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Por HECTOR S. VAZZANO (*)
Siempre el árbol más próximo a nuestra vista nos impide ver el bosque. Esa parece ser una de las razones que parecen explicar el clima de turbulencia en que se envuelve gran parte del sector dirigencial, no sólo en distintos niveles de gobierno, sino de todo aquél que tenga una responsabilidad, al menos sectorial. Justamente, muchas veces los asuntos de urgente resolución se vinculan con aquello ligado a nuestra necesidad, interés u opinión de quienes representamos y no reparamos en si algunas de esas cuestiones pueden ser tal vez "accesorias" de lo principal que es el norte último de nuestra razón de ser. En mi caso particular, con la representación de la Federación de clínicas, Sanatorios y Hospitales de la Provincia de Buenos Aires, muchas veces me pregunté si en los debates con el gobierno sobre distintas variables económicas, que hacen a la lógica defensa de nuestra institución, teníamos bien seguro y conciente lo "accesorio" y lo "principal". Es decir, si detrás de esa confrontación de ideas estaba latente el objetivo supremo de canalizar mejor los recursos en pos de una óptima relación médico-paciente y por ende, aportar una importante cuota de esfuerzo hacia el objetivo principal de garantizar la salud de la población. La contínua prédica por reconstituir y recuperar, a niveles de años más felices, el financiamiento del sector privado de salud, no es sólo una entelequia contable de empresarios. Es también, por ejemplo, una fuerte expresión de objetivos por reincorporar al sistema a cinco millones hombres y mujeres que desde los últimos años están carentes de seguridad social por haber sido expulsados del mercado de empleo y que otrora contaron con atención en establecimientos privados. No se trata de una estadística contada en diez segundos: hay allí cinco millones de historias de desdichas y sinsabores de víctimas de una degradación social ocurrida en los últimos años. El dolor es agudo, pero en el alma, cuando se percibe esta historia masiva de barranco social que, caprichosamente, derivó millones de compatriotas de un sistema de cobertura social hacia hospitales estatales que ahora están desbordados en la demanda de atención médica. Este escenario de exclusión explica, en parte, la crisis de la salud. Para rescatarla de esta suerte de terapia intensiva, apostamos a que nuestros establecimientos se desarrollen con la mejor calidad posible. Estamos pasando por un momento muy crítico pero ponemos toda nuestra voluntad para mejorar el futuro. Somos gente que invertimos en salud desde hace muchos años, es un capital nacional y lo vamos a defender porque lo hemos integrado para desarrollarlo en beneficio de la comunidad. Es por eso que estamos haciendo relevamientos y programas de garantía de calidad, ayudando a gestionar y mejorar la gestión de establecimientos. En tanto, no está alejado de una agenda de prioridades, el intento por reducir los costos derivados de juicios por mala praxis, sin previsibilidad en el valor de las indemnizaciones a acciones civiles por daños y perjuicios, ni siquiera en lo relativo a las costas cuando es el profesional demandado quien resulta eximido de responsabilidad. Pero la menor eficacia en los resultados -que, reiteramos no depende exclusivamente de nosotros- se explica con el largo período en que, desde el Estado, no se concibió a la problemática de la salud como prioritaria en una agenda de debate. Entonces se pagaron las consecuencias. Y las pagaron muchos argentinos y bonaerenses. El drama de la desnutrición sirve entonces para resaltar la razón de ser del médico que consiste en velar por la salud del ser humano. Pero bueno es admitirlo en esta reflexión, un poco autocrítica, que este principio del sentido común muchas veces se olvida a causa de las presiones que sufre el sistema de salud. En lo referente a las responsabilidades compartidas, es necesario, luego de esta reflexión, mantener de nuestra parte este compromiso de garantizar que el ser humano será primordial en el esquema. Debe serlo también desde el Estado colocando a la salud en la prioridad de las agendas más exigentes de debate. Escapar a ese compromiso provocaría que el árbol próximo a nuestra vista nos impida ver el bosque y confundiríamos lo "principal" con lo "accesorio". Pero sobre todo estaríamos expuestos al juzgamiento de futuras generaciones, por eso la Razón de Ser.
(*) Presidente de FECLIBA.
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