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| Terminó el secundario y se recibió de "chica diez" |
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| Marina Gómez, la alumna
que cubrió los casilleros de su boletín con diez en
los últimos tres años y terminó el secundario
con un diez como promedio general |
Marina Gómez dice que no mira las notas y sólo se concentra en lo que aprende. En realidad, siempre supo que aprobaba: llenó los casilleros de su boletín con diez en los últimos tres años y terminó el secundario en el ex Normal 1 con un diez como promedio general de todas las asignaturas. Y si hacía falta una prueba del desinterés por las notas, la chica le contó a este diario que ni siquiera sabía que por esa calificación había quedado en el primer lugar de la lista de los mejores cinco promedios de la promoción de egresados 2002, donde hay tres alumnos con 9,90 y uno con 9,70. Mientras cursaba el Polimodal, Marina leía una o dos veces los textos, tomaba notas de lo que había que fijar y si la materia le interesaba buscaba bibliografía adicional para preparar trabajos. Esa técnica le permitió alcanzar un rendimiento académico que a juzgar por las notas es brillante. Según comentó, ese desempeño es fruto de la avidez por aprender y por "hacer las cosas prolijamente", que nació de las enseñanzas de la abuela Pierina, una maestra rural que una vez retirada se dedicó a cuidarla durante varios años: "Desde que era chica vivía con mi abuela, que fue maestra en el campo, y un mes antes de que empezaran las clases me ponía a estudiar. Ella me impulsó siempre a dedicarme al estudio", señaló Marina. La abuela materna, que ayer le entregó la medalla al mejor promedio en el acto académico del colegio, también se ocupó de sus hermanas Lucía y Julia que ya estudian en la Universidad. Igual que Marina, Lucía también fue abanderada en el secundario y Julia fue escolta. En casa, su mamá Chari, quien dejó la facultad de Agronomía cuando estaba a punto de recibirse y su papá Carlos, un médico que alterna en bandas de jazz y bossa nova ("alguna vez tocó con -el rockero- Skay Bellinson", dijo con orgullo Marina), no están encima de las chicas: "Lo que queremos es que sepan, que aprendan y que estén gustosas de saber. No prestamos atención a las notas", indicó Chari. La madre coincidió con su hija Marina en rescatar el trabajo de la escuela. "Estoy muy agradecida con el colegio. En esta época y como están las cosas, creo que las chicas absorbieron lo que debían. Hay padres que dicen que no se enseña, pero está en cada uno tomar o no las cosas", opinó Chari. Por su parte, el vicedirector del colegio, Rubén Izquierdo, destacó la labor de la familia en ese y otros casos de alumnos destacados: "Más allá de lo que puede dar la institución en el desempeño tiene mucho que ver la familia". El profesor apuntó que la abanderada que reemplaza a Gómez también tiene 10 en dos años de cursadas y otra alumna terminó el primer año con esa nota general. "Yo creo que merecen tener un promedio como el mío otros chicos que se matan estudiando", expresó Marina. Aunque siempre se destacó, sostuvo que nunca tuvo "devoción por el estudio" y añadió que por su comportamiento alejado de la caracterización del traga, sus compañeros nunca le hicieron sentir su condición de "chica 10". "Cuando empecé el secundario me separé de mis amigos que siguieron la orientación en Ciencias Naturales (venían todos de la primaria del Normal 1), pero no tuve problemas e hice nuevas amistades. Yo no dejo de hacer otras cosas por el colegio", dijo. Marina baila salsa, va al gimnasio y estudia inglés. No le gusta estar lejos del estudio y espera ansiosa el inicio de las cursadas en la facultad de Derecho de la UNLP. "Me anoté en esa facultad porque en mi familia son todos médicos y quería salir de eso. Además, teniendo en cuenta como está el país, me interesa investigar y analizar cuestiones de economía y política".
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