27 de Marzo de 2001  
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El justicialismo debe apoyar y exigir
Por JUAN AMONDARAIN (*)

Los cambios en el gabinete nacional son observados por la sociedad argentina con expectativas y reserva. Hay algo que nos sucede en el plano de la experiencia personal e histórica y nos liga de inmediato al orden de lo incierto. Es que la política económica, cuyo lenguaje parece por momentos inaccesible a las personas, es lo que construye su felicidad personal o familiar, o la destruye.
Las salidas de Machinea y López Murphy en el sector del Gobierno nacional que vemos flaquear constantemente, fueron más una comedia de enredos y un espectáculo de magia mala donde quien saca un naipe derrumba el castillo, que la solución a la zozobra colectiva que atormenta por igual a trabajadores, desocupados, jubilados y empresarios. El ingreso de Cavallo podría cambiar el ánimo caído del país si supiéramos que ha de ser no sólo el cambio de un nombre propio por otro. Porque muchas veces, en medio de una crisis, los gobiernos cambian hombres para ganar tiempo sin resolver los problemas estructurales, del mismo modo en que el médico incompetente ataca el síntoma del enfermo, sin atacar la enfermedad. Digámoslo enfáticamente: la enfermedad de la Argentina de hoy es la falta de rumbo estratégico y desarrollo económico y social.

El justicialismo debe apoyar -sin librarle cheques en blanco- a este gobierno atribulado y ayudar a restaurarlo, pero también debe exigir que los cambios en el gabinete presidencial sean instrumentos de ese crecimiento prometido que se difiere todo el tiempo, y no un manto de distracción sobre la política fragmentada de la Alianza, con sus internas cotidianas y su guerra de egos que no ayudan a enderezar al Presidente.
(*) Senador provincial (PJ).



          
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