27 de Marzo de 2001  
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Las abuelas del nuevo siglo reclaman también sus espacios
La tercera edad en La Plata tiene predominio femenino. Pero por encima de la diferencia demográfica, tienen necesidad de participar. Las mujeres son el 90% de los inscriptos en los cursos para adultos mayores de la UNLP; su presencia domina en los centros para abuelos y jubilados y su solidaridad se extiende en todas las clases sociales. En la villa cuidan nietos y llevan adelante los hogares, en las clases media y alta asisten a conciertos, conferencias y estudian

"En lugar de quedarme en casa mirando televisión, asisto a los cursos. Primero por los conocimientos, porque pasado el tiempo una se olvida de muchas cosas y también para renovarlos, para adquirir nuevos conocimientos. Porque el mundo cambia y quiero estar actualizada para poder hablar con mis nietos y entenderlos", explicaba ayer Cora Carabelli de Etchegoyen (74, viuda, 3 hijos, 6 nietos y un bisnieto). Los cursos que menciona y a los que concurre desde 1998 son dictados por la Facultad de Humanidades y tienen como destinatarios a los adultos mayores. Comenzaron a fines de 1994 con conferencias a las que asistía un promedio de 15 personas, nada más. Hoy se dictan 32 cursos formales a los que asisten más de 900 platenses mayores de 55 años y no son más, porque tuvieron que cerrar la inscripción por falta de espacio. El 43%, tiene entre 65 y 75 años, componiendo la franja mayoritaria. Y algo para tener en cuenta: el 90% de los concurrentes son mujeres.
"Año tras año se van incorporando más varones. Pero es un lento acercamiento. Quizás las mujeres a esa edad están más dispuestas, necesitan salir, crear un espacio propio, una actividad fuera de la casa, actualizar sus conocimientos para comprender el mundo de hoy que es el de sus hijos y nietos y que es sumamente complejo", explica Graciela Petriz, directora de Orientación Psicológica a la Comunidad, Programa de Educación Permanente para Adultos Mayores de la Facultad de Humanidades de la UNLP. "Nosotros aquí dictamos 32 cursos. Hay de todo. Internet, computación, historia, literatura, pintura, filosofía, talleres de reflexión sobre esa etapa de la vida, gimnasia, teatro, folklore, entre muchos otros. En filosofía, computación e historia se agotaron los cupos de inmediato. Así todo. No tenemos lugar para dar respuesta a toda la demanda que tenemos". Los cursos se dictan en la Casa de Extensión Universitaria, 47 Nº 879, lugar que comparten otros programas.

Para Petriz la poca presencia masculina se debe también a que "al varón le lleva tiempo elaborar la pérdida de la inserción laboral cuando se jubila. En cambio las mujeres es como si se liberaran y salen. Disfrutan tener tiempo para ellas y para, relacionarse con otra gente de su edad, diferentes a ellas e incluso de otro medio social, pero sin embargo, con semejanzas. No obstante, siempre es menor la presencia masculina por proporción demográfica".
De acuerdo a un informe del Centro de Estudios Bonaerenses (CEB), La Plata cuenta con 695.595 habitantes. De ellos, 355.962 son mujeres y 339.633 varones. Esta mayoría femenina se consolida en la población mayor de 60 años. Porque entre los platenses menores de 9 años, la mayoría es masculina: 52.110 mujeres y 61.195 varones. Pero todo cambia a partir de la madurez. Entre los mayores de 60 años hay 59.893 mujeres y 42.790 hombres. A medida que la expectativa de vida aumenta, la diferencia es aun mayor a favor de las mujeres. Se vive más y mejor, en mejores condiciones, aunque esa realidad no abarque a todas las mayores de 60, por cierto.
MAS VIDA Y EN MEJORES CONDICIONES
Consultada María Julieta Oddone, reconocida especialista en el tema, investigadora del Conicet y de Flacso y secretaria del posgrado en Ciencias Sociales de la UBA reconoce que "la mayoría de las mujeres sobreviven al hombre lo que tiene implicancias. La primera que el varón suele morir en su matrimonio mientras que la mujer lo hace en su viudez. La mujer cuida a su esposo pero ¿quién cuida de ella? En nuestro país es baja la población mayor en geriátricos, pero en ellos, el grueso son mujeres. Esta diferencia entre los géneros se da también en la pobreza, en los sectores más vulnerables. Allí no va a universidades ni a cursos, sino que es la encargada de cuidar a los nietos y llevan adelante los hogares. El 25% de ellas vive sola y mientras el varón que ha quedado en soledad debe recurrir al comedor para alimentarse, ella prefiere la caja de alimentos para cocinarse".

Oddone asegura que sólo el 13% de los adultos mayores participa en actividades comunitarias, "pero no obstante eso, casi todas son mujeres. Sobre todo entre las 'mayores jóvenes', me refiero a las menores de 75 años, que son activas y su participación debe ser estimulada. Porque las tres cuartas partes de las actividades que desarrollan son dentro de la familia o para la familia. Su esparcimiento se limita a la televisión mientras que las tareas participativas son muy pocas".
Para Silvia Gascón, ex-subsecretaria de la Tercera Edad de la Nación y actual presidenta de la Red de Mujeres Platenses, "este grupo de mujeres mayores no ha tenido en su juventud el mismo acceso al trabajo y a la educación que tienen hoy las más jóvenes. Y hoy el conocimiento, la experiencia laboral, condiciona la calidad de vida. Por ejemplo, el que no hayan trabajado las convierte en pensionadas limitando sus ingresos. A su vez, el nido vacío repercute doblemente al quedarse solas, sin su pareja. Por eso la necesidad de aprender, actualizarse y participar. Yo coincido con Oddone en que no se estimula lo necesario a la mujer mayor a participar. Por ejemplo, por una cuestión que hace al género tienen una inclinación al cuidado y cuando se jubila, sigue presente. Pero no se la canaliza. Puede ser con ese tipo de actividades y no se las aprovecha, Hay habilidades propias que podrían canalizarse para que formaran microemprendimientos: cocinar para afuera, dar clases en centros barriales y muchísimas más. Existen experiencias muy ricas de trabajo comunitario". Basta recordar a los lectores la solitaria y por lo tanto, gigantesca tarea solidaria de la señora Lidia de Burry, abuela ya, que sola recoge alimentos en buen estado pero sobrantes de supermercados y comercios y los lleva a los comedores comunitarios de la periferia platense. Todos los días, siempre sola.
Para Cora Carabelli de Etchegoyen, la necesidad de participar en los cursos fue una prolongación de lo que siempre quiso y amó y quedó trunco cuando abandonó su carrera universitaria "en 1945. Yo estudiaba Profesorado de Matemáticas y Física, pero vino la huelga y como me casé, no volví después a la Universidad. Los nietos me llevaron a la computación y a la necesidad de aprender. A los 71 años se anotó en el curso "porque además siempre me gustó leer, conocer, actualizarme. Sobre todo en lo que sea números, que fue siempre mi inclinación". Hasta ese paso decisivo, "cuidaba a mis nietos, leía. Por el diario EL DIA me enteré de los cursos y sentí la necesidad de inscribirme. Y me me empezó a gustar ir, se formó un grupo muy lindo de mujeres con problemas similares, extendemos las clases con charlas, reuniones. Como dije, en lugar de quedarme en casa mirando televisión, que mucho no me gusta, voy a los cursos para adquirir conocimientos y actualizarlos, porque los nietos preguntan y hay que dar respuesta. Y en el mundo de hoy, no es algo tan sencillo".

          
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