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22 de Enero de 2004


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Ilo Krugli, renovador del teatro para chicos

El teatrista argentino Ilo Krugli, arraigado en Brasil desde 1961, es el fundador y director de Ventoforte, uno de los grupos de teatro independiente más convocantes de San Pablo, y un profundo renovador del teatro para chicos.

De visita ahora en su país natal, Krugli, protagonista de una vida plena de aventuras, se alejó de la Argentina en 1959 para recorrer América latina, hasta que tres años después se afincó en Brasil sin renunciar a periódicos viajes por países europeos y americanos.

"Estuve en Chile durante el último año del gobierno del presidente Salvador Allende -comentó el artista-, dirigiendo el grupo de teatro Manos en el Museo de Bellas Artes, hasta que de pronto se vino, por así decirlo, el terremoto".

Todavía conmovido a pesar del tiempo transcurrido, Krugli reconoció que "en todos los países de América latina hubo golpes de Estado, pero lo que pasó en Chile en el '73 yo no lo había visto nunca y espero no verlo más".

Con su vida seriamente amenazada, pudo salir de Chile gracias a la protección de la Cruz Roja Internacional, a pesar de lo cual sostiene convencido que "me salvé porque en el Brasil había mucha gente rezando. Yo aquí no era tan creyente pero aprendí a serlo".

Actor, director, artista plástico y autor, los espectáculos generados por Krugli tienen una cierta sofisticación y una notable influencia del arte popular brasileño y de América latina, así como una presencia musical muy fuerte.

El grupo Ventoforte lleva ya 30 años de existencia y marcó rumbos en el lenguaje del teatro para chicos con obras que hablan de la libertad, de la lucha por una vida mejor o de la construcción del futuro, basándose en textos de autores como Federico García Lorca o Víctor Hugo.

El espectáculo "Siete corazones, poesía rasgada", por ejemplo, se basaba en fragmentos de poesías de García Lorca, con un gran despliegue escénico que involucraba activamente a los espectadores.

En el transcurso de la acción se producía la persecución y asesinato de los poetas en manos de los soldados. Pero no todo era dolor y muerte ya que los poetas volvían a la vida cuando los chicos se acercaban a decirles poemas al oído o cualquier cosa que se les ocurriera para infundirles deseos de vivir.

"Recuerdo que un chico de 8 ó 9 años -evocó el artista- estaba luchando con un soldado y le dijo 'ustedes no pueden matar a todos los poetas porque no se puede matar a los poetas que todavía no han nacido'. Después tomé esa frase como una de las consignas del espectáculo".

Es así que al comienzo de la función, en el amplio predio que el grupo ocupa en una de las zonas más cotizadas de la ciudad brasileña de San Pablo, al aire libre, rodeados de las moles de cemento de la gran urbe, Krugli incluyó una introducción para situar a los chicos en el contexto de la obra.

"Ven las ventanas de todos esos edificios? -les preguntaba-. En esa ciudad murieron hoy no sé cuántos niños, se cayeron cientos de hojas de los árboles y se marchitaron otras tantas flores. Pero no se preocupen, porque en algunas de esas ventanas en este momento está naciendo algún chico, volverán a brotar las flores y se renovarán las hojas de los árboles".

En la década del 70, en plena represión, puso en escena en Brasil "Historias de pañuelos y vientos", que dividió las aguas del teatro para niños. "Hablamos de libertad y de afectividad, pero nos preocupamos de hacerlo a través de un teatro que no es impostado", aseguró.

Eran años de mano dura y en escena aparecían infinidad de pañuelos a los que el rey hacía apresar y ponía en una caja, pero ésta se elevaba y, desde lo alto, iba dejando caer los pañuelos. "Era una escena muy fuerte para los argentinos", reconoció el teatrista.

"En mis obras juega mucho la idea de muerte y renacimiento, así como el imperativo de la lucha -reconoció Krugli-. Me parece que son parte de la vida misma. Siento que todos los días, al despertar, tenemos que respirar hondo y volver a empezar todo".

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