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| Globalización: ser o no ser |
Por JORGE L. GONTRAN de VILLALOBOS (*)
Estamos en un mundo nuevo, distinto. Los rápidos medios de comunicación y transporte han destruido las distancias y los aislamientos. La explosión tecnológica, al abaratar los costos de producción, ha elevado los niveles de consumo a límites de caracter exponencial, fomentado por corporaciones mundiales, centradas en el logro del máximo beneficio. Este incremento incesante de la producción no repara en el daño ambiental ni en la concentración de la riqueza, origen de la exclusión de millones de seres, olvidando el objetivo fundamental de la organización social de la Humanidad: el desarrollo humano. Estamos prisioneros de viejas etiquetas políticas que perduran por no haber nacido una nueva concepción que asegure nuestra supervivencia y ponga un punto final a la devastación del planeta. Esta ausencia es el argumento más poderoso en defensa de la globalización económica. La opinión pública, atosigada por la propaganda explícita y subliminal, no cuestiona su accionar ya que creen que pagan impuestos, son fuente de empleos y estafan menos que los coimeros locales, sin advertir que han destruido la concepción del mercado como sistema político efectivo de administración y distribución. El intercambio entre filiales y centrales han convertido en un mito las funciones políticas del mercado: crear capital social, conseguir el justo equilibrio, preservar y ampliar las posibilidades de una mayor libertad. Sin embargo, muchos políticos hablan con unción religiosa de las maravillas del mercado, obstaculizando una planificación seria y fomentando con su actitud una acumulación y derroche suicidas. La empresa global puede extender la riqueza geográficamente pero la concentra social y políticamente: anula las fronteras nacionales pero fortalece las divisiones de clase, dejando de lado la justicia y la estabilidad. Esta política tiene un talón de Aquiles: la creciente escasez de la materia prima que hace que los países ricos, dependan cada vez más de las naciones pobres. Claro está que tratan de remediar esa grave situación, comprando industrias locales, territorios, manipulando privatizaciones, controlando el flujo financiero con su red de bancos y presionando los gobiernos con el peso de deudas siderales de origen dudoso. Es necesario como solución al futuro desastre, crear estructuras que proporcionen, a través de la cooperación, los derechos y poderes de participación en los trabajos y en los lugares donde se vive, así como en todo tipo de reformas y en el análisis de los valores que deben adoptarse contra el individualismo salvaje, el derroche, el crecimiento sin control y la seguridad basada en la acumulación indefinida de bienes. Todo esto no es nuevo: ya lo dijeron visionarios en la aurora de los tiempos humanos: justicia, frugalidad, honradez, moderación, igualdad ante la ley y respeto a la dignidad humana. Pero ésto exige la aparición de un ciudadano educado y responsable ya que el conocimiento es el motor, la dinámica principal del cambio social. En las escuelas se modela nuestro futuro, algo que parecen olvidar gobiernos y gremialistas que usan el irrecuperable tiempo escolar como arma para el logro de apetencias económicas, sin pensar que asesinan su propio futuro como nación. Actualmente se calcula en 500 las multinacionales que pugnan por los recursos del planeta: las más poderosas tratan de controlar regiones, caso ALCA para América Latina, excluyendo los intereses europeos y asiáticos. La idea de la integración regional de Sudamérica emana de los escritos del Dr. Raúl Presbich y de la Comisión Económica para América Latina (ECLA) que en 1950 sostenía la necesidad de extender al plano multinacional la tesis de la imposibilidad de un desarrollo económico ajeno a la industrialización, es decir que el desarrollo sustentable de un país emergente depende del grado de promoción de un proceso activo de sustitución de importaciones por la industria doméstica, en forma de ampliar el volumen de divisas para bienes de capital y tecnología de punta. La realidad demostró la creciente saturación de esta capacidad al aumentarse los costos de la industrialización frente al rápido avance tecnológico de los países desarrollados y las tensiones productivas por la explosión demográfica y la desigual distribución de la renta. Surge entonces como alternativa al estancamiento, la idea de integración regional, aumentando el poder de negociación frente a las exigencias de los centros industriales del Oeste y Este. Ahora bien: la libertad de comercio dentro de la región no puede ser el único objetivo de la Unión, ya que si existen grandes diferencias entre los niveles de desarrollo que concentren los beneficios en las más desarrolladas, se producirán conflictos inevitables si no se definen temas referentes a un tratado para la aplicación gradual de la unión aduanera: un mecanismo para la coordinación de las políticas monetarias, creación de un Banco regional de Desarrollo: un sistema coordinado para crear incentivos para las inversiones privadas internas y externas a la región; un instrumento que regule la migración de industrias y un Fondo de Compensación para los miembros menos desarrollados que facilite su industrialización. El Mercosur carece de muchos de estos factores de aglutinamiento y coordinación. El nuevo Presidente de Basil fue un entusiasta de la regionalización, durante su campaña electoral. Veremos qué pasa, una cosa es conquistar el Poder y otra es mantenerse en él. La amenaza del ALCA que nos convertirá en proveedores de materiales escasos en EE.UU., un coloso con el que no podremos dialogar en igualdad de condiciones, hace indispensable nuestra unión que significa un mercado de 200 millones de consumidores y mantener relaciones con Europa y Asia. Sudamérica será la esperanza del mundo por ser algo nuevo, diferente a EE.UU. y Europa que repiten un modelo tecnológico, peligroso para nuestra supervivencia. En cambio, nuestro continente es una voz telúrica que según el Conde Keyserling en sus Meditaciones Sudamericanas si puede vencer su pereza ingénita y la tentación de improvisar en vez de trabajar, tendrá a su cargo revalorizar el diálogo con la naturaleza. Seremos eso o no seremos nada.
(*) Presidente del Instituto de Prevención Contaminación Ambiental y Protección Recursos Naturales Fac. Ingenieria UNLP
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