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| Debió ser fiesta, apenas fue triunfo |
En su mejor show de local no merecía que se colara el susto
Por MARTIN MENDINUETA
Un rato antes de que el "Torpedo" Arias armara el desparramo en el área
del "Pincha" que terminó con la pelota rebotando en el travesaño del observador
Misetich, el "pelado" Vigliano, muy buen analista de fútbol, me susurró
al oído una frase bien gráfica que, de ahora en adelante, adoptaré con
su permiso: "Estudiantes no puede comerse semejante cantidad de goles
servidos en bandeja; es como tirar comida sin sentir una gota de remordimiento..."
La comparación, severa y contundente, fue la síntesis perfecta de lo que
ocurrió, especialmente durante el segundo tiempo, en la merecida victoria
del equipo de Craviotto. Debió ser fiesta albirroja media hora antes del
pitazo final del mediocre Bongianino. Todo lo bueno que hizo Pompei, poniendo
pelotas venenosas para los rosarinos y jugando uno de los mejores partidos
desde que volvió de España; la tremenda importancia del incansable "Pepi"
Zapata, el muy buen nivel de Farías, el gol y la asombrosa efectividad
en el juego aéreo de Maggiolo, los aciertos del "Cabezón" Testa, el acentuado
repunte de Cascini, la envidiable prolijidad de Osorio y una identidad
colectiva que estuvo ausente en las primera fechas, le pusieron al resultado
final el rótulo de mentiroso.
Memoria
Después de haber coleccionado penas innecesarias, este "León" digno, ni
brillante ni desastroso, sintonizó el canal Volver para refrescar la lección
que tantas alegrías le generó cuando "las papas quemaban". A todos los
rasgos descriptos, ayer le agregó la combinación de sobriedad, algunas
dudas y buena suerte del arquero que se había acostumbrado a ser suplente
de Tauber, la tan silenciosa como efectiva tarea de desgaste cumplida
por Quatrocchi sobre Pizzi, la corrección de Colotto y el oficio del "Vasco".
Con nulo derecho al pataleo, el uruguayo Bergara y Juan Fernández miran
resignados desde la platea como Azconzábal, sin ser Arruabarrena ni el
"Titi" Herrera, se las rebusca para aprobar con decoro en un puesto que
no es el suyo. Grandote y dando ventajas en la velocidad, nadie ha demostrado
más virtudes que el juninense en el extremo izquierdo de la línea de cuatro.
Ahora, Estudiantes se acomodó. En el pizarrón del técnico, en la cancha,
con la pelota en movimiento, y también en materia de resultados. Volvió
a ser lógico. Esto no quiere decir que sea una máquina perfecta, ¡ni por
asomo lo es! La recuperación del molde histórico concebido por el "Alemán"
es el mejor logro conseguido hasta el momento. Había descarrilado, andaba
a los tumbos por la banquina y sólo conseguía dilapidar los méritos cosechados
en buena ley. Hoy está como antes, con virtudes y defectos, picante en
ataque y con limitaciones atrás, pero esta fisonomía le ha servido para
cicatrizar, en gran medida, la piel tan castigada de su gente.
Tranquilidad
Eso es lo único que le exigen desde el tablón. Los hinchas están hartos
de hacerle un lugar en el desayuno del lunes a la tabla de los promedios.
Obviamente, la tediosa situación es anterior a este cuerpo técnico, y
por eso cansa... Que ganó Unión, que perdió Huracán, que ganó Belgrano
y así sucesivamente todos los fines de semana, termina desgastando a quienes
necesitan unas vacaciones como las que tuvieron sobre el final de la temporada
anterior.
El panorama es claro: Nadie va a presionar a Craviotto para que llegue
al brindis de Navidad dando la vuelta olímpica; sería absurdo que lo hicieran.
En cambio, sí le reclamarán que tome la mayor distancia posible del temido
precipicio. Ese debe ser su objetivo, su meta, su obsesión. De allí para
arriba, todo lo que consiga podrá disfrutarlo como la hermosa yapa de
un trabajo bien hecho.
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