27 de Marzo de 2001  
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Tráfico ilegal de fauna, un comercio que mueve millones
La Argentina integra el circuito de tráfico ilegal de fauna que mueve en el mundo, 10.000 millones de dólares al año y que tiene como destino a las grandes capitales del mundo. En nuestra región el tráfico se reduce a vendedores ambulantes y a ferias. Cuando son incautados los animales son llevados a depósito al zoológico, "algo lamentablemente común" como reconocieron en el Zoo platense

"Lamentablemente es algo común que recibamos como depósito judicial, animales incautados a traficantes, en general pequeños, o en puestos clandestinos de ferias. El estado en que se encuentran los animalitos siempre es malo", reconoce la veterinaria Rosana Laplace, jefa del Departamento Técnico del Zoológico de La Plata. Y nuestra ciudad no es una excepción, todo lo contrario. En realidad, es sólo un mínimo exponente de un comercio ilegal que en el mundo mueve por año 10.000 millones de dólares y nuestro país integra ese circuito con miles de monos, yacarés, aves habladoras, flamencos, boas, zorros y hasta iguanas que son llevados a Estados Unidos, Europa y Asia en operaciones de contrabando. El comercio que se mueve en nuestra región es el pequeño, el chiquito, el de puestos de ferias y venta ambulante.
Laplace advierte que "ese tráfico ilegal significa depredación, desaparición de especies de su habitat natural con todo el riesgo que para sus vidas eso representa. Por otra parte, ponen a algunas especies en riesgo de extinción". Agrega que "el zoológico actúa como depósito legal cuando interviene la Justicia dado que las entidades provinciales y nacionales que trabajan en el tema carecen de lugares adecuados. Por lo tanto el zoológico se hará cargo de estos animales hasta que el largo trámite judicial concluya. En ese lapso se lo debe atender, cuidar, alimentar pero no se puede disponer del animal para canjes, por ejemplo ni para devolverlo a su habitat natural".

Recibirlo en carácter de depósito implica otras cosas. Laplace explica que "el animal permanece en cuarentena porque al salir de su habitat natural, estar en contacto con humanos y con otros animales pudo haber incorporado patologías que en su ambiente natural no existían. Además, como mencioné, nosotros recibimos al animal en muy mal estado. En general vienen de ventas ambulantes, callejeras. Pero también recibimos de particulares que los compraron en una feria o a un camionero que a su vez lo compró en la ruta. Los particulares compran al mono chiquito y cuando llega a los 4 o 5 años, a su madurez sexual, se tornan incontenibles. La gente no conoce nada sobre los animales antes de comprarlos. Porque es diferente si han nacido en cautiverio o en criaderos a si son arrancados de su ámbito natural".
EL GRAN TRAFICO
En nuestra región los animales más comunes que se capturan son los monos traídos desde el norte, zorros, armadillos y nutrias de nuestro campo. Pero reiteramos, se trata de un tráfico menor pero no por eso, menos dañino. Pero está el gran tráfico, el que tiene por destino a las capitales del primer mundo. Una investigación realizada recientemente coincidió en que son los llamados "loros habladores", junto con los papagayos, tucanes, y flamencos, las aves más codiciadas para ser instaladas como mascotas en cómodos hogares del primer mundo. Los yacarés, especie en franco peligro de extinción, boas y otros reptiles son codiciados por sus cueros, tanto como los zorros, las nutrias y los carpinchos son requeridos por el valor de sus pieles. Las inofensivas iguanas que limpian de insectos peligrosos un parque y un jardín, en cambio, integran el grupo mundial de animales "raros" que serán usados como mascotas exóticas, una costumbre que ha crecido en los últimos 10 años.

Porque la Argentinas es también un país de tránsito de países fronterizos --Brasil y Paraguay, los más frecuentes-- para el desaprensivo tráfico que produce centenares de miles y quizá millones de muertes por año durante el inadecuado transporte de las especies.
"Para que un mono sea vendido a precios carísimos en la veterinaria de algún país del primer mundo, probablemente morirán diez en el trayecto", explicó la joven Jimena Sánchez (23 años) del departamento educativo del Zoológico de la Ciudad de Buenos Aires.
Del último congreso realizado en Buenos Aires sobre "Tráfico de Fauna silvestre", en septiembre del año pasado, Sanchez destaca el testimonio que brindó el brasileño Obdulio Menghi, integrante del Fondo Mundial para la Naturaleza y ex coordinador científico de la CITES, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas que Argentina integra junto con 125 países miembros.
"Menghi, con gran experiencia, destacó las patologías con que llegan a los zoológicos los animales traficados. La mayoría ingresa con cuadros de desnutrición, y así las aves descalcificadas tienen los picos y las garras rotos, están mutilados, no se pueden alimentar por sí solos, tienen problemas de visión", explicó la joven ambientalista.
En los zoológicos argentinos se reciben los animales incautados por las autoridades policiales y de Fauna y Flora encargados de prevenir y terminar con el tráfico de animales. "Generalmente los animales son bebés, muy chiquitos y necesitan de sus madres, por lo que se debe correr a prepararle una leche que se asemeje a la materna y tratar de salvarles la vida", señaló.
Recientemente un tribunal oral del fuero penal económico porteño condenó a un exportador por el delito de contrabando en el grado de autor por haber intentado volar a la ciudad de Bangkok en Tailandia con 84 monitos Tití. Cuando las autoridades de la Policía Aeronáutica Nacional abrieron la caja en el Aeropuerto de Ezeiza, luego de escuchar sonidos alarmantes en el sector de cargas, se encontró con el lamentable espectáculo de los ejemplares --que apenas superaban el cuarto kilo de peso cada uno-- hacinados varios en celdillas, con aserrín y ya sin comida.
Los animales fueron derivados al Zoo porteño en 1996, pero en la actualidad sólo están con vida seis, el resto no logró recuperarse de ese negocio que los involucraba y que iba a brindar utilidades de mil dólares por cabeza. Los monos Tití Pincel (callitirx sppp) son oriundos de las zonas centro y este de Brasil. El viaje desde el sitio de origen fue una verdadera tortura, con trágico final.
Las mutilaciones están a la orden del día en los animales que recorren centenares de miles de kilómetro por todo el orbe, y esto repercute en la posibilidad de supervivencia, a pesar de que los Zoo intentan darle la mejor calidad de vida posible. Un águila con las garras atrofiadas no podrá alimentarse y habrá que darle la comida con la mano", recuerda Jimena.
Enrique Richard, tucumano, que trabaja en una reserva en su provincia y en otras de la región chaqueña, destaca siempre el caso de las tortugas de agua y tierra, solicitadas en los países con mayor poder adquisitivo. En Buenos Aires las tortugas siempre estuvieron en la lista de preferencia de las mascotas, pero también son las que más abandono sufren. Según Richard las tortugas son importadas hacia Alemania, Japón, Holanda, Chile, Reino Unido y Suiza. El lugareño la venderá por centavos, pero a medida que se avance en el "millaje" hacia los centros de consumo, las tortugas aumentarán su valor.
El tráfico de fauna se divide, como toda actividad comercial, en países productores y consumidores. De acuerdo con la clasificación internacionalmente aceptada, dentro de los consumidores están los países "ricos" -Japón, Estados Unidos y los europeos-- y en los países productores los africanos, los de América Latina y una gran parte de Asia.

La cadena de tráfico está muy bien estructurada y cuenta con acopiadores en las provincias, transportistas, cazadores solitarios, distribuidores a minoristas, en las grandes ciudades, comerciantes, empresarios, funcionarios, público consumidor y finalmente exportadores ilegales.
Los vendedores ilegales, a pesar de que como el traficante argentino de monitos Tití sea un exportador-importador registrado en todos los organismos oficiales del país, se quedan con la mayor parte del beneficio de la venta y son los menos expuestos al accionar de la justicia. En buena medida, el comercio ilegal de especies se apoya en el desconocimiento que tiene la mayoría de las personas sobre las especies que está permitido vender y las que no lo están.
La deficiencia en la educación de la población, y la escasa acción de los organismos estatales encargados de las tareas de prevención son notorias y favorecen el exponencial crecimiento que ha tenido el tráfico como actividad ilegal rentable. En Brasil decenas de ambientalistas intentan corregir los hábitos de los cazadores de especies, que en un ámbito de pobreza y marginalidad, la mayoría de los días sólo dispone de la venta de un "animalito" para comer.
Los educadores pretenden que utilicen recursos naturales como las caparazones de tortugas muertas para realizar artesanías y venderlas sin romper el ecosistema. Pero los esfuerzos no alcanzan para cubrir la realidad del llamado Tercer Mundo: la pobreza conspira contra la preservación de los recursos naturales, ya que el hombre para comer llega a depredar.

          
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