|
|
La iniciativa de directivos del Club Estudiantes tendiente a construir tribunas de hormigón en el predio donde actualmente tiene su estadio reabre numerosos interrogantes. En principio cabría preguntarse por qué los dos clubes que juegan en los torneos más importantes de fútbol del país parecieron no asumir el papel protagónico que les correspondía en la construcción del Estadio Unico y aparentemente no pusieron todos sus esfuerzos para que la obra se terminara. La concreción de ese emprendimiento hubiera significado que los equipos de ambas instituciones pudieran contar con instalaciones que, por muchas razones, posibilitarían que una mayor cantidad de público se acercara y, en condiciones de seguridad mayores que en la actualidad, pudiera presenciar un espectáculo deportivo. Todos saben que la falta de garantías ha sido uno de los factores que alejó a la familia de las canchas de fútbol profesional y que para brindar las mejores condiciones son necesarias edificaciones especialmente preparadas para dar seguridad. Hubo asociados de Gimnasia que sostenían que su Club no debía abandonar las instalaciones del Bosque y debe reconocerse que fue esta entidad la que comenzó a elevar tribunas de material, como subrayando su deseo de permanecer allí. Lo cierto es que lo hicieron ante el silencio municipal que permitió la edificación en terrenos de su propiedad y a pesar de muchas opiniones de quienes bregan por la recuperación del Paseo del Bosque eliminando todo lo que deformó su primitivo objetivo. Los ojos cerrados de la autoridad comunal también despiertan interrogantes sobre todo, después de que el Intendente objetara la instalación de un hipermercado sobre la avenida 122, en jurisdicción de Ensenada, con el argumento del negativo impacto que tendría desde el punto de vista ecológico para el Bosque. Ahora los allegados a Estudiantes proyectan su obra sin que se sepa si cuentan con autorización de la Municipalidad en la doble condición de ente de regulación urbana y de propietaria de las tierras en las que se promovería la construcción definitiva de un estadio. Por otra parte, según se ha anunciado, el proyecto incluye la habilitación de locales comerciales sobre la avenida 1, lo que también requeriría la expresa autorización de la comuna.
También genera curiosidad la situación económica del Club Estudiantes
y cómo se habrían modificado de manera substancial las circunstancias
que la rodeaban como para emprender el proyecto, ya que hasta hace poco
padecía el agobio que significaban pérdidas con cuya acumulación había
generado un considerable pasivo. Por supuesto que todos saben que así
están casi todas las entidades que se dedican al fútbol profesional, con
pesadas deudas fiscales, previsionales, con la AFA y a veces hasta con
el personal, lo que motivó hace muy poco tiempo un conflicto con los jugadores.
No faltan las instituciones que arriesgaron demasiado financieramente
y terminaron en la convocatoria de acreedores o en disfrazadas tercerizaciones
-se las llama "privatizaciones"- de la actividad futbolística.
Lamentablemente los problemas laborales primero y luego la situación económica de la Provincia determinaron la paralización de las obras del Estadio Unico, pero ante ello no pudo notarse la reacción que sería normal en las dos instituciones futbolísticas de la ciudad. Fue como si el problema no las afectara y por el contrario, parecen estar dispuestas a construir modestas instalaciones -aunque costosas- en terrenos ajenos y sin que existan disposiciones municipales que las autoricen. ¿Por qué? Es cierto que las autoridades mundiales del fútbol quieren terminar con las tribunas de madera, pero en muchos países con una larga tradición deportiva ello no ha sido posible y puede calcularse que en el contexto de una recesión internacional muchos factores serán tenidos en cuenta para no perjudicar la práctica del fútbol. De todas maneras resulta loable la intención de progreso de Estudiantes y Gimnasia, pero para ello debe contarse con bases sólidas y terminar, como ha ocurrido en muchas ciudades del mundo desarrollado, con el dispendio que significa poseer dos estadios, con todos los gastos que ello representa, para que cada uno sea utilizado tres o quizás cuatro veces cada treinta días durante diez meses del año. La sana rivalidad no tiene por qué impedir que se racionalice el uso de los recursos y ambos jueguen en un mismo y mejor estadio, urbanísticamente ubicado donde la sana administración municipal lo determine en un consenso que debe involucrar a quienes tienen inquietud por el uso de los espacios públicos y el impacto de las grandes construcciones y aglomeraciones de gente sobre el desenvolvimiento de la Ciudad y por supuesto, de sus vecinos.
|