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| Control del agua en escuelas y hospitales |
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Un proyecto de ley por el que se impulsa "la obligatoriedad
en la provincia de Buenos Aires de la limpieza de tanques proveedores
de agua potable con una periodicidad no mayor de seis meses, en
hospitales y en establecimientos educativos de todos los niveles
sean públicos o privados", tomó estado parlamentario durante los
últimos días en el Senado bonaerense.
La iniciativa, presentada por el titular de la bancada de senadores
provinciales del Frente Grande, Pedro Courtial, y que también propicia
que semestralmente, "se verifique" la "perfecta hermeticidad de
los depósitos de agua en esos establecimientos", fue girada por
el legislador de Pergamino a las autoridades educativas de la Provincia
y de la Nación, "para que la consideren como política a aplicarse
en los inmediato".
En diálogo con EL DIA, Courtial dijo que "la idea de poner en marcha
de manera urgente un sistema de control y prevención en los establecimientos
educativos y de salud, surge en el marco de una fuerte polémica
que está instalada públicamente desde hace tiempo relacionada con
las 'dudas' sobre la potabilidad del agua de consumo corriente en
varios distritos de la provincia de Buenos Aires y que se reflejan
en la innumerable cantidad de quejas y demandas realizadas por usuarios
del servicio".
La propuesta apunta además a establecer la obligatoriedad de realizar
bimestralmente, un control sobre las condiciones de potabilización
del agua en escuelas y centros asistenciales, con determinaciones
químicas, bacteriológicas y físicas, para detectar la posible presencia
de contaminantes microbiológicos, metales pesados, hidrocarburos
y PCB.
En los fundamentos del proyecto, Courtial puntualizó que "el derecho
al agua potable es una condición fundamental para garantizar la
salud y una aceptable calidad de vida. El agua de buena calidad
posibilita la salud, ya que el agua contaminada provoca numerosas
enfermedades, como la fiebre tifoidea, la disentería, el cólera,
la gastroenterisis, la diarrea, la hepatitis A y B, entre otras,
que pueden poner en riesgo la vida de las personas que la hayan
consumido".
"Se ha comprobado que las enfermedades transmitidas por el agua
son más peligrosas para los niños, porque afectan su estado de nutrición
y consecuentemente, sus capacidades para el crecimiento y desarrollo
normales, lo que disminuye además sus defensas contra enfermedades
de mayor complejidad", agregó el senador.
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