
|
| Una multitud rindió tributo a la Virgen de San Nicolás |
Más de 400.000 fieles se reunieron para celebrar el 20º aniversario de la devoción
 | |
SAN NICOLAS.- Unos 400 mil peregrinos llegados desde distintos puntos del país rindieron ayer un emocionante homenaje a la Virgen del Rosario, al cumplirse 20 años de la -según la creencia religiosa- primera aparición de su imagen en la ciudad de San Nicolás, situada a 270 kilómetros de la Capital Federal.
La ceremonia central, en la que se repitieron los pedidos de trabajo y salud, culminó ayer por la tarde con una suelta de cientos de globos con la imagen de la virgen frente al santuario, considerado uno de los principales centros de peregrinación de la Argentina.
El arzobispo de Corrientes, monseñor Domingo Castagna, que presidió
la multitudinaria misa, remarcó la "situación de extrema necesidad
que atraviesan muchos conciudadanos" y aludió a los gobernantes
cuando se quejó de las "promesas incumplidas y de la debilidad de
algunos proyectos que prometían ser exitosos".
Antes del acto principal, la imagen de María con su manto rosado, un rosario y el niño en brazos fue paseada dentro de un templete, en una procesión que recorrió las calles céntricas de la ciudad y el "campito" por donde la virgen hizo su primera aparición hace 20 años.
La vivienda de Gladys Motta, la vecina nicoleña a la que la virgen se le presentó por primera vez aquel 25 de septiembre de 1983, era ayer uno de los puntos obligados de parada de cientos de fieles, que le arrojaron cartas con pedidos y oraciones a través de las rejas.
Los feligreses dicen que la mujer -que sigue viviendo en el mismo lugar pero no se muestra en público- vio a la virgen y en más de una ocasión escuchó su voz, por lo que decidió volcar al papel los mensajes recibidos. En uno de ellos, María le pidió la construcción de un templo en la ciudad, la actual basílica aún en edificación.
BANDERAS CELESTES, BLANCAS Y ROSAS
A lo largo de diez cuadras, miles de mujeres, hombres y niños
saludaron a la virgen agitando banderas celestes, blancas y rosadas
-los colores de María-, que repartieron los organizadores de las
peregrinaciones.
Sólo unos pocos pudieron acercarse y tocar la caja de cristal que transportó a la virgen del Rosario, envuelta con rosas y claveles, hasta la basílica donde fue recibida por las autoridades eclesiásticas, al compás de una banda de música militar.
Durante dos días, un centenar de sacerdotes se mezclaron entre los peregrinos para escuchar ruegos y oraciones en improvisados confesionarios.
Las muestras de fe por los dones recibidos y las súplicas para remediar dolencias y falta de trabajo se repitieron a lo largo del día en las cerca de diez cuadras de colas que se formaron para ingresar a la basílica antes de la misa.
Los organizadores distribuyeron en dos filas a la gente, para dividir a los que pretendían entrar al santuario y los que se conformaban sólo con llevarse agua bendita en bidones que se ofrecían a un peso.
DESDE EL SABADO
Los promesantes comenzaron a llegar el sábado a San Nicolás
en procesiones de a pie y en ómnibus provenientes principalmente
de localidades del Gran Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Mendoza
y Corrientes.
La "fiesta" se inició con la tradicional "procesión con antorchas", siguió con la primera misa en el "campito" -con la presencia de Zamba Quipildor y Domingo Cura- y se extendió con las demás celebraciones.
Muchas familias acamparon en las adyacencias de la iglesia. Unos pocos en hoteles de la ciudad y localidades vecinas o en casas particulares que ofrecían servicios de baño, agua caliente y dormitorios.
La cantidad de vendedores ambulantes que aprovecharon la gran afluencia de personas fue considerada "excesiva" por las autoridades eclesiásticas y los peregrinos, que responsabilizaron al municipio local por permitirlo.
En las inmediaciones de la iglesia faltó agua durante la jornada de hoy debido a la gran cantidad que se consumió por el uso de baños y cocinas.
Decenas de policías de las localidades de Capitán Sarmiento, Pergamino y San Pedro fueron enviados a San Nicolás como refuerzo para custodiar a los feligreses durante las procesiones.
Cada dos cuadras se apostó a un agente que recomendaba a las personas vigilar sus pertenencias después de detectar algunos robos aislados de carteras y billeteras.
|
|