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Martes 17 de Agosto de 2004


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Estudiantes: la misma película con otro libreto
Sensaciones encontradas tras el debut

ANALISIS
Por ANIBAL GUIDI

Reinaldo Carlos Merlo junto a su ayudante de campo René Daulte. Ambos observan parados el partido desde el banco de suplentes.

Quedaron sensaciones encontradas tras el empate (1-1) del domingo en 57 y 1. Está claro que Estudiantes perdió dos puntos clave ante un equipo modesto que asomó por primera vez en primera división. Hubo quienes quedaron conformes con el rendimiento del equipo. Los hubo que fueron críticos para con él. Algunos cuestionaron los cambios que ensayó Merlo en el segundo tiempo y que arrimaron mucha confusión en el andar del conjunto, y otros, ante la falta de contundencia que mostró Estudiantes, comenzaron a preocuparse porque los goles que han aportado últimamente los titulares el domingo ante el equipo de Tres Arroyos han sido muy magros.

Si se lo compara con el Estudiantes que jugó los dos amistosos de pretemporada, claro que lo realizado ante Huracán fue positivo, hasta que su técnico cambió la figura del equipo (el 3-3-1-3 del arranque pasó a un cauteloso 4-4-2). Pero aún así, con un solo punta (Maggiolo), pudo haber definido el partido de contragolpe, y una victoria albirroja no hubiera estado para nada reñido con la justicia.

A simple vista a este equipo le falta un caudillo. Alguien que sirva de catalizador de tanto esfuerzo y tanta juventud y lleve a su equipo hacia adelante. Como en esos conjuntos de guitarras, en donde hay quienes acompañan y está el que puntea, pues a este equipo le falta esto último, un patrón, un eje, alguien que grite, mande y empuje.

Ahora, si nos atenemos a la efectividad, de ocho o nueve situaciones claras de gol que generó el local acertó una sola en la red, vía Pavone; la visita, de dos convirtió una, a través de Galván, por lo que lo suyo, en ese aspecto, trepó a un positivo 50%, superior al de Estudiantes.

Lo mejor del local pasó por esa actitud de juntar a los que más saben con la pelota. El hecho de que Sosa se moviera con cierta libertad, sus encuentros con Benítez y Carrusca posibilitaron que Estudiantes marcara diferencias futbolísticas a su favor, pasara a ganar y se mostrara confiable en líneas generales.

Pero después comenzó a claudicar en la definición, y no pudo doblegar a un adversario que se manejó con mucha solidaridad, disciplina y orden. Además, en desventaja, éste nunca se dejó ganar por los nervios y siguió apostando a una misma forma de juego, cosa que no hizo Estudiantes.

Cuando su equipo comenzó a desperdiciar oportunidades frente al arco de Pardal, seguramente Merlo habrá pensado que lo mejor pasaba por cambiar el dibujo del equipo y, como Huracán se venía, se lo podría sorprender con algún contragolpe.

Y allí estuvo el gran pecado que cometió el entrenador. De local, Estudiantes, este Estudiantes necesitado de puntos, no puede transformarse en tan especulador ante un rival claramente inferior. Entonces, no se entiende cómo plantó en el fondo a cuatro jugadores que son centrales, y cómo maniató a los volantes en funciones que no le son propias o conocidas.

Para colmo, cuando empató la visita, los últimos diez minutos los tuvo que jugar con un solo punta (Maggiolo) que vuelve de una lesión y que se mostró lento para resolver en los últimos metros.

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