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| "Gladiador", la dueña del Oscar |
El filme protagonizado por Rusell Crowe obtuvo cinco de los doce premios a los que estaba nominada, en tanto que "El tigre y el dragón" sumó cuatro y "Traffic" se quedó con tres, incluido el de mejor director
El film estadounidense "Gladiador" se consagró como la mejor película y la que acaparó más Oscar (cinco) en la 73a. ceremonia de entrega de los lauros de la Academia de Hollywood, que finalizó en la madrugada de ayer en el Shrine Auditorium de Los Angeles (California). "Gladiador", que era candidata a doce lauros, logró los correspondientes a mejores película (el más codiciado de la noche), actor protagónico, sonido, vestuario y efectos visuales.
En cantidad de estatuillas le siguió la película taiwanesa de artes marciales "El tigre y el dragón", que sumó cuatro, las asignadas a mejor film extranjero, música original, fotografía y dirección artística. Aunque "El tigre..." provino de un lugar tan remoto -para los argentinos- como es la isla de Taiwan, curiosamente "El tigre y el dragón" había concitado simpatías por estas pampas, pues algunos enterados hicieron fuerza por esa película de Ang Lee porque el compositor de la música de su canción leit motiv -candidateada en su rubro- es argentino y se llama Jorge Calandrelli. Lamentablemente para tal corriente de simpatía a la distancia, la estatuilla a mejor canción no fue para la música de Calandrelli sino que recayó en el tema "Things Have Changed", escrito por Bob Dylan para "Fin de semana de locos". El drama sobre la droga "Traffic" recibió los Oscar a director (Steven Soderbergh), actor secundario (Benicio del Toro) y montaje. Julia Roberts, que pintaba como favorita en su especialidad, cumplió esas predicciones al lograr por primera vez el trofeo, en la ocasión por su trabajo en "Erin Brockovich, una mujer audaz", y su menos notoria colega Marcia Gay Harden se impuso como mejor actriz secundaria por "Pollock". "Casi famosos", "El Grinch" y "U-571" recibieron un Oscar cada uno, por lo menos un consuelo si se compara con la comedia con Juliette Binoche "Chocolate", que llegó a la final con cinco candidaturas (entre ellas, una a mejor película) y se quedó con las manos totalmente vacías. Como el año pasado, la ceremonia comenzó puntualmente a las 22.30 hora argentina cuando, tras la proyección en la pantalla del escenario del Shrine de un material especial con declaraciones de figuras de Hollywood acerca de los premios, acompañado por los sones de "Así hablaba Zaratustra", asumió el rol de maestro de ceremonias el comediante Steve Martin. El actor de "Mi nido o el tuyo" y "El corazón de una ciudad" desplegó un humor más oscuro y más agudo en sus ironías que el que practicaba su antecesor en la conducción de la fiesta, Billy Crystal: así cayeron bajo sus dardos el rapero Eminem, el aumento de precio de las entradas al cine en Nueva York y el título en inglés de "El tigre y el dragón", entre otros blancos. A quien no le causó gracia un chiste de Martin fue a Tom Hanks, quien puso su peor cara de traste después que aquél le espetó desde el micrófono: "Vos, Tom, deberías estar celoso por las amenazas de secuestro que le hicieron a (tu colega) Russell Crowe". En demostración de que después de aburrir -sobre todo al público de televisión- durante tantos años de ceremonias kilométricas, la Academia aprendió algo, volvieron a omitirse por segunda vez consecutiva los números de danza. Entonces la velada trascurrió entre reparto de estatuillas, presentación -cada tanto- de una de las cinco nominadas al premio principal y otorgamiento de lauros especiales, como los que recibieron los veteranos Jack Cardiff (director e iluminador), Dino de Laurentis (productor) y Ernest Lehman (guionista). Con esta premiación, en la que -como pocas veces en los últimos años- faltó audacia y profundidad en las películas favoritas, el Shrine Auditorium, cada dos años sede de la fiesta de la Academia, dejó de funcionar como tal para ser reemplazado desde 2002 por un edificio que esa entidad está construyendo ex profeso.
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