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| Los ruidos molestos en horas de la noche, otra penuria que no tiene fin |
Una vez más los vecinos aparecen como los rehenes de las molestias que genera la música a todo volumen en los boliches, los habituales desórdenes a la entrada y la salida de los locales de diversión y las peligrosas "picadas" de automóviles. Todo esto en medio de la noche y provocando los lógicos trastornos a quienes están entregados al descanso. Lo que se está viviendo por estos días, como lo sabe todo el que haya vivido en esta ciudad el tiempo suficiente no es fruto de un súbito cataclismo, sino de la continua inacción de los organismos que deben entender en cada uno de los casos. A esta altura del año se tornan frecuentes las fiestas de egresados en cualquier día de la semana y no estaría de más incrementar los controles para que los desbordes de los jóvenes no se extiendan a la vía pública, como sucede actualmente. Vale la pena recordar que los sitios donde se cometen este tipo de excesos están largamente identificados por lo que sólo restaría que los organismos de contralor respectivo tomen cartas en el asunto de una vez por todas. Mucho más grave aún resulta la reiteración de las "picadas" que en infinidad de oportunidades han motivado el reclamo vecinal. Ahora, esas peligrosas prácticas automovilísticas se han mudado de lugar ya que tras abandonar el Paseo del Bosque, sus cultores decidieron instalar su frenético pasatiempo en diagonal 74 y 120. Los habitantes del lugar han hecho llegar los correspondientes reclamos no sólo al verse alterada la paz en ese lugar las madrugadas de los sábados y domingos, sino porque son concientes del riesgo que entrañan ese tipo de competencias. Quienes se han sentido invadidos por los ruidos molestos y el desorden se merecen una respuesta conveniente. Las autoridades deberán extremar su accionar para evitar que los que no respetan los códigos más elementales de convivencia se salgan con la suya.
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