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| Ego y eficiencia en los filántropos de hoy |
Un reciente informe de la revista Fortune explora las razones del auge de la filantropía en Estados Unidos. Luego de dos décadas de prosperidad económica, sólo interrumpida por una breve recesión, no sólo se han inflado las cuentas bancarias de los estadounidenses, sino también el ego de algunos de los más notables magnates. Sucede que la prosperidad de Estados Unidos, generó nada menos que dos millones y medio de personas que tienen un patrimonio superior a un millón de dólares. Además hay 267 multimillonarios. Es decir que es el país del mundo que tiene mayor número de ricos y las mayores fortunas del planeta. Según un estudio de la Universidad John Hopkins, el 49 por ciento de los norteamericanos se ofrecieron como voluntarios para actividades cívicas y el 73 por ciento donó dinero a instituciones con fines caritativos. Esas donaciones alcanzaron un monto de 190 mil millones de dólares (es decir por encima de la deuda externa argentina, incluidas las deudas provinciales) en 1999. Ese monto representa nada menos que un tercio del presupuesto nacional norteamericano o el 2,1 por ciento de su PBI.
Este es el nivel más alto destinado a donativos en casi tres décadas y, por eso, los investigadores se preguntan los motivos de semejante auge. Las causas son aparentemente sencillas. Durante muchos años los que se hicieron multimillonarios gracias al éxito de las industrias tecnológicas no se sentían seguros de que podrían gozar de su fortuna, y no les había llegado el momento de preocuparse seriamente por dejar marcado su legado. Pero los presidentes ejecutivos de Silicon Valley y de otros grupos empresarios se han vuelto más generosos y de la misma manera que transformaron los negocios del país y le cambiaron la cara a la economía, también están alterando las reglas tradicionales de la filantropía. La mayoría de ellos realizan investigaciones prácticas antes de hacer una donación, desconfían de las tradicionales asociaciones de beneficencia y exigen transparencia y resultados. Un estudio de la Universidad de Boston también reproducido por la revista Fortune estima en 41 mil millones de dólares los fondos que los maduros "baby boomers" -la generación que creó la Nueva Economía en Estados Unidos- dejarán a sus herederos y organizaciones de caridad preferidas como broche de oro de sus carreras. El auge de la alta tecnología enriqueció a un número impensado de personas a una velocidad nunca antes conocida en la historia. Por eso hay más multimillonarios que piensan en donar parte de sus fortunas y muchos creen vivir los albores de una edad de oro para la filantropía". Para encontrar un fenómeno semejante hay que remontarse un siglo en la historia norteamericana. Por ejemplo muchos se sorprenderían al saber que los museos de la ciudad de Nueva York, el sistema educativo e intelectual y los grandes centros del aprendizaje y la cultura fueron el legado de los magnates del siglo pasado. Y los multimillonarios de hoy, en su mayoría mucho más jóvenes que sus predecesores, buscan encontrar causas en las que su dinero pueda ayudar a cambiar el mundo. Quizás el verdadero arquetipo de este nuevo tipo de empresarios es Bill Gates de Microsoft, quien ya anunció que donará la mayor parte de su fortuna. Y para ello tiene una colaboradora invalorable, Patty Stonesifer. A sus 43 años esta ex ejecutiva de Microsoft ya jubilada podría tener un trabajo envidiable. Como presidenta de la Fundación Bill y Melinda Gates sólo tiene que pensar en cómo repartir sumas equivalentes al PBI de un pequeño país. Pero esta tarea tiene más complicaciones de las que podría parecer. Ella misma explica que es fácil cometer errores graves si se firma un cheque a la persona equivocada. Destinar los miles de millones de dólares a las causas más efectivas no es sólo un trabajo, es casi una obsesión para le ex ejecutiva de Microsoft. Los Gates consideran que el Siglo XXI le cambiará la forma de vida de muchas personas y el enfoque de la fundación se basa en esa convicción. Con activos de 22.000 millones de dólares y gastos anuales de mil millones de dólares, la organización filantrópica que conduce Patty Stonesifer es la más solvente del planeta y convirtió a Bill Gates en la persona en la historia que ha regalado más dinero en el menor tiempo. Los proyectos filantrópicos de Gates se iniciaron en 1997, cuando se asignaron miles de millones de dólares para conectar a las bibliotecas de Estados Unidos a la red de Internet. En la Fundación Gates en Seattle hay 22.530 conexiones de computadoras en 4.540 bibliotecas en Estados Unidos y 4.024 computadoras en 1.435 bibliotecas en Canadá. El estilo y la forma de la fundación tienen la misma austeridad y espíritu conservador en los gastos que cualquier empresa exitosa de Internet que se precie. Tiene apenas 25 empleados, contra 525 de la célebre Fundación Ford y cada mes, el personal de la Fundación Gates revisa más de 3.000 solicitudes de financiamiento bien fundadas, donde Stonesifer y el padre de Bill Gates filtran los proyectos más prometedores, para que el propio Bill y su esposa Melinda los aprueben. El objetivo final consiste en llenar el hueco que no puede ocupar el sector privado. Por eso Gates destina fondos para curar enfermedades del Tercer Mundo, como la malaria, que es la principal causa de muerte en regiones tropicales, además de buscar erradicar plagas como la hepatitis B, el Sida, la tuberculosis, entre otros males. La fundación asigna cada año casi 400 millones de dólares a sus iniciativa de salud global. Gates insiste, "sabemos que millones de vidas pueden salvarse, que cada año mueren millones de niños víctimas de enfermedades que ya son curables. ¿Cómo quedarse de brazos cruzados?. Mi prioridad absoluta es poder decir que pudimos salvar millones de vidas al año", una idea que es embriagadora, incluso para el hombre más rico del planeta.
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