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| Asaltaron un laboratorio, encerraron a dos hombres y huyeron con unos 300 pesos |
En un hecho que no deja de llamar la atención, tres delincuentes armados asaltaron ayer un laboratorio ubicado frente a la sede de Control Urbano, en 20 y 50. Lo llamativo del caso reside en la impunidad con la que se manejaron los asaltantes, a cara descubierta y en horas del mediodía, frente a una dependencia donde permanentemente entran y salen muchos vecinos. "Esta es la tercera vez que nos roban. Y da mucha bronca. Porque a nosotros nos cuesta mucho ganar la plata", comentó Susana Gregori (53), la secretaria técnica del laboratorio atacado, quien a continuación indicó que "eran tres hombres, de entre 20 y 30 años, y alcancé a ver dos armas. Una recortada y una pistola calibre 22". Al parecer, los ladrones, aprovechando el ingreso de uno de los propietarios de la firma, identificado como Clemente Casado (51), se introdujeron en el local, donde en cuestión de segundos hicieron saber que se trataba de un asalto. Con la recortada apuntando directamente a la cabeza de Clemente y de un ocasional cliente, Víctor Benítez, no tardaron mucho tiempo en conseguir lo que buscaban. Si bien revolvieron todas las dependencias del laboratorio, se supo que sólo pudieron llevarse dinero. Se calcula unos 300 pesos en efectivo. "Cuando entraron, no estaba", aseguró Alicia Arce (45), la otra dueña del centro de análisis clínicos. "Es indignante, pero parece que tendremos que acostumbrarnos a convivir con este tipo de situaciones. A otros comercios del barrio también ya los robaron varias veces", añadió. El momento de mayor tensión durante este asalto se vivió cuando los delincuentes intentaron que todas las víctimas se tiraran al piso para permitirles una rápida fuga, ya que se encontraron con la rotunda negativa de Gregori. "Ni loca me tiraba al piso. Por qué iba a hacerlo. Dentro de todo, estaba tranquila y jugada. Los enfrenté y no tuvieron más remedio que cambiar sus planes sobre la marcha", manifestó. En efecto, mientras Clemente y Ramírez fueron encerrados en un baño, la secretaria fue trasladada a la planta alta de la finca, donde se quedó hasta que los asaltantes huyeron con rumbo desconocido. Poco después, logró liberar a los demás rehenes y, todos juntos, dieron aviso a la policía.
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