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| "Sólo traté de evitar que hirieran a un pasajero" |
Lo dijo el policía platense que fue salvajemente golpeado en el micro de Costera
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| Mariano Bruno, que es agente de
la Policía bonaerense, fue brutalmente agredido por los delincuentes
que asaltaron el colectivo de la empresa Costera Metropolitana
en la Autopista La Plata-Buenos Aires. |
"En un momento pensé que me iban a matar y que daba la vida por los demás". Mariano Bruno, un platense de 26 años y que desde hace pocos meses es agente de la Policía bonaerense, intenta recuperarse de la pesadilla en la que quedó envuelto con otros 46 pasajeros que anteayer viajaban en un micro por la Autopista La Plata-Buenos Aires.
En el mismo colectivo, que había partido de Retiro con destino a nuestra ciudad, se habían mezclado cuatro delincuentes que encañonaron al chofer al pasar el peaje de Dock Sud y después empezaron a los gritos. Mariano, que vestía el uniforme reglamentario, dice que nunca se va a olvidar de ese momento. "Un hombre que había subido conmigo se levantó del asiento y fue hasta la cabina del chofer y después tomó de rehén a un pasajero que estaba adelante. Le pasó un brazo alrededor del cuello y lo trajo hasta el medio del micro con el caño de la pistola en la cabeza", recordó.
Por instinto, lo primero que hizo el policía fue apoyar su mano sobre la pistola 9 mm que llevaba a la altura de la cintura. Pero en ese momento dice que lo frenó su conciencia. "No podía poner en riesgo a los demás. No quise dispararle al delincuente porque podía producirse una balacera adentro del micro y herir a gente inocente", explicó.
El asaltante le clavó la vista al policía que tenía delante y le gritó "¡No te hagas el héroe vigilante de cuarta porque te mato a vos y a todos!". En esas circunstancias, otros tres hombres que viajaban en distintas partes del micro saltaron de sus asientos y exhibieron las armas que hasta ese momento escondían entre sus ropas.
La capacidad del colectivo estaba completa. Entre los pasajeros había una mujer embarazada y varios jóvenes, quienes por trabajo, compras, paseos o negocios viajan a diario a la capital federal. "Había gente que gritaba y estaba muy nerviosa por lo que estaba pasando. A mí me dijeron '¡Quedate piola porque te quemamos y esto va a terminar en una carnicería!". Me denigraron, me putearon, me dijeron de todo por ser policía".
Los delincuentes le ordenaron Mariano que levantara las manos para poder sacarle el arma. Después, lo hicieron arrodillar y le taparon la cara con una campera negra. Enseguida le dieron golpes y patadas por todo el cuerpo. "En ese momento ya estaba jugado, realmente pensé que me mataban. Cerré los ojos, me acordé de todas las personas que quiero".
El policía dijo que pensó que debía hablar con los asaltantes para que no lastimaran a nadie. "Mi primera reacción fue tratar de calmar a todos y evitar como sea que le pasara algo grave a un civil. Mi única prioridad fue salvar la vida de los demás. Les dije a los delincuentes que se iban a arrepentir de lo que estaban haciendo. Trataba de distraerlos para que no lastimaran a nadie". Pero los delincuentes respondieron con golpes cada intervención del efectivo hasta que, una vez que lograron su propósito, decidieron bajarse del micro.
Fue un golpe calculado. Después de sacarles dinero, relojes, anillos y teléfonos celulares a todos los ocupantes, los delincuentes obligaron al chofer del interno 155 de la empresa Costera Metropolitana a detener la marcha frente a la villa "El Matadero" que se encuentra justo a la altura de la planta de Aguas Argentinas. Luego salieron corriendo, se alejaron de la autopista y se internaron entre las calles de barro.
Fue un final con suerte para el dramático asalto que había empezado cuando los cuatro delincuentes saltaron de los asientos del micro y convirtieron el viaje en una pesadilla. El ataque que mantuvo en vilo a todos los pasajeros se extendió por más de diez minutos cargados de angustia y desesperación.
Mariano Bruno trabaja como policía desde hace pocos meses, luego de recibirse de agente en la escuela "Rosendo Matías", ex Dantas, que está ubicada en el camino Centenario en el Parque Pereyra Iraola. Su primer trabajo fue en el Operativo Sol, en la Costa Bonaerense. Y desde hace poco tiene que viajar unos 110 kilómetros que separan su casa de su nuevo lugar de trabajo, la subcomisaría Delta, en el partido de Tigre. Anteayer volvía de cumplir una guardia en ese lugar cuando fue atacado por los delincuentes.
"Siempre quise ser policía por vocación. Mi intención siempre fue estudiar para llegar a ser oficial. Pero ya estoy impedido por la edad", contó el efectivo, que es el menor de tres hijos y está de novio. Por su labor, gana unos 500 pesos mensuales.
Al ser consultado si se sentía un héroe por haber logrado que otros personas que estaban en peligro salieran ilesas, el policía responde con humildad. "No sé si soy un héroe. Sólo hice lo que tenía que hacer. Traté de evitar que alguien saliera lastimado en todo esto. Y por suerte llegamos todos sanos y salvos", concluyó.
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