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23 de Febrero de 2003
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Cómo están las estaciones donde ya no pasa el tren
Desde centros culturales a improvisadas viviendas, los usos de las históricas construcciones

Pese a las iniciativas vecinales, la histórica estación de Meridiano V, en 17 y 71, todavía no pudo concretar sus sueños de reactivación. Cada tanto, el lugar es utilizado por la gente para realizar actividades culturales

Meridiano V, Gambier, Romero, Abasto, Gorina, Ensenada. Cada uno de estos lugares, con sus diferencias y particularidades, tienen un pasado en común que los atraviesa en silencio: las vías en desuso del tren. Y con él, claro, las viejas estaciones que quedaron como única prueba de una realidad que ya no está. Algunas fueron convertidas en centros culturales o improvisadas sedes de agrupaciones vecinales. Otras, funcionan desde hace tiempo como precarias viviendas. Pero en todos los casos, ya sea donde pasaba el histórico Ferrocarril Provincial o donde paraban los vagones de la antigua línea Roca, la lucha parece la misma: no terminar bajo el olvido de los escombros.
Un estudio reciente realizado por especialistas en preservación del patrimonio arquitectónico, de hecho, vino a demostrar que de las 2.817 estaciones que hay en el país sólo el 30 por ciento mantiene el servicio, y que la gran mayoría de aquellas que están abandonadas se fue transformando con el correr del tiempo en viviendas, museos, centros culturales, jardines de infantes y hasta complejos deportivos.
En nuestra región, las que experimentaron el cambio hacia el lado de lo barrial fueron las de Meridiano V, Gorina y Gambier. En la primera funciona desde hace tiempo el centro cultural de la zona, aunque todavía ninguna autoridad pudo reacondicionar el histórico edificio de 17 y 71 como es debido y convertirlo así en un referente importante para la región, tal como pretende la gente desde hace años.
Allí, incluso, se habló en su momento de crear un museo de arte moderno y hacer de toda esa barriada una suerte de San Telmo platense. Pero nada. Los únicos que hicieron algo fueron los vecinos. Incluso fueron ellos quienes se encargaron, a través de talleres, encuentros y festivales, de rescatar el pasado ferroviario que tiene esa zona del sur de la Ciudad.
En el caso de la estación de Gorina la historia es otra pero parecida. Luego de que el tren dejara de pasar, el lugar fue usado como centro de encuentro por los vecinos y sirvió de escenario para más de un espectáculo barrial, similar también a lo que ocurrió en Gambier, donde la vieja estación se convirtió en un club de bochas para los jubilados de la zona.
Para Norberto Rosendo, sin embargo, secretario de la Comisión Nacional Salvemos al Tren, lo que ocurre hoy por hoy con estas legendarias edificaciones de nuestra región y el país "es un disparate, porque no se puede pretender que esos lugares sean museos o centros culturales. Es muy respetable la iniciativa de la gente, pero esas construcciones se levantaron con el propósito de que pasara el tren, y se debe luchar entonces para que el tren vuelva a pasar. Así de simple".
Como dándole la razón a Rosendo, los vecinos de Romero hace tiempo que persiguen ese reclamo. En su caso, la demanda tiene un motivo muy claro: la vieja estación del lugar, ubicada en 517 y 171, se está cayendo a pedazos desde hace meses, y algunos hasta temen que se pierda para siempre.
Ramón, un vecino del lugar que trabajó durante 25 años como auxiliar ferroviario en esa terminal, recordó que por allí "pasaban 25 trenes por día de la línea Roca que unían La Plata con Coronel Brandsen. La formación la usaba mucha gente que iba a trabajar a la destilería, y por ahí también se veían algunos crotos. Era muy común en aquellos años el paso de linyeras arriba de los trenes. Me acuerdo de uno que se subía en Romero cada dos por tres. Su único equipaje era un fardo pequeño y dos monos que llevaba siempre en cada hombro".
Lejos de aquella realidad, los días de la estación de Romero hoy están más cerca del derrumbe que del esplendor ferroviario que marcó al lugar hasta 1978, año en que pasó el último tren.
Pero no es el único caso. También pueden mencionarse las estaciones de Abasto, Hospital Naval, Circunvalación y Ensenada, las cuales lucen abandonadas y sumergidas en un profundo deterioro desde hace varios años, tantos que sus vecinos apenas recuerdan cuándo fue la última vez que las vieron coquetas y coloridas.
"Las estaciones tienen que servir para unir pueblos, son el complemento vital para el tren, por eso es inconcebible que estén como estén", dispara Rosendo, y agrega: "en la región del Gran La Plata hay cerca de diez estaciones ferroviarias en desuso, de las cuales la gran mayoría está ocupada por intrusos o totalmente en ruinas. Y las que no, fueron convertidas en centros culturales o lugares de encuentros vecinales, cuando su única finalidad es que por allí pase el tren".
No muy distinto es lo que piensa Ramón: "la estación representa todo. Allí pasé mi infancia y trabajé durante mi juventud. Es parte de la historia de todos los que vivimos en Romero, y es un despropósito que no se pueda hacer nada para recuperarla".

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