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| Quién controla los alimentos que consumen los platenses |
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| Se calcula que en la Argentina ocurren
1,8 millón de incidentes alimentarios por año, y hace poco la
Unión Industrial Argentina denunció que el 50 por ciento de
la carne que ingresa a La Plata no pasa por la verificación
bromatológica. |
Especialistas en higiene y salud alimentaria coinciden en que el sistema de control es obsoleto e insuficiente. En la región hay 15 inspectores bromatológicos para casi 5 mil bocas de expendio de comestibles. Por año, el Hospital de Niños atiende más de 550 casos de intoxicación por contaminación o adulteración de alimentos.
Primero dudó, después no lo pudo creer y por último sintió una mezcla de asco, impotencia y bronca que no se le podía apagar. Para Antonio Aguilar, aquel 20 de mayo será difícil de olvidar por un episodio desagradable: antes de abrir una botella de gaseosa, pudo ver cómo flotaba en su interior una toallita femenina. "No puede ser", se dijo. Pero al cabo de unos segundos, al vaciar el envase, Antonio supo con estupor que lo que tenía delante de sus ojos era un hallazgo tan asqueroso como cierto. El caso, ocurrido en Villa Elisa el año pasado, derivó en una denuncia en la Fiscalía General de La Plata contra la empresa que embotella el producto, aunque hasta el día de hoy nadie pudo explicar cómo fue que terminó una toallita femenina en una botella de gaseosa.
El sistema de control de los alimentos en nuestra región está rodeado de más dudas y sospechas que de profundas certezas. ¿Hay garantías sobre lo que comemos? ¿Se cumplen las normas sanitarias con rigor? ¿Todos los alimentos que se consumen pasan por los exámenes que garantizan la buena calidad del producto?
Vayamos por parte: mientras que a los establecimientos agrícolas y ganaderos que producen carnes, frutas y verduras los fiscaliza el SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria), quienes exportan o importan sus productos deben someterse además al control del INAL (Instituto Nacional de Alimentos). Las bocas de expendio de alimentos -como supermercados o restoranes- son habilitados por cada Municipio, encargados también de inspeccionar que se cumplan con las normas de sanidad y calidad de la mercadería que se vende.
En La Plata, la Comuna local realiza los controles bromatológicos en el Mercado Regional, donde por día ingresan unos diez camiones de verdura y todos los meses se recibe más de un millón y medio de kilos de carne y cerca de 300 mil unidades de pollo. ¿Alcanzan los controles municipales para verificar todo? Para Diego Sánchez Viamonte, director de Fiscalización Sanitaria del Municipio, "sería bueno tener más inspectores, sobre todo en la calle. La situación está controlada, pero tener todo absolutamente verificado es muy pero muy difícil".
En este caso, a decir verdad, un buen sinónimo para la palabra difícil sería el término imposible. ¿El motivo?: la Comuna cuenta con apenas 15 inspectores bromatológicos para controlar unas 5 mil bocas de expendio de alimentos.
"Los controles de los alimentos nunca son suficientes", opina Roberto Vidal, a cargo del programa de salud ambiental del ministerio de Salud bonaerense y titular del área de Seguridad e Higiene Alimentaria de la Comisión de Salud de Cáritas La Plata. Según su visión, si bien la situación en nuestra ciudad no es caótica, se debe recordar que "La Plata tiene el triste privilegio de haber sufrido enfermedades crueles que en otros distritos no se han dado con tanta intensidad, como fue el caso del Síndrome Urémico Hemolítico. No hay que estar alarmados, pero sí preocupados".
Y la preocupación de Vidal no es exagerada. A los casos de carne
contaminada que se conocieron el año pasado en nuestra región, hay
que sumarle un dato por demás llamativo: de las 9.800 intoxicaciones
que se presentaron en un año en el Hospital de Niños de La Plata,
casi el 6 por ciento fueron causadas por la contaminación o adulteración
de alimentos.
Ahora bien, ¿qué es un alimento de buena calidad? Aquel que cumpla con los requisitos del Código Alimentario Argentino, una ley de 1971 que establece parámetros nutricionales, higiénico-sanitarios y sensoriales. Si esto no se cumple, la comida puede causar enfermedades como el Síndrome Urémico Hemolítico o el botulismo. Sólo las más graves conducen al hospital y generan denuncias en los organismos de control, algo que termina relativizando la verdadera magnitud del problema.
Para Graciela Peterson, bioquímica a cargo del PROPIA (Programa de Prevención del Infarto en la Argentina) de la Universidad local, no hay dudas de que el mecanismo de control de los alimentos "es obsoleto", y fundamenta esto en una razón de peso: "Es un sistema que se basa en la buena fe. Quien quiera introducir un alimento en el mercado, sólo debe presentar una declaración jurada con los componentes del producto, los cuales deben figurar en el Código Alimentario. Pero después nunca más se lo audita para ver si los componentes son ciertos o si fueron modificados con el paso del tiempo".
Tras comentar que en esta arquitectura de controles "falta equipamiento e infraestructura", la especialista de la UNLP detalla además que cuando se detecta un producto en mal estado "casi siempre es por alguna denuncia de los propios consumidores, lo que da la pauta que descubrir productos adulterados termina siendo una cuestión azarosa".
Si bien no hay cifras oficiales, se calcula que en la Argentina ocurren 1,8 millón de incidentes alimentarios por año, y hace poco la Unión Industrial Argentina denunció que entre el 40 y el 50 por ciento de la carne que ingresa a La Plata no pasa por la verificación bromatológica municipal. Según Sánchez Viamonte, que desmiente esta acusación, los alimentos que ingresan y circulan en nuestra región "están controlados, aunque no se puede tener una verificación cabal de todo ni inspeccionar local por local".
En la madeja de inconvenientes que enturbian la seguridad e higiene de los alimentos, sin duda que un párrafo aparte merece la situación en los comedores comunitarios, donde nadie -ni autoridades provinciales ni municipales- realiza controles periódicos sobre lo que comen las personas de bajos recursos. "Es cierto que no hay controles en los comedores", reconoce Sánchez Viamonte, aunque se preocupa en aclarar que la mercadería que allí se recibe "es apta porque ya pasó por alguna verificación".
Desde el área de Seguridad Alimentaria de Cáritas, sin embargo, Roberto Vidal sabe que los comedores infantiles están "descuidados" por el Estado. Para él, incluso, "habría que jerarquizar con más infraestructura a los inspectores bromatológicos. De lo contrario, tener un buen control se hace difícil". Lo dice, aventura algo para sus adentros y después se corrige: "O más que difícil, casi imposible".
Informe: Facundo Báñez
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