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| Sin el "Colo", no hubo suspenso |
Verlo inmóvil sobre la camilla fue letal para sus compañeros
Por MARTIN MENDINUETA
La brutal, aunque desnuda de intención, trompada que disparó el pibe Saja
sobre el cráneo de Facundo fue, además de la bisagra del partido, un atentado
devastador que decapitó a Gimnasia.
Un poco el destino y otro tanto el chaqueño Daniel Giménez, máxima autoridad
de grisáceo desempeño, terminaron dándole forma al plan perfecto para
destruir al Lobo: sacar del partido al "tripero" más peligroso. Dicho
y hecho. El traslado de Sava en camilla, desde el arco del Bosque hasta
la boca del túnel fue terrible. Verlo quieto y con el cuello ortopédico
colocado por el Dr. Paús, instaló en el ambiente una horrible combinación
de temor, escalofrío e impotencia. Justo él, fuerte como pocos, gladiador
del área, viajaba tendido sin respuestas. Parecía una broma de mal gusto.
Después de ese impacto, nada fue igual. Sus compañeros quedaron shockeados.
Aturdidos. Indefensos. Lejos de "tirar flores" con el sólo hecho de caer
en gracia, Gimnasia sin Sava es como un verano sin sol. Representa mucho,
con y sin pelota. Además de ser el más valioso, su injerencia en el plano
anímico tampoco es menor. Cuando la ambulancia partió rumbo al Centro
Oncológico de Excelencia, su equipo quedó a la intemperie. Es una mentira
grande como una casa que todos son iguales, Sava es mucho más que el artillero
temido por defensores y arqueros; se ha transformado en el símbolo más
genuino del poderío mens sana.
No fue partido
Semejante mazazo distendió a San Lorenzo. Creció Zurita, empezaron
a tocar Ervitti y Leo Rodríguez, Estévez hizo lo que quiso y el "Beto"
Acosta demostró que, viejito y con algunas canas, sigue siendo un goleador
muy respetable. El apogeo del último campeón corrió el telón que ocultaba
las miserias de Gimnasia. Sólo Cavallo y un par de buenas pelotas colocadas
por Sanguinetti le dieron vida a la criatura de Griguol. Timoteo dijo
que jugaron su peor partido y no se equivocó ni por un pelito.
San Lorenzo tuvo acceso directo a la goleada, pero le faltó eficacia en
las cercanías del "Toto" Hernando. Desde aquel instante que cortó la respiración
del público, la pulseada no fue pareja. Como se dice en el potrero, no
fue partido. Uno, el que ganó, daba la sensación de que podía aumentar
la diferencia en cualquier momento; el otro, el que perdió, parecía enfermo
de impotencia, lanzado a la búsqueda infructuosa del gol que jamás llegaría.
Penal o injusticia
Los reglamentaristas aducen que en jugadas como la protagonizada
por Saja y Sava generalmente no se sanciona penal. Si es así, en lugar
de acorralarla, le estamos dando vía libre a la injusticia. ¿Acaso es
justo que Gimnasia se haya quedado sin su carta de triunfo y, al mismo
tiempo, sin la posibilidad de anotar un gol mediante la ejecución de la
pena máxima? Gimnasia, la víctima, no recibió "indemnización" de ningún
tipo. Nadie se hizo cargo del daño, involuntario, que le hicieron. Sin
dudas, algo está mal. El "Ciclón" quedó exento de multa, se la llevó de
arriba, no pagó ningún costo por la impericia de su arquero.
Si la ley olvidó castigos para este tipo de acciones, todavía están a
tiempo de cambiarla. Nunca es tarde, cuando el criterio es bueno.
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