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| Angustia por el aterrizaje de emergencia de un avión |
Perdió una rueda. Salió de Aeroparque y aterrizó en Ezeiza. Todos ilesos
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Momentos de angustia y de tensión se vivieron ayer cuando un avión de la empresa Austral debió realizar un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto internacional de Ezeiza, tras desprendérsele una de sus ruedas delanteras, cuando llevaba 151 pasajeros a bordo y una tripulación de siete personas.
La pericia del piloto del avión McDonell Douglas MF 83, permitió que ninguno de sus ocupantes sufriera heridas, pese a que debió realizar un aterrizaje forzoso en Ezeiza, luego de haber salido del aeroparque metropolitano "Jorge Newbery", en dirección a la ciudad de Iguazú.
ACCIDENTADO DESPEGUE
El vuelo 2734 despegó de aeroparque a las 12.55, pero cuando
estaba despegando, perdió la rueda izquierda del tren de aterrizaje
trasero, hecho del que los pilotos se percataron enseguida, alertados
por las torres de control de Ezeiza y del "Jorge Newbery".
Mientras el avión ganaba altura, y como una triste coincidencia del destino, la rueda que se desprendió del tren de aterrizaje quedó donde el pasado 31 de agosto de 1999 se estrelló el avión de la empresa LAPA, en el que murieron 70 personas.
La rueda, de gran porte, rompió parte de la cerca metálica del perímetro del aeroparque -de dos metros de altura-, y tras rebotar dos veces por la avenida Costanera por delante de los autos que circulaban por el lugar, terminó su carrera en el Campo de Golf de Punta Carrasco, en un grupo de arbustos.
Las autoridades aéreas le indicaron al piloto del avión que realice varios sobrevuelos por la zona de Ezeiza, para que perdiera la mayor cantidad de combustible posible, y así preparar el aterrizaje forzoso, lo que se produjo una hora y veinte minutos luego del despegue, a las 14.25.
EL ATERRIZAJE
En ese sentido, el avión estuvo dando vueltas en el aire durante
algo más de una hora -el tiempo estipulado para llegar a Iguazú-,
mientras que se cancelaron todos los vuelos y así se permitió que
el aparato pudiera tocar tierra.
La destreza del piloto Eduardo Perrotta, quien previamente hizo un vuelo rasante cerca de la torre de control para que pudieran observar qué rueda se había desprendido, fue vital para evitar una tragedia. El avión utilizó la pista número 11 para aterrizar, en una maniobra arriesgada, ya que en determinado momento una de las alas tocó tierra, mientras que el aparato continuó su carrera, con riesgos de iniciar un trompo.
Durante la maniobra, el avión perdió la otra rueda del mismo sector, y así continuó algunos metros más, hasta concluir su recorrido varios metros más adelante, sin que ninguno pasajero o personal de la tripulación resultara herido.
"No hubo pánico y tampoco implementamos cuestiones raras, sino que seguimos los pasos que indican los manuales en este caso", comentó el comandante Perrotta, en una conferencia de prensa que realizó en el aeropuerto de Ezeiza.
En tanto, sostuvo que fue la torre de control de aeroparque el que los alertó de la pérdida de la rueda, ya que ningún dispositivo electrónico de la nave les indicaba la falla mecánica.
"Nos hubiéramos enterado en Iguazú que nos faltaba una rueda, si no nos avisaban desde aeroparque", comentó Perrotta, quien estuvo acompañado por su copiloto Ernesto Rolandelli.
Los pasajeros eran un su mayoría extranjeros, entre los que se encontraban árabes, israelíes, estadounidenses y también argentinos.
El vocero de la empresa Aerolíneas Argentinas Austral, Julio Scaramella, explicó al periodismo que los pilotos "están entrenados y practican en los simuladores de vuelo, para afrontar este tipo de situaciones".
Los pasajeros fueron llevados a una sala VIP de Ezeiza, para luego ser trasladados hasta el aeropuerto metropolitano en ómnibus, en donde se dispuso que sean embarcados en otro vuelo hacia Iguazú.
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