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| Siete de cada diez quinteros en crisis |
Dicen que el sector esta pasando por "el peor momento". Anuncian desabastecimiento
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| Aseguran que el fantasma del desabastecimiento
está a la vuelta de la esquina para los quinteros del Gran
La Plata |
Propietario de una quinta de cuatro hectáreas que produce pimientos y berenjenas en las cercanías de 66 y 197, Luis Giuliodori considera "muy probable" tener que resignar volumen de producción para la próxima cosecha, "porque hay invernáculos que no voy a poder renovar. Y otros que, si soplamos fuerte, los volteamos nosotros mismos. La plata no alcanza. Pero habrá que jugarse, y lo que salga, saldrá". Según se desprende de un informe elaborado por la entidad que nuclea a los horticultores locales, de cada diez productores, siete están al borde del colapso. Los que no están al borde del nockaut están "achicando" sus establecimientos, o trabajando en condiciones mínimas de subsistencia. "Se trata un momento por demás crítico", dicen desde la Asociación de Productores Hortícolas (APH), "que de no mediar un cambio en el estado de cosas, tendrá como consecuencia el desabastecimiento en varios productos". "La región ya está produciendo menos cantidad de hortalizas y de menor calidad que en años anteriores; en junio próximo empieza el ciclo de la cosecha 2003-2004, y muchos de nosotros no vamos a poder encararlo" explica Héctor Vázquez, titular de la APH: "otros sólo podrán intentar sembrar 'a campo'" -sin utilizar invernaderos- "y se sabe que es una lotería pendiente del clima". "A esta cosecha" -por estos días se está levantando tomate, pimiento morrón, pepino, berenjena, y lechuga- "se llega porque el año pasado se siguió invirtiendo a los tropezones mientras el dólar avanzaba, y se alcanzó a plantar" cuenta Vázquez: "pero para eso se vendieron campos, tractores, herramientas, camionetas, casas. Ahora la gran mayoría de los horticultores está sin capital de trabajo". Los dirigentes de los quinteros afirman que en el sector -se estima que al menos 35 mil personas están ligadas a la producción hortícola local- se empiezan a distinguir dos clases de productores cada vez más diferenciadas: los que, mal que mal, alcanzaron a sembrar dentro de las condiciones habituales, manteniendo calidad y volumen aceptables, y los que están de cara al abismo. Otros directamente, ya se dedicaron a otra cosa. "Es cada vez más habitual que quien tenga un campito de medianas dimensiones abandone las hortalizas y se dedique a plantar soja" asegura Daniel Rivas, secretario de la APH: "este fenómeno ya se empieza a ver en los alrededores de la Ciudad. Y eso va a repercutir pronto en falta de papa, cebolla, choclo o zapallo. Es más, esta tendencia ya se observa, por ejemplo, en el alto precio de la papa, que paradójicamente está cara para la gente mientras el productor local recibe los mismos precios por cajón". "Las plantaciones de choclo o de alcaucil no se han renovado: uno de los principales productores de la región abandonó el maíz y se volcó al sorgo; otro, pasó de 30 hectáreas de alcaucil a apenas 5". Los datos que entrega Héctor Vázquez aluden a una caída que puede medirse en décadas -hace 30 años había 1.500 productores, hoy son algo menos de 700- y se ha agudizado en la última temporada: con respecto a la cosecha pasada, hay un 35 por ciento menos de tomates y un 30 por ciento menos de pimiento, por citar sólo dos ejemplos. "Pensar que en 1984, cuando se abrió el Mercado Central, La Plata enviaba 100 mil cajones de tomate por día" recuerda Rivas, no sin cierta nostalgia: "ahora no se llega a la mitad, y para colmo las últimas cosechas no fueron buenas". Es que los productores platenses vienen de una temporada muy desfavorable, y no sólo por razones económicas: el clima no ayudó. Hubo exceso de temperaturas, luego un período de intensas lluvias, y luego otra vez marcas térmicas por encima de las normales. Según los especialistas, esa combinación es una de las peores para los cultivos, y puede arruinar casi toda la verdura de hoja sembrada "a campo". Claro que además del clima, tallan también las plagas. "La crisis hace que productores de otras regiones no puedan invertir en los insecticidas adecuados" explica Vázquez, "y está llegando a los mercados concentradores -hay mas de 300 en Buenos Aires- mercadería sin control desde Paraguay, Brasil y las provincias de Salta, Jujuy y Corrientes. Esto nos pone en riesgo de que lleguen plagas nuevas para nuestra región como la 'mosca de la cucharita' que serían devastadoras y harían desaparecer el tomate de la zona".
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