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| La anorexia ahora afecta desde nenas de 8 años a mujeres de 45 |
Así se aseguró en una charla preventiva brindada ayer a estudiantes del polimodal. A su vez, desde el Hospital Alejandro Korn hablaron también de los desórdenes alimentarios en las chicas alimentadas a fideos, guisos y polenta y que no tiene plata para comprar productos diet ni para ir al gimnasio, entonces, dejan de comer. Unos y otros ven estimulados sus cuadros por la presión social y para no ser discriminados por sus pares
Los trastornos alimentarios, cuya expresión más severa son la bulimia y la anorexia, no respetan edad ni clases sociales y van dejando de ser netamente femeninos. Antes se reconocían en pacientes entre 12 y 30 años, hoy se da entre los 8 y los 45 años. Antes eran una excepción en los servicios hospitalarios de la periferia, hoy, en el Hospital Alejandro Korn de Melchor Romero, llegan entre 4 y 6 casos mensuales de los cuales uno es considerado puro de anorexia o bulimia. Son las chicas alimentadas a polenta, fideos y guisos que no tienen plata para gimnasios ni productos diet y entonces, dejan de comer para parecerse a los modelos en boga y no ser aún más discriminadas, por lo social y además, por gorditas aunque mal nutridas. Hay trabajos y hechos que dibujan con precisión este preocupante paisaje. Una fundación platense lanzó, en un programa televisivo que consumen clases populares y medias, un programa de becas para tratamiento gratuito de bulimia y anorexia. En una hora se recibieron 350 llamados. Un estu Una parte de estos datos fueron brindados ayer por el doctor Edgardo Pera Torres, director de Atención Primaria de la Salud de la Provincia en una charla ante alumnos del polimodal de las Escuela Técnica Nº8 y la Media Nº 33 de nuestra ciudad en la sala de la Comedia Provincial, a la que siguió una obra de teatro basada en dos cuentos de Elsa Bornemann, que completan el sentido de la charla.
EN EL TEATRO Carolina (17) asegura que come cualquier cosa y que ninguna de sus compañeras hace dieta. Estudia en la Técnica Nº 8 la especialización en Química y confía que el tema de la anorexia y la bulimia es algo que se ve entre chicas de su edad, porque "la mayoría no está de acuerdo con su cuerpo". A su lado están sus profesoras Ana María Bruzzi y Ana María Avanzini corroboran que "es una problemática que se da mucho pero en mucha menor escala en el varón. Son las chicas las que cuidan la figura". Instalan la problemática fundamentalmente en la adolescencia, "porque es un discurso común en ellos y la sociedad los impulsa con sus modelos. Es la figura producida, como dicen ellos". La charla se da mientras ingresan a la sala en donde minutos más, el doctor Pera Torre les desgranaría en 15 minutos, los conceptos fundamentales sobre anorexia y bulimia en el marco de una campaña preventiva que lo ha llevado a medio centenar de colegios e instituciones del interior bonaerense y del conurbano.
Explica que, "las pautas culturales han determinado que ser delgada es sinónimo de éxito social. Adolescentes y mujeres jóvenes están sometidas a intensas y profundas presiones para cambiar su figura corporal o motivadas por modelos y artistas o por la publicidad. Los trastornos de la alimentación se pueden considerar como un síndrome por falla en la adaptación al medio social, que intenta ser compensada mediante una serie de comportamientos patológicos vinculados a la alimentación y una preocupación excesiva por el cuerpo que se ligan a esos factores de presión sociocultural. Desde ya, debe haber una personalidad de base. Hay causas biológicas y genéticas, por ejemplo, al superar la pubertad existe un aumento en el tejido adiposo y una mayor preocupación por aumentar de peso; generalmente son jóvenes de baja estima, obsesivas y perfeccionistas con tendencias dominantes. Puede favorecer este cuadro una situación familiar determinada, como la sobreexigencia, la sobreprotección". La obra de Liliana Quartucci so EN ROMERO Graciela Aletti es psicóloga e integra el equipo que atiende adolescencia en los consultorios externos del hospital Alejandro Korn de Romero. Y es contundente. "Cada mes se atienden en el servicio unos 500 adolescentes, aproximadamente. De ellos, entre 4 a 6 padecen trastornos alimentarios y entre ellos hay un caso puro, es decir, de bulimia y anorexia. La mayoría son chicas violentadas por su situación social, por la discriminación, por sus pares, por los boliches a donde quieren ir a bailar, por las imágenes que muestra la televisión de chicas divinas, triunfadoras y reflacas. Siente esa falta de libertad y quiere integrarse, de la misma manera que aspira a zapatillas de marca aunque sean truchas y de feria paraguaya, quiere ser flaca. No tiene plata para tratamientos, productos diet ni gimnasios. Alimentada a fideos, polenta y guisos, opta por dejar de comer o, muy común, no despreciar la comida que con esfuerzo le dan sus padres, y después vomita".
"Nosotros tenemos una población en donde hay un gran porcentaje de adolescentes de origen boliviano, peruano, paraguayo, que sienten la discriminación por su origen a la que se suma la de la pobreza y la de la gordura hecha de farináceos y carencias. Hemos tratado a chicos con historias muy fuertes. Porque los trastornos de la alimentación son un síntoma, no una patología. Además de una personalidad de base, hay múltiples causas en un tejido de relaciones familiares, sociales y culturales. Creo que los síntomas son distintos entre los chicos de clase media y los que tratamos nosotros, en una población que antes no tenía esta problemática. En los nuestros se esconde un deseo de parecerse a los otros, de acceder aunque sea en aspecto a la otra clase, porque así no serán discriminados y podrán ir a boliches y serán aceptados por sus pares".
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