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| La novia en botas de cowboy, ¿sólo un nuevo papel? |
Cuando Madonna (42) celebre su boda este viernes en Escocia, con botas de cowboy y la diadema de Grace Kelly, habrá dado un paso más hacia su objetivo en la vida: "No me conformaré hasta que no sea tan famosa como Dios", dijo en una ocasión.
En un principio se quiso que la ceremonia se oficiara en la londinense catedral de St. Paul, donde el príncipe Carlos y Diana iniciaron con gran boato y gloria su infeliz unión. Que se creyera en serio que, como estadounidense advenediza podría casarse en St. Paul o en la abadía de Westminster prueba que Madonna no entiende todavía mucho a su nueva patria inglesa. Sin embargo, ha vuelto a demostrar su instinto para hacer grandes apariciones.
Después de que también fueran echadas por tierra sus intenciones de casarse en la tumba de Diana, acabó decidiéndose por el castillo escocés de Skibo y la iglesia de Dornoch. Congregar a la prensa mundial tres días antes de Navidad en los "Highlands" no es ninguna mala publicidad, opinan estrategas de relaciones públicas. El elegido por Madonna es el director británico Guy Ritchie, diez años menor que ella y padre de su bebé Rocco. Ritchie incluso ha logrado que Madonna le lave su coche los sábados por la tarde. Se dice que ella cayó rendida ante su encanto proletario. Y, sin embargo, éste no es auténtico: Ritchie procede de una familia muy distinguida. "Cuando él habla, suena absolutamente ridículo", dice un crítico de cine. "Intenta sonar como el duro gangster del Eastend, y de repente cae de nuevo en su modo de hablar normal". A cualquiera que quiera escucharlo, Ritchie le cuenta que una vez fue expulsado del colegio por drogas, pero su padre lo dejó claro hace tiempo: "No fue por drogas, simplemente no aparecía por clase". Madonna debe saberlo. Tiene una amplia experiencia con los hombres. Cuando perdió su virginidad, a los 17 años en Nueva York, se lo tomó como un "paso para su carrera". Sus relaciones fugaces con bailarines, músicos, discjockeys, diseñadores y productores de música y cine eran tan abundantes que el "talk-master" David Letterman anunció su entrada a su show con las palabras: "Aquí viene Madonna, quien se ha acostado con muchos gigantes de la industria del entretenimiento". Entre sus compañeros sentimentales figuran John F. Kennedy Junior, Warren Beatty y la estrella del baloncesto Dennis Rodman. Se casó por primera vez con el actor Sean Penn, y su hija Lourdes, de cuatro años, la tuvo con su entrenador Carlos Leon. Nadie sabe si esta vez va en serio o no. Quizás todo sea parte de su nuevo papel. Desde que Luise Ciccone, Madonna, cuya madre quería que ingresara como monja en un convento, se tiñó sus oscuros cabellos de rubio y para su primer disco, en 1983, se puso incontables crucifijos, rosarios y ligueros, se convirtió en una figura artística que se reinventa continuamente: desde la punk-lady, pasando por la "chica material" y la diosa del sexo hasta la madre llena de espiritualidad. En 1989, el Vaticano calificó una de sus giras como "uno de los shows satánicos de la historia de la humanidad". Pero ahora se casa con la bendición de la Iglesia no muy lejos del lugar donde en 1722 fue quemada la última bruja escocesa. ¿Quién entiende algo? El hecho de que largo tiempo después de su interpretación de "Evita" siguiera llevando ropa de los años 40 podría ser un indicador de que ha llegado a un punto en el que tiene dificultades para distinguir la realidad de la ficción. Pero quizás esto es sólo algo calculado y la verdadera Madonna es realmente como la describen sus colaboradores: una mujer de negocios fría y muy trabajadora que cada día dedica varias horas a sus finanzas. Los derechos de las fotos de su boda los quería vender, según informaciones de prensa, por entre 2,7 y 4,5 millones de dólares, un precio que ni siquiera las grandes revistas británicas están dispuestas a pagar.
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