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Recién en el tercer set pudo quebrar a Mónaco, la revelación
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| El gesto de festejo del mago Coria |
"Por suerte la cosa va a ser puntual hoy. Si Coria le va a ganar tan fácil a Mónaco que hasta vamos a tener tiempo para mandar los materiales bien temprano", le decía un periodista a su colega, menospreciando, quizá, las condiciones del chico que quería coronarse príncipe del torneo de Buenos Aires, donde ayer se disputaron los cuartos de final. Pero se equivocaron, a Guillermo Coria le costó más de dos horas vencer la resistencia de Juan Mónaco, y sólo pudo quebrar su resistencia en el tercer set, derrotándolo por 7-6 (10-8), 3-6 y 6-1, dando un paso más hacia las semifinales del torneo y hoy enfrentará al francés de 17 años, Richard Gasquet, que venció 6-3, 4-6 y 7-5 al chileno Nicolás Massú.
Por fin apareció el calor de la gente, que alentó sin parar a Willy y a Mónaco, que se trajo una barrita de chicos que, inclusive cantaba cuando alguno de los dos estaba a punto de sacar.
Mónaco le jugó de igual a igual, sin ningún tipo de complejos y presiones, moviendo a su encumbrado rival hacia los costados, acertando todo lo que intentaba y empujado por los cánticos de "¡Y dale Pico, dale, dale Pico!".
Coria, en tanto, sorprendía con su falta de actitud para ir a buscar los puntos. Se quedaba en el fondo, devolviendo y esperando que el chico de Tandil se equivoque, cosa que ocurrió pocas veces. No había aliento para él, sólo unos tibios aplausos cada vez que lograba meter un golpe ganador.
Así y todo, Willy se las ingenió para llegar al tie-break. Cuando Mónaco quedó 5-1 ya no había exclamaciones de sorpresa. Las 6.000 personas observaban de la misma manera que se asiste al nacimiento de una estrella. El pibe corría, metía, pegaba y ganaba. Hasta se puso 6-4. Pero de golpe se dio cuenta que, enfrente suyo estaba alguien que le ganó a Agassi en Roland Garros, alguien que se midió con casi todos los más grandes del mundo, y que él mismo está dentro de esos grandes. Entonces, se le aflojó el brazo, o mejor dicho, comenzó a jugar "con un diario abajo del brazo", puesto que no podía despegar el codo del cuerpo.
Parecía que se terminaba el partido, algún "dale Guille" empezaba a descender de las tribunas repletas, pero duró poco: Mónaco siguió dominando y, en este parcial, no se equivocó, logró dos quiebres y empató el partido. La locura del público, que saludaba al nuevo aspirante a ingresar a la Legión Argentina, y que quería más emoción.
SE GANO A LA GENTE
Tal vez algún día Mónaco se dé cuenta lo que hizo. Más allá
de ganarles a Lapentti y Chela y hacerle partido al Nº 4 del mundo,
le robó la simpatía de la gente por Coria. Tuvo más carisma que
él a la hora de las preferencias y, cuando Willy salió más decidido
a tomar la iniciativa y a dar pinceladas de su toque mágico, definiendo
el partido con un 6-1 que, de ninguna manera reflejó lo que fue
el encuentro, los gritos y cánticos sólo alcanzaron a equipararse.
Nunca tuvo Coria, en ese ítem, ventajas sobre su rival. El carisma
del tandilense será un punto a tener muy en cuenta en el futuro,
si es que, en algún momento, llega a insertarse en los primeros
planos del ranking, cosa que creemos que puede lograr. Tiene "chapa"
y tiempo de sobra para llegar. Buenos Aires (¿qué mejor lugar?)
fue testigo de su despegue. El público, que de a poco empezó a familiarizarse
con este chico, ya sabe de quién se trata. Ahora su futuro depende
de él.
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