compleja y los jóvenes de hoy, lo digo sin quejas, desprecian la complejidad. Uno les explica algo y ellos quieren llegar rápidamente al suceso y desenlace. La historia es difícil. Hay que leer, investigar, descartar, estudiar, analizar, cotejar... y los jóvenes buscan otra cosa".

          
©2000 Diario El Día - La Plata, Buenos Aires, Argentina