7 de Abril de 2001  
La Ciudad El País El Mundo Economía Deportes Policiales Espectáculos Opinión Cartas de lectores Hace 25, 50 y 100 años Avisos fúnebres Avisos clasificados Archivo digital
Secciones
Bailando en el cruce a Manhattan


Por Eduardo Giorello
"Fiebre de sábado por la noche". Musical inspirado en la película Paramount, a su vez basado en una historia de Nik Cohn, guión de Norman Wexler. Adaptación teatral de Nan Knighton en colaboración con Arlene Phillips, Paul Nicholas y Robert Stigwood. Música de The Bee Gees. Intérpretes: Darío Petruzio, Silvia Lucchetti, Elena Roger, Charlie G., Héctor Pilatti entre otros. Escenografía: Robin Wagner. Vestuario: Fabián Luca. Diseño de luces: Greg Cohen. Director de orquesta: Angel Mahler. Dirección y coreografía: Arlene Phillips. Una producción de Robert Stigwood en asociación con Alejandro Romay. Teatro El Nacional.

Tony Manero es joven y apuesto. Tony Manero vive en un vecindario modesto de Brooklyn. Tony Manero tiene una familia con un hermano sacerdote que deja los hábitos. Tony Manero trabaja en una pinturería de su barrio, gana poco sueldo y su sueño es bailar como el mejor en las "discos" de Manhattan. Naturalmente, Tony Manero es el protagonista casi absoluto -en el cine había sido John Travolta, en la versión local es Darío Petruzio- de "Fiebre de sábado por la noche", un musical que tiene sustento en el filme de la Paramount y que utiliza las pegadizas canciones de Bee Gees, que sirven no sólo para ilustrar los aconteceres de la vida de Tony y sus amigos sino también para colorear la vida en el barrio de Brooklyn, donde se ha ubicado la acción de la obra, en los setenta.
El género musical en muchas ocasiones apunta a significaciones profundas pero también en ciertas oportunidades a divertimentos que permiten un amplio lucimiento visual (de los intérpretes y de la producción) con algunos toques dramáticos que nunca llegan a ser determinantes. Es el caso de "Fiebre de sábado por la noche", donde la intencionalidad está puesta sobre todo en las competencias dancísticas del fin de semana de estos muchachos -algo marginales si se quiere- que tienen como meta principal lograr el primer puesto en las competencias bailables y si es posible, cruzando el Verrazano, en la luminosa New York, es decir en el distrito de Manhattan. Con el valor agregado de una historia de amor que no logra concretarse y el suicidio de uno de los amigos de Tony, la propuesta centra su interés en la danza y es ahí donde hay que encontrar el eje fundamental de "Fiebre..."
Alrededor de este eje, es entonces, donde debe buscarse la efectividad de esta producción. El esplendor de los cuadros jugados en el interior de "Odisea 2001", una discoteca psicodélica y algunos en el estudio de baile de Dale permiten la mostración de una escritura coreográfica que no sólo es paradigmática en lo referente al estilo de los '70 de la música bailable sino también que tienen la energía y el impulso que brotan de la música de Bee Gees. Las canciones de singular realización melódico-rítmica impulsan la originalidad de los ensambles y de los comportamientos individuales de los bailarines-cantantes.
Siempre con la energética dirección de Mahler desde el foso, Darío Petruzio como Tony, Silvia Luchetti como Stephanie Mangano, Elena Roger en el papel de Annette, Charly G. en el de Bobby C. cantan y bailan con verdadero talento. Las canciones -en una extraña mezcla de inglés algunas y castellano otras- tienen en ellos a muy eficaces intérpretes y ni que hablar del baile, para el que han sido rigurosamente elegidos por un brillo especial. "Stayin 'Alive", "Night fever", "More than a Woman", "Tragedy", "Nights on Broadway" y "How deep is your love" son algunas de las mejores instancias de un menú que habrá de hacer mover al público en sus butacas. En cambio las secuencias dramáticas son las que han sido construidas más modestamente y en ellas se encuentran algunas limitaciones de los muchachos que no las tienen, por cierto, como bailarines, casi todos virtuosos de la "Disco".
La producción no se ha fijado en gastos. Escenografía, vestuario, luces y efectos han sido realizados lujosamente y son un entorno insustituible para los desplazamientos y evoluciones del grupo. La escena descripta como "Banco de plaza cerca del puente", con los automóviles cruzando el emblemático Verrazano es muy bella, tanto como el juego de espejos que permite observar a la explosión coreográfica desde distintos ángulos, inclusive un piso de luces verdaderamente alucinante.
La música y la danza se enlazan en "Fiebre de sábado por la noche" con la fuerza de estos chicos en pos de la luminosidad encandilante de la gran manzana, un faro muy difícil de obviar, pues él muestra el invariablemente sabor agridulce del triunfo. Para Tony Manero, Manhattan no es otra cosa.

xx

          
©2000 Diario El Día - La Plata, Buenos Aires, Argentina