
|
| Hermanos después de casi medio siglo |
Alberto Federico vive en Suiza y sus cuatro hermanos, en Ensenada. Pero nunca se conocieron. Después de 46 años, pudieron desentrañar una compleja historia familiar que los mantuvo alejados. Uno y otros se reencontrarán aquí en los próximos días, en una reunión que es esperada por todos ellos con enorme expectativa.
Hace 46 años, en un hospital de Ensenada nacían los hermanos mellizos Carlos y Alberto Caminos. Los padres de ambos tenían ya otros tres hijos: Olga Mirta, Alicia Beatriz y Graciela Haydée. Por entonces, su padre, Rodolfo Caminos, trabajaba como operario abastecedor en el Puerto y, pocos meses antes del nacimiento de los mellizos, sufrió un severo accidente -fue golpeado en la cabeza por un guinche- que lo dejó en estado de coma. Fue entonces cuando su esposa, Juana Julia Herrero de Caminos, con su marido agonizante, con tres hijos y dos por venir y una situación económica incómoda, tomaría una determinación que marcaría de por vida a toda su familia: decidió entregar a uno de sus mellizos en adopción. Hoy, 46 años después, Alberto Federico, quien vive en Suiza, logró atravesar un sinnúmero de barreras que le permitieron rehacer su verdadera historia familiar. Y en los próximos días regresará a su Ensenada natal para reencontrarse con los cuatro hermanos que nunca conoció, con primos, sobrinos, cuñados y sobrinos nietos, en un reencuentro familiar que involucra a más de 40 personas, para cerrar una compleja historia plena de desencuentros, secretos y misterios.
"Nosotros nunca supimos de la existencia de Alberto -cuenta Olga Mirta Caminos (52), una de sus hermanas biológicas- porque mi madre jamás nos dijo de su nacimiento, era ese un secreto que se llevó a la tumba. Cuando ellos nacieron yo tenía 6 años, y Carlos -el otro mellizo- falleció a los cinco meses de vida. Nosotros siempre entendimos que ése había sido el único nacimiento, porque mi padre, que luego se recuperó de su afección, también guardó el secreto hasta su muerte. Mi madre falleció hace 24 años, y mi padre hace 20, y nunca conocieron a su hijo". "Cuando estos chicos nacieron -describió por su parte Emilce Federico de Calvino (72) -tía adoptiva de Alberto y la auténtica gestora del reencuentro familiar- mi hermano Manuel Alberto Federico y su esposa Angélica Belardinelli de Federico, quienes ya llevaban 10 años de casados, buscaban un hijo en adopción ante su imposibilidad de tener descendencia. Fue entonces cuando un médico les comentó de la posibilidad de adoptar como propio a uno de estos hermanitos, y así lo hicieron. Pero no fue una adopción realizada ante un Juez, sino que lo inscribieron como si fuera un hijo biológico, y jamás confesaron ese secreto a nadie". "Fue así que Alberto creció en ese ámbito, con todo el cariño y el amor de sus padres, tíos y primos -señaló Emilce- y vivió aquí en Ensenada durante 40 años, aunque según me confesó hace poco tiempo, él siempre sospechó que era hijo adoptivo. Se lo llegó a preguntar a su madre y a su padre, y ellos siempre se lo negaron. Hasta que, muerta su madre, mi hermano le confesó la verdad cuando Alberto ya tenía 30 años, aunque sin darle mayores detalles". Alberto Federico posteriormente se casó, se fue a vivir a Bariloche, tuvo dos hijos y luego se radicó en Suiza, donde actualmente vive con su segunda esposa. Pero hace dos años y medio, urgido por la verdad, le pidió desde Suiza a Emilce, una de sus tías adoptivas, que lo ayudase a encontrar aunque sea a uno solo de sus familiares biológicos. "Yo le dije que lo ayudaría en todo lo que pudiese -cuenta Emilce- pero que la tarea sería muy compleja y dificultosa, y que nos podríamos encontrar hasta con verdades dolorosas. Pero él insistió y hasta me firmó un documento expresando su voluntad para que yo no tuviera problemas familiares. Fue entonces cuando me metí de lleno en esta búsqueda que me demandó un esfuerzo extraordinario, pero que afortunadamente terminó con un final feliz". "En esa búsqueda -añadió- conocí a una persona que era nieta de quien resultó ser un testigo de aquel nacimiento, y que me mencionó el apellido Caminos como el de los padres biológicos de Alberto. Busqué ese apellido en distintas guías telefónicas del país, y realicé no menos de 200 llamados, todos infructuosos. Hasta que se me ocurrió escribir al programa de Franco Bagnato, "Gente que busca gente", quien le dedicó seis capítulos a este caso, también sin resultados positivos". "Yo lo mantenía al tanto a mi sobrino en Suiza -destaca Emilce- pero no quería ni entusiasmarlo ni desalentarlo. Hasta que volví a intentar con la televisión de cable de Ensenada, contando toda la historia. Y en una misma noche me llamaron 19 personas dándome teléfonos y direcciones de personas con el apellido Caminos. Una de esas personas resultó ser Norma Romero, una vecina de Ensenada que me contó que de chica había jugado con las hermanas Caminos, y que recordaba un episodio de un nacimiento ocurrido por aquella época. Así nos contactamos con Olga Caminos, juntamos las partidas de nacimiento, buscamos otros testigos, y todos juntos llegamos a la verdad". "Después del nacimiento de los mellizos -señala Olga Caminos, quien es casada, madre de seis hijos y abuela de 5 nietos- mis padres tuvieron otro hijo, José Luis Caminos, que hoy tiene 37 años, por lo que somos cuatro los hermanos que aquí tiene Alberto. Es una historia increíble, porque vivimos 40 años en la misma ciudad, a cinco cuadras de distancia, y seguramente alguna vez nos habremos cruzado en Ensenada, sin saber que éramos hermanos. Emilce buscó también por todo el país, y nosotros estábamos acá, a metros de distancia, aunque no nos conocíamos. Inclusive yo y José Luis vimos por televisión al programa de Bagnato en el que hablaban de Alberto, pero no le dimos importancia, porque desconocíamos que teníamos un hermano". "Pero debe ser cierto cuando dicen que la sangre es muy fuerte -dice Olga- porque cuando me contaron esta historia yo la creí desde un primer momento, la sentí como verdadera. Ahora estamos todos muy ansiosos, esperando que llegue la fecha para encontrarnos con nuestro hermano y abrazarnos muy fuerte, ya que todavía no nos conocemos personalmente, aunque ya hablamos varias veces por teléfono. Es una ansiedad que compartimos tanto él como nosotros". Ese día tendrá lugar en breve en Ensenada, en la casa de Emilce Federico de Calvino, la tía que movió cielo y tierra para que su sobrino adoptivo pueda conocer a los sobrevivientes de su familia biológica, quienes durante casi 40 años vivieron, sin conocerse, a pocas cuadras de distancia.
|