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5 de Diciembre de 2002
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Lula: racionalidad y desafío en Brasil
Por CARLOS RAIMUNDI (*)

Una de las razones del triunfo del PT es la atmósfera de coherencia que supo generar, entre el núcleo ideológico de su proyecto -mayor papel social del Estado, presupuesto participativo, posicionamiento firme frente al ALCA- y la amplitud de criterio para sellar un acuerdo con sectores productivos que en otras épocas hubiera sido indigerible. La alianza entre Lula y el empresario José Alen‡ar tiene un significado que trasciende lo electoral: afrontar con la mayor acumulación de fuerzas posible una fase de capitalismo nacional sostenida en el crecimiento productivo y el desarrollo del mercado interno, a partir de políticas redistributivas más activas que las aplicadas hasta ahora.
La victoria de Lula coloca a Brasil ante un proceso en que conviven continuidades y rupturas, cambios profundos y grandes líneas de acuerdo. Por un lado, fidelidad con la justicia social; simultáneamente, conciencia de lo importante que resultará actuar desde el gobierno con responsabilidad fiscal. En mi opinión, el país hermano no está planteando una relación con el FMI en términos maniqueos de "obediencia o aislamiento", sino que pugna por encontrar un camino que combine realismo con autodeterminación.

LA RELACION POLITICA-MERCADO
Durante el proceso electoral, la interpelación de la política tuvo lugar entre los candidatos y la sociedad. De ahora en más, la cuestión central se sitúa en la relación política-mercados. Los votos están. De lo que se trata ahora es de traducir eso en una mayor capacidad de la política para afrontar con éxito la presión de los grupos financieros; construir un bloque social capaz de sostener el proyecto de cambio.
Lula deberá moverse, con la racionalidad demostrada hasta el momento, entre dos desconfianzas. La de los mercados respecto de su origen, y la de los núcleos duros del pensamiento ideológico, temerosos de una eventual claudicación. Hacia los unos, el compromiso de respetar los recientes acuerdos con el FMI. Hacia los otros, la certeza de un ingreso mínimo ciudadano y la redistribución de la tierra. El desafío consiste en alcanzar la interacción positiva entre una estabilidad macroeconómica que favorezca la inversión, y la fidelidad con los grandes postulados de la plataforma del PT como garantía de legitimidad social.
Es aquí donde entra a jugar la tensión que desvela a la ciencia política moderna, la pulseada entre el bloque financiero y el bloque electoral. El día de los comicios -y sólo ese día- se cumple el principio democrático un-hombre-igual-un-voto. Pero de allí en adelante, son los factores del poder económico, minoritarios electoralmente, los que interpelan con mayor fuerza a la política.
En la ecuación entre poder financiero externo y poder industrial nacional, los empresarios brasileños mantienen todavía una cuota de autonomía que les ha permitido no quedar definitivamente absorbidos por aquel. Y Lula sabe que el sujeto-obrero, ni siquiera sumado al sujeto-Estado, no alcanzan por sí solos para resolver favorablemente esa tensión en estos momentos de Latinoamérica. Por ello se abocó a tomar como aliada a una parte del poder económico que, según su visión -y su apuesta- es el más proclive a incluir en el circuito de producción y consumo a millones de pobres.
La elección dejó clara la relación entre política y sociedad. Lo que entra en juego es hasta dónde esa asociación entre sociedad y política podrá fijar un marco de condiciones a la relación política-mercado. Los mercados harán todo lo que esté a su alcance para presionar apoyándose en el porcentaje obtenido por su contrincante.
Un último punto, que excede este artículo, se refiere a los efectos que el nuevo gobierno de Brasil puede proyectar hacia nuestro país: así como todos nuestros males no derivan linealmente de las políticas foráneas, tampoco esperemos una oleada de parabienes por la sola asunción de Lula. Los climas crean un marco de condiciones, pero es la dirigencia argentina la que deberá tomar decisiones acertadas si procura usufructuar de ese nuevo clima, más propicio para un modelo distinto.

(*) Diputado nacional

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